Secundarios de lujo

19 / 01 / 2018 José Manuel Gómez 
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La selección quiere ganar su segunda estrella.

El gol de Iniesta en Sudáfrica 2010 valió para ganar el primer mundial del fútbol español. Fue la culminación de una idea estética, la del toque. A España daba gusto verla jugar, tanto como al Brasil de Pelé, a Holanda cuando era la naranja mecánica de Cruyff. Aquella fue una revancha frente al gran valor de nuestro fútbol, la furia, esa que nos servía para llegar a cuartos de final y perder.

Pero vamos cortos de héroes, Iniesta en el Barça es un ayudante de cocina, el tipo que hace las croquetas como nadie pero los goles los marcan otros que hacen más caja en el banco y en los medios.

Tenemos un entrenador, Julen Lopetegui, que ha heredado la sensatez de Vicente del Bosque. Luis Aragonés fue el que sentó en 2008 a la última gran estrella del equipo (Raúl) y formó un gran conjunto. Tiene gracia, además, que fuera uno del Atlético de Madrid (qué manera de palmar, según Sabina) el que superó el mayor de los miedos posibles, el miedo a ganar. Aragonés y Del Bosque contaban con un director de orquesta, Xavi, que consiguió, para la fortuna de España, lo que todos los circos temen: que crecieran los enanos.

El éxito de 2010 se conjugó con la crisis económica y tuvo un efecto inesperado. España empezó a exportar futbolistas como si fueran jamones pata negra y eso fue una lección de orgullo y humildad. Como miles de compatriotas, los futbolistas hicieron las maletas y se buscaron las lentejas en el extranjero. Así que media selección vuelve a casa por Navidad, empezando por el portero.

El único debate, aparentemente resuelto por Lopetegui, se sitúa en el centro de la defensa y tiene más de simbólico que de futbolístico: el eje Ramos/Piqué que ha trascendido la tradicional inquina Madrid versus Barça para pasar a la grada y sopesar en qué bandera gustan de envolverse los seguidores de cada cual.

A España le ha tocado un grupo fácil. Pero nada es más incómodo que bregar con los vecinos, esos que te conocen al dedillo, esos que están al otro lado del tabique y saben a qué hora te acuestas y con quién. Por un lado, Portugal, el equipo de Cristiano Ronaldo, vigente campeón de Europa. Por el otro está Marruecos, pendiente de si juega con ellos Munir (otro producto de la emigración) al que Del Bosque le hizo la puñeta al jugar 13 minutos con España. El grupo es mortal porque un tropiezo con Irán o Marruecos sería la muerte para lo que queda de leyenda en esta selección de secundarios de lujo. Aquí es cuando debemos recordar que a falta de estrellas multinacionales, como Messi o Cristiano Ronaldo, tenemos una selección de cine con Pepe Isbert, Fernán Gómez, Paco Rabal, Luis Tosar o Javier Bardem. El lector puede cambiar al actor por un futbolista de su elección (Lopetegui ha llamado a 45 para clasificarse) cualquiera de los imaginados puede valer como estrella protagonista y seguro que se luce en lo más alto de la cartel, pero si este equipo quiere ganar... Lopetegui tiene que dirigir una película coral.

José Manuel Gómezcolaborador de Tiempo

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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