El tesoro más desconocido de la guerra
Nuevos documentos descubiertos por Tiempo revelan que los donativos durante la guerra en el bando franquista alcanzaron cifras equivalentes a lo que hoy serían, al menos, 8.100 millones de euros. Una parte de ellos estuvo directamente en manos de Franco.
El dinero que se movió alrededor de la guerra, mientras morían miles de personas, es uno de los secretos que aún guarda la contienda. La financiación obtenida mediante donativos con fines en principio benéficos alcanzó cifras millonarias. Según un documento del archivo de Franco que se encuentra en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca encontrado por esta revista, el departamento de contabilidad de la Dirección General de Beneficencia y Obras Sociales del Ministerio de la Gobernación resumía los saldos de las cuentas con los fondos de las cuestaciones realizadas. Al finalizar la guerra, estos ascendían a casi 240 millones de pesetas de la época, lo que podría suponer unos 2.800 millones de euros actuales. La parte más importante se encontraba en el denominado Fondo Central de Protección Social, en el que quedaban aproximadamente 202 millones de pesetas, 75 de ellos en una cuenta en valores. El Fondo Social del Subsidio al Combatiente guardaba 28,3 millones; la cuenta Pro Aguinaldo al Combatiente, 5,4 millones; mientras que la cuestación de Auxilio a Poblaciones Liberadas tenía 2,7 millones y la llamada Cruzada contra el Frío, 94.495 pesetas. Otras cuentas descubiertas por TIEMPO harían ascender esta cantidad hasta 300 millones de pesetas, lo que hoy serían unos 3.400 millones de euros. Sumadas a las señaladas hasta ahora por los historiadores, 400 millones de pesetas más, elevarían la cifra hasta lo que hoy serían 8.100 millones de euros. Se trata de la cifra mínima, ya que hubo más que aún no han sido cuantificadas. Estos datos solo corresponden al dinero que quedó al final de la guerra, por lo que los fondos manejados por cuestaciones durante la contienda alcanzaron cifras mayores. En cuanto a otras suscripciones cuya pista ha podido reconstruir en parte esta revista, destaca que Franco tuvo durante años a su disposición varias cuentas de donativos que manejó a su antojo. Estas cuentas, según la documentación existente en Salamanca y que sacó a la luz TIEMPO, sumaban más de 34 millones de pesetas (lo que se correspondería con 388 millones de euros actualizados según los cálculos más conservadores, y que según otros podrían alcanzar los 3.000, incluidos los intereses que se podrían haber cobrado hasta la fecha) al finalizar la guerra, de las que quedaban solo 22,8 millones de pesetas al terminar el año 1959.
De estas cuentas, la única a la que se puede seguir la pista más allá de esa fecha es la cuenta número 70.713 del Banco de España, nominada como “Donativos a disposición de S.E. el Jefe del Estado Excmo. Sr. D. Francisco Franco Bahamonde”. Su historia es llamativa. Fue la cuenta que al finalizar la guerra contaba con más fondos, ya que reunía 17,7 millones de pesetas. Sin embargo, en 1959, ya solo quedaban en ella 138.000 pesetas, según los informes trimestrales que realizaba la secretaría particular de Franco, de los que se conservan unos pocos en el archivo de Salamanca. En el archivo histórico del Banco de España se conserva el libro mayor de esta cuenta. El último dato que aparece es de 1965, cuando su saldo ronda las 60.000 pesetas. Finalmente, esta revista descubrió el pasado mes de mayo su destino final. En 1977, dos años después de la muerte de Franco, la cuenta cambió su denominación por la de “Donativos a disposición de S.M. el rey Juan Carlos I” y fue cerrada finalmente en 1987 cuando solo tenía un saldo de 1.749 pesetas.
Las cuentas que manejaba Franco no fueron controladas por el Estado en ningún momento, a diferencia de otras como las del Ministerio de la Gobernación antes citadas, sino por su secretaría particular. En la denominación de algunas de las que manejaba el dictador aparecía claramente cuál debía haber sido su destino, como la que se debía dirigir a los huérfanos de la guerra, a los soldados indígenas, o a la reconstrucción del Alcázar.
A pesar de que al finalizar la guerra los donativos que quedaban en las cuestaciones que se realizaron por toda España debían remitirse a juntas liquidadoras que los ingresarían en el Tesoro Público, las cuentas de Franco nunca tuvieron ese destino. Excepto la cuenta que terminó a nombre del rey Juan Carlos, nada se sabe del destino final del resto, cuyos saldos en 1959 superaban los 22 millones de pesetas. Curiosamente, si la mayor cantidad en 1940 se encontraba en una institución pública como es el Banco de España, en 1959 casi todo el dinero que quedaba estaba ingresado en bancos privados, como eran el de Bilbao, el Español de Crédito y el Hispanoamericano, además de en la “Caja de su Excelencia” en el palacio del Pardo. Nada se sabe sobre lo que pasó finalmente con ese dinero, pero en los últimos días de Franco hubo movimientos llamativos en otras cuentas. TIEMPO encontró en el Archivo General del Palacio Real que la correspondiente a la Casa Civil de Franco (que viene a ser como la Casa Real actual) tenía en mayo de 1975 casi 13 millones de pesetas. En junio, seis meses antes de la muerte del dictador, ya muy enfermo, fue vaciada totalmente.
