Así acabaron 2014 los famosos
Woody Allen pasó la Nochevieja en Barcelona y demostró su buen gusto culinario: comió lubina y croquetas y se llevó dos jamones a su casa de Estados Unidos.
Baqueira ha estado estas navidades tan abarrotada como lo que vi –bueno, más bien padecí– en la Nochevieja neoyorquina mientras Woody Allen cambió los rascacielos tan inspiradores por el Liceo barcelonés, cenó en Ca l’Isidre lubina y croquetas llevándose dos jamones para EEUU. Mientras los populares caseros realzaron lanzamientos como los del engordado Fonsi Nieto, con un tupé de no creer; Remedios Cervantes, que, espléndida, ya cumple 50; Alba Carrillo esparciendo luminosidad; Juan Peña con el cante a cuestas –fue su año–; Raquel Meroño, cuyo Válgame Dios es frecuentado por Pedro Sánchez cuando alterna; Mónica Pont, en plan reportera pretendiendo relanzarse tras hundirse en ¡Sálvame!; y Francine Gálvez, minifaldera.
O los como resucitados Álex de la Nuez, muy distinto con gafas cuadradas, o Jesús Cabanas. También Guti pareció irreconocible sin los pelos alborotados, peinado de raya como chico aplicado y con aspecto rejuvenecido mientras Jesús Cabanas, ex de Marta Sánchez y tan distinto del Daniel Terán con el que convive en Miami, y un Álex de la Nuez transformadísimo casi hipters, respondieron fieles a las uvas de la Puerta del Sol, tras apadrinar el nuevo Grey Goose Opium como la ya consagradísima María Valverde respaldó el nuevo perfume de Nina Ricci, lanzado con un libro conmemorando el centenario de los perfumistas barceloneses que crean para Prada, CH, Gaultier o el Rabanne que con su Pour Homme los internacionalizó en 1970.
Es un libro con más aire comercial que emotivo. Noto muchas ausencias y reconocimiento. ¿Cómo olvidar el tándem Enrique Puig y María Dolores González, insuperables en el trato prensa-diseñadores? Durante 25 años, los Puig de la anterior generación –base lanzadora de lo que son– patrocinaron la Copa del Rey-Agua Brava convirtiendo Mallorca en corte veraniega, qué tiempos aquellos, con la Familia Real compitiendo entre ellos: don Juan Carlos animaba desde el Bribón que le quedaba como un guante, eran los tiempos de la calmosa Marta Gaia. Cristina -¡quién la ha visto y quién la ve!- en el Azur de Puig, Elena colocándose donde podía y Felipe entregado con la Armada.
Una época inolvidable.
La nostalgia no es un error –si acaso horror– y me llenó de melancolía. Época inolvidable, incluso con los añadidos de Marichalar -con su cómico debut marinero en bermudas émulo de Rosario la de Popeye sobre piernas blanquísimas- y el tarzanesco Urdangarin que jugaba a dos barajas. El hoy despreciado Fortuna era su salón dominador. Asfixiada por la humedad mediterránea Letizia le puso la proa y casi lo hundió.
Todo pasa y nada queda. Hoy tan solo sobrevive de mano en mano y Palma perdió su estival capitalidad. Miami más españolizada que nunca encabezada por Isabel Preysler en plan consolada gran madre variopinta con la prole de sus tres matrimonios y Chábeli tendiendo a ganar kilos, mientras Marta Sánchez, Mariola Orellana y Antonio Carmona evitaron acudir a los multitudinarios conciertos de Violetta live, que reunieron a muchas caras conocidas: allí se pudo ver a Paula Echevarría y David Bustamante sin brusquedades –algo bