La sombra de Rajoy
El diplomático Jaime González es el ayudante más cercano del presidente del Gobierno. Le acompaña a todos los actos y es el encargado de despertarle por la noche en caso de emergencia.
Desde hace dos años aparece detrás de Mariano Rajoy un joven recién entrado en la treintena que siempre le acompaña allí donde va el jefe del Ejecutivo. Más de uno lo ha confundido a simple vista con uno de los guardaespaldas del presidente, pero su verdadero cometido es el de ayudante. Un puesto que, por primera vez en democracia, ha recaído en exclusiva sobre sus hombros.
¿Quién es esta sombra de Rajoy? El ayudante en cuestión se llama Jaime González Castaño, uno de los últimos opositores en acceder a la carrera diplomática –ingresó en la promoción de 2010– y que fue elegido por el jefe de Gabinete del presidente, el también diplomático Jorge Moragas, después de un proceso de selección en La Moncloa entre una decena de candidatos. Este cargo es sumamente delicado ya que el elegido debe pasar la mayor parte del día junto al presidente, incluso durante el tiempo libre o los periodos de vacaciones, de modo que al final se convierte en un miembro más de la familia del jefe del Ejecutivo.
González Castaño mantiene abierto un perfil en las redes sociales en el que se puede conocer su trayectoria académica y profesional, pese a que la discreción es una de las señas de identidad de este grupo de personas que han pasado por La Moncloa. Estudió en la Universidad Pontificia de Comillas y luego cursó programas de posgrado en la Universidad norteamericana de Georgetown y en la alemana de Gotinga. Tras superar las duras oposiciones a diplomático a mediados de 2010, pasó cuatro meses de aprendizaje en la embajada española en Sarajevo (Bosnia) y un trimestre más en la Subdirección General de Seguridad del Ministerio de Asuntos Exteriores.
Su siguiente destino fue dentro del departamento de Protocolo del Ministerio, concretamente en el área de viajes y visitas oficiales, donde permaneció hasta abril de 2012. Fue este puesto el que le catapultó al de ayudante del presidente, aunque oficialmente se le incluya dentro del organigrama de La Moncloa como “vocal asesor de Presidencia de Gobierno”.
La decisión de Moragas.
La novedad de esta legislatura es que solo hay un ayudante acompañando a Rajoy, en vez de los tres que siempre ha habido desde los tiempos de Adolfo Suárez hasta el final de la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero. Fue una decisión personal de Moragas “por motivos presupuestarios”, según confiesa a Tiempo.
El actual jefe de Gabinete de Rajoy es la persona más poderosa del entorno del presidente, hasta el punto de que se ha convertido en la voz más escuchada por este para hacer frente al secesionismo catalán. Moragas conocía muy bien el engranaje de La Moncloa ya que durante la etapa de José María Aznar fue el subdirector de Gabinete, a las órdenes de Javier Zarzalejos, y tras convertirse en la mano derecha de Rajoy decidió reducir a un tercio el número de ayudantes. La solución para que González Castaño no acabase fundido en un trabajo que abarca los 365 días del año fue asumir él mismo y el gabinete telegráfico parte de las tareas que hacían hasta entonces los anteriores ayudantes del presidente.
¿De qué cometidos se trata? Básicamente, acompañar al presidente las 24 horas del día en funciones de lo más variado. Cuando el presidente está en La Moncloa es la persona a la que llama para cualquier gestión telefónica o administrativa que tenga que hacer. Si no, cada poco tiempo, es el ayudante quien le traslada la información y las llamadas que haya recibido. Muchas veces el presidente desconoce algo y es él quien se lo comunica. Los fines de semana, curiosamente, es cuando más trabajo tiene porque no hay nadie en Moncloa y él tiene que asumir toda la labor de apoyo.
Durante la jornada laboral, el contacto es continuo entre el asistente y el Gabinete o la Secretaría General de Presidencia, así como con la secretaria particular del presidente. Pero su trabajo no acaba ahí. Una vez que el jefe del Ejecutivo sale de su despacho, González Castaño le acompaña al edificio donde vive con su familia. “Muchas veces cuando te encuentras allí eres la única persona con la que está, al margen de su mujer e hijos, de modo que recibes instrucciones del resto de servicios y de las personas que necesitan hablar con él”, relata bajo condición de anonimato una de las personas que desempeñó este cargo en La Moncloa en el pasado.