Con el paso de los años, parte del dinero de estas cuentas fue invertido en valores, como bonos y acciones. A veces, el dinero de los donativos se mezclaba con los intereses de inversiones de cuentas privadas de Franco y Carmen Polo. También hay constancia de gastos pagados con estas cuentas de donativos que no tenían que ver con el objeto para el que se crearon, como el dinero gastado en un viaje de la hermana del dictador, Pilar Franco, a Baleares.
Además de la incógnita sobre el destino final de los casi 23 millones de pesetas de las cuentas de donativos a disposición de Franco, hay que tener en cuenta que en una década, entre 1950 y 1960, el saldo en su conjunto apenas varía. No fue así en la década anterior, en la que faltan unos 13 millones de pesetas. En ese periodo Franco adquirió de forma oculta, a través de testaferros, su gran propiedad: una enorme finca en Valdefuentes (Madrid), que se convirtió en una parte muy importante de su patrimonio personal y que fue legada a sus herederos. El gasto de Valdefuentes fue de 13 millones de pesetas, según los documentos publicados por TIEMPO. Nada prueba flujos de fondos entre estas cuentas y los pagos de la finca, aunque Franco nunca pudo adquirirla con su sueldo, que era en 1944 de 600.000 pesetas anuales.
Esta revista ha encontrado la pista de otras cuentas en el Archivo Histórico del Banco de España y el Archivo General del Palacio Real. Entre ellas destaca la que tenía Carmen Polo a su nombre, también destinada en principio para la realización de obras benéficas. La cuenta estaba en principio en Salamanca y tenía en junio de 1940 unas 476.000 pesetas (unos 5,4 millones de euros) y fue luego traspasada al Banco de España en Madrid. En 1948 su saldo era de 293.190 pesetas. El último apunte que aparece en la documentación de esta entidad es de 1953, cuando saca la totalidad de ese saldo, que ascendía a 153.187 pesetas, sin que se conozca su destino. En el Archivo del Palacio Real aparecen algunos documentos curiosos, como el resguardo de un giro de cien pesetas remitido a “Carmencita Franco”, la hija del general, y que por lo tanto también fue conducto de los donativos que se realizaban. En el Banco de España se encuentran otros apuntes, como el de una cuenta más modesta. Se trata de la suscripción Pro-Acorazado España. La cuenta, que se encontraba en el Banco de España, era manejada desde la secretaría particular de Franco, según la documentación del archivo histórico de esta entidad. En 1940 solo tenía 2.078 pesetas y esta vez sí se sabe a dónde fue a parar el dinero que tenía cuando se cerró. El último apunte de esta cuenta, de 667 pesetas, realizado en 1961, incluye una anotación que indica que este saldo se abonó a la Asociación Benéfica de Huérfanos y al Instituto Benéfico de Huérfanos de suboficiales de la Armada.
Como ya publicó TIEMPO, entre los papeles privados de Franco del Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca se encuentra el acta en la que el general Queipo de Llano, responsable del Ejército de la Segunda Región, también conocido como el Ejército del Sur, en la guerra, entregó el dinero de las suscripciones que llevaba. En total ascendía a 26 millones de pesetas sin contar alhajas, piedras preciosas y cuadros. El acta es de agosto de 1939 y en ella se puede comprobar la cantidad de suscripciones que había, como la del Ejército, del Acorazado, de camiones, de aviación y otras que procedían de multas. El asunto de las joyas es el menos contabilizado, debido a la dificultad de su valoración. Por ejemplo, un decreto de 1942 sobre el trabajo que debía hacer la Junta Liquidadora de la llamada “Suscripción Nacional” ordenaba que se traspasaran los saldos desde las juntas recaudatorias provinciales, incluidos valores y moneda extranjera, y también oro, plata, platino, alhajas y “objetos varios”. Las joyas debían ser valoradas y había que “realizar un estudio de las posibilidades de venta o la cesión”, mientras que los objetos se venderían. Todos los importes se debían ingresar en el Instituto de Crédito para la Reconstrucción Nacional.
Hasta ahora, él único cálculo sobre el montante económico de las suscripciones populares en el bando franquista era el del experto historiador Ángel Viñas, quien estableció que como mínimo se podían haber recaudado 410 millones de pesetas en otras suscripciones. Sin embargo, los nuevos datos sobre cuestaciones que aparecen en este reportaje alcanzan los 300 millones de pesetas. La suma de ambas cifras, 710 millones de pesetas, viene a corresponder a lo que hoy serían 8.100 millones de euros. La real sería una cantidad mucho mayor si se considerara, por ejemplo, el dinero manejado por los generales de otras regiones militares.



