Así acabaron 2014 los famosos

13 / 01 / 2015 Jesús Mariñas
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Woody Allen pasó la Nochevieja en Barcelona y demostró su buen gusto culinario: comió lubina y croquetas y se llevó dos jamones a su casa de Estados Unidos. 

Baqueira ha estado estas navidades tan abarrotada como lo que vi –bueno, más bien padecí– en la Nochevieja neoyorquina mientras Woody  Allen cambió los rascacielos tan inspiradores por el Liceo barcelonés, cenó en Ca l’Isidre lubina y croquetas llevándose dos jamones para EEUU. Mientras los populares caseros realzaron lanzamientos como los del engordado Fonsi  Nieto, con un tupé de no creer; Remedios  Cervantes, que, espléndida, ya cumple 50; Alba  Carrillo esparciendo luminosidad; Juan  Peña con el cante a cuestas –fue su año–; Raquel  Meroño, cuyo Válgame Dios es frecuentado por Pedro  Sánchez cuando alterna; Mónica  Pont, en plan reportera pretendiendo relanzarse tras hundirse en ¡Sálvame!; y Francine  Gálvez, minifaldera.

O los como resucitados Álex  de  la  Nuez, muy distinto con gafas cuadradas, o Jesús Cabanas. También Guti pareció irreconocible sin los pelos alborotados, peinado de raya como chico aplicado y con aspecto rejuvenecido mientras Jesús Cabanas, ex de Marta  Sánchez y tan distinto del Daniel  Terán con el que convive en Miami, y un Álex de la Nuez transformadísimo casi hipters, respondieron fieles a las uvas de la Puerta del Sol, tras apadrinar el nuevo Grey Goose Opium como la ya consagradísima María  Valverde respaldó el nuevo perfume de Nina Ricci, lanzado con un libro conmemorando el centenario de los perfumistas barceloneses que crean para Prada, CH, Gaultier o el Rabanne que con su Pour Homme los internacionalizó en 1970.

Es un libro con más aire comercial que emotivo. Noto muchas ausencias y reconocimiento. ¿Cómo olvidar el tándem Enrique  Puig y María  Dolores  González, insuperables en el trato prensa-diseñadores? Durante 25 años, los Puig de la anterior generación –base lanzadora de lo que son– patrocinaron la Copa del Rey-Agua Brava convirtiendo Mallorca en corte veraniega, qué tiempos aquellos, con la Familia Real compitiendo entre ellos: don  Juan  Carlos animaba desde el Bribón que le quedaba como un guante, eran los tiempos de la calmosa Marta  Gaia. Cristina -¡quién la ha visto y quién la ve!- en el Azur de Puig, Elena colocándose donde podía y Felipe entregado con la Armada.

Una época inolvidable.

La nostalgia no es un error –si acaso horror– y me llenó de melancolía. Época inolvidable, incluso con los añadidos de Marichalar -con su cómico debut marinero en bermudas émulo de Rosario la de Popeye sobre piernas blanquísimas- y el tarzanesco Urdangarin que jugaba a dos barajas. El hoy despreciado Fortuna era su salón dominador. Asfixiada por la humedad mediterránea Letizia le puso la proa y casi lo hundió.

Todo pasa y nada queda. Hoy tan solo sobrevive de mano en mano y Palma perdió su estival capitalidad. Miami más españolizada que nunca encabezada por Isabel  Preysler en plan consolada gran madre variopinta con la prole de sus tres matrimonios y Chábeli tendiendo a ganar kilos, mientras Marta Sánchez, Mariola  Orellana y Antonio  Carmona evitaron acudir a los multitudinarios conciertos de Violetta live, que reunieron a muchas caras conocidas: allí se pudo ver a Paula  Echevarría y David  Bustamante sin brusquedades –algo bastante raro– de las suyas, ajenos a los rumores de separación, una tierna Raquel  Meroño, la cambiante Mar  Regueras, o a una aniñada Lydia  Bosch mientras Arancha  de  Benito se puso sombrero Bonnie and Clyde llevando a sus hijas. Aquí –con 16.000 en cada concierto– es el nuevo suceso para los que tienen entre los 6 y los 15 años y que encandila a las infantas Leonor y Sofía.

Ellas se entusiasmaron como yo no lo hice en la neoyorquina plaza de Times Square recibiendo al 2015. Ya les contaré mi agobio.

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