Walpole recuperado

29 / 08 / 2017 Juan Bolea
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Defausta se ha propuesto la hermosa tarea de rescatar clásicos de la novela policíaca.

Hugh Walpole

Una nueva editorial, Defausta, se ha propuesto la hermosa tarea de rescatar clásicos de la novela policíaca y devoro con apetito sus dos primeras entregas: El otro hombre, de Hugh Walpole, y La cámara diabólica, de Ernest William Hornung. 

La mayoría de los lectores no especializados en el género creen que todo giró alrededor de Sherlock Holmes y de Hercules Poirot, de aquellos dos pilares de la novela enigma que ciertamente fueron Arthur Conan Doyle y Agatha Christie, pero entre el rico tránsito del neogótico decimonónico, todavía entre el romanticismo y el naturalismo científico, y el marcado realismo de Dashiell Hammett, una pléyade de autores exploró las fronteras de la intriga policial, creando infinidad de buenas historias y algunos sabuesos originales señeros, que siguen hoy haciendo nuestras lectoras delicias, como Lord Peter Dempsey (Dorothy Sayers), Philo Vance (S.S. Van Dine), J. G. Reeder (Edgar Wallace) o uno de mis preferidos, John Silence, de Algernon Blackwood, el maestro de las sombras...

El otro hombre, de Hugh Walpole, es una novela extraordinaria (y extraordinariamente bien traducida por Susana Prieto Mori). Originalmente publicada en 1942, Walpole se atrevió a dedicársela a la memoria de uno de sus referentes literarios, nada menos que Henry James, tan seguro se sentía de su trama y su traza. Bucea en el interior de un hombre acomplejado, pero afortunado, John Ozias Talbot, obsesionado y cíclicamente sojuzgado por otro, turbulento y audaz, James Oliphant Tunstall. Ambos se conocieron en su época colegial, y en adelante sus vidas continuaron reencontrándose en evolutivos estadios más próximos al dominio y la obediencia, el odio y el amor, que la amistad. Prodigiosamente Walpole nos invita a entrar en la mente de Talbot, donde también habita Tunstall, a las conversaciones entre ambos dentro y fuera de la realidad. Por esa tortuosa vía El otro hombre, sin polillas, sin nostalgias, con un notable interés psicoanalítico y sin sombra de vintage, se eleva a una tensión psicológica heredera del Dostoievski de Crimen y castigo, que a su vez heredaría Patricia Highsmith. 

Y luego tenemos también en Defausta La cámara diabólica, de Ernest William Hornung. Otro autor británico, como Walpole, que en su día obtuvo el éxito y el reconocimiento gracias a las aventuras de su detective A. J. Raffles, y a la ayuda editorial y personal de Conan Doyle, con cuya hermana Constance se había casado. William Hornung y Conan Doyle tuvieron sus más y sus menos (Raffles y su ayudante Bunny Manders se parecían demasiado a Sherlock y al doctor Watson), pero lo cierto es que Hornung sacó adelante su serie detectivesca y cultivó el género con talento, aproximándolo en cuanto podía, como en La cámara diabólica, a los territorios de lo sobrenatural y el terror. 

Para disfrutar del género negro.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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