Las dependencias privadas del presidente y su familia se encuentran en la primera planta del edificio, mientras que en la planta baja hay una estancia destinada para el ayudante. Tiene las dimensiones de una habitación de hotel espaciosa, con cama y baño incluido, y una mesa de trabajo en la que hay varios teléfonos donde se reciben llamadas. Cuando de noche se han producido atentados terroristas o algún hecho inesperado de gran relevancia como la liberación de rehenes, es el asistente quien se encarga de despertar al presidente. “Se llama al teléfono privado de la habitación, se le comunica la noticia y el presidente te suele dar una serie de instrucciones”, explica la citada fuente.
También le acompaña en todos los viajes y desplazamientos fuera de La Moncloa. Casi siempre viaja con él en su vehículo oficial y le lleva sus documentos y sus objetos más personales en un maletín –hasta hace poco, la caja de puros, por ejemplo–. Lo peor son los viajes fuera de España porque duerme pocas horas. En ocasiones ha llegado a La Moncloa de madrugada y a las siete de la mañana se ha tenido que levantar para empezar una nueva jornada laboral.
Tres edecanes militares.
Históricamente los asistentes provenían del ámbito militar, de ahí que hasta hace poco se les seguía llamando edecanes dentro del personal de La Moncloa. Tanto Adolfo Suárez como Leopoldo Calvo-Sotelo tuvieron tres ayudantes militares –uno de Tierra, uno del Aire y otro de la Armada– siguiendo la costumbre heredada del franquismo. La composición de los edecanes varió con la llegada que Felipe González al poder en 1982. El mandatario socialista decidió entonces que sus ayudantes fueran un militar, un diplomático y una persona del partido.
La intentona golpista del 23-F estaba todavía muy presente y se quiso limitar la presencia tan cercana de los uniformados al presidente del Gobierno. Los militares podían verse, además, en la tesitura de tener que informar a sus superiores castrenses, algunos de los cuales podían albergar todavía veleidades golpistas, de las costumbres, itinerarios y hasta manías del nuevo jefe del Gobierno del PSOE. De ahí que el edecán militar quedó en minoría –y quién sabe si vigilado– por los otros dos ayudantes, el diplomático y el hombre del partido.
La llegada de Alejandro Agag.
Esta especie de distribución por profesiones o castas que ideó González se mantuvo con Aznar. Los asistentes se repartían en un cuadrante los días de trabajo, aunque el ayudante político “estaba un poco para todo”. De ahí que se buscase dentro del PP a candidatos de perfil joven, sin cargas familiares, con idiomas y currículum internacional, a ser posible, europeo. Este ayudante del partido tenía reservados, en todo caso, los actos del PP a los que asistiese el presidente.
De la etapa de Aznar salieron dos ayudantes de la cuota de partido que luego han tenido gran proyección pública: Alejandro Agag y Antonio López-Istúriz. El primero estuvo junto al presidente de 1996 a 1998 y fue en esa etapa cuando conoció a Ana Aznar, su actual esposa. María Antonia López de Celis relata en su libro Las damas de La Moncloa cómo fueron sus primeros meses con la familia del presidente, sobre todo en el verano de 1996, cuando los Aznar fueron a pasar sus vacaciones a la urbanización de Las Playetas en Oropesa (Castellón).
“Con esa facilidad que tiene para adaptarse al medio, a los tres días de llegar (Agag) parecía que estuviese veraneando en Las Playetas toda su vida. Así era él, un joven con mucho mundo, encantador y dicharachero. Su fama de donjuán le precedía (...) y mientras estuvo en Madrid al servicio de su futuro suegro como su ayudante se hicieron famosas sus juergas y sus espectaculares compañías”, narra López de Celis en su libro.
En aquella época se fraguó la amistad entre Agag y José María Aznar hijo, quien posteriormente, en el verano de 2001, le invitó a pasar unos días de vacaciones con sus padres y hermanos en Menorca. Fue entonces cuando Ana Aznar, de 19 años, y Alejandro Agag, que por aquel entonces tenía 30, iniciaron una relación sentimental que terminaría con su boda en El Escorial un año después, en septiembre de 2002.
López-Istúriz, por su parte, sustituyó a Agag como ayudante del presidente en 1998 y luego en 2002 al frente de la Secretaría General del Partido Popular Europeo (PPE), cuando el yerno de Aznar dio por concluida su etapa de cargos públicos y se embarcó en los negocios privados. “Yo había trabajado en distritos de Madrid, así que, a diferencia de otros candidatos, tenía ya trabajada la base del partido”, relata López-Istúriz a Tiempo. “Por eso mi nominación no respondió a ninguna presión de ninguna persona, ni de ningún grupo del partido. Fue una decisión muy personal del presidente. De hecho, yo era el último de una lista de 16 candidatos”, añade.
Horario estajanovista.
El actual número dos del PPE y eurodiputado desde 2004 tuvo en aquella época un perfil más discreto que su predecesor, alejado de toda publicidad, con jornadas de trabajo que empezaban a las siete de la mañana y concluían, a veces, a medianoche si había una cena oficial en la agenda. Con este horario estajanovista apenas pasaba por su domicilio particular.
“Fue una experiencia privilegiada para un chaval joven, ya que te permite ver cómo trabaja un presidente del Gobierno”, recuerda pese a todo. Junto a él hubo dos ayudantes diplomáticos: primero Rafael Rech, que ahora es jefe de Gabinete del secretario de Estado de Cooperación y para Iberoamérica, Jesús Gracia; y luego Jorge Urbiola, que en la actualidad está destinado como número dos de la embajada española en Kiev, capital de la convulsa Ucrania. El asistente militar siempre fue el mismo: Antonio Moralejo, comandante de Tierra y que venía de la etapa de Felipe González.
Zapatero fue quien acabó con la figura del ayudante militar. Desde el principio contó con un representante del partido (Miguel Álvarez), un diplomático (primero Jorge Mijangos –actual cónsul en Seúl– y luego Santiago Jiménez –ahora encargado de negocios en Damasco, aunque reside la mayor parte del tiempo en Beirut–) y por último, un ayudante proveniente del entramado comunitario de Bruselas. Inicialmente fue el funcionario europeo Pelayo Castro, a quien luego sustituiría David Chico, que había sido asistente de Josep Borrell en el Parlamento Europeo.
Con Rajoy se ha quedado Jaime González Castaño como único ayudante, aunque para los actos de partido le sustituye un joven afiliado que proviene de Canarias. Como González Castaño no puede estar los siete días de la semana permanentemente detrás de Rajoy, muchas noches se le libera de dormir en La Moncloa y es una persona del servicio telegráfico –o el propio Jorge Moragas– quien despierta al presidente si es necesario. Una situación, por cierto, que cada vez se produce menos. Sobre todo desde que ETA dio por terminada su actividad terrorista y ya no se producen atentados de madrugada.
Contactos en beneficio propio.
Los precedentes de Agag o López-Istúriz demuestran que los contactos que se hacen en este puesto de asistente del presidente son importantes y el que quiere, lo puede aprovechar en su propio beneficio. Con González Castaño la dinámica de trabajo ha cambiado un poco al ser el único asistente que realiza esta tarea, pero el ayudante sigue siendo una de las pocas personas que sabe cómo va a reaccionar el jefe del Ejecutivo.
El propio López-Istúriz cuenta cómo se vivió, en 2001, la tarde de los atentados del 11-S en Estados Unidos. Aznar se encontraba de gira por los países bálticos y preguntó a sus asesores qué hacer en ese momento. La mayoría le instó a permanecer en Estonia unas horas a la espera de que disminuyese la amenaza terrorista, mientras que él le recomendó dar por concluida su gira y regresar urgentemente a España, “justamente lo que quería Aznar”. Al final se impuso la opción de López-Istúriz, la del joven asistente.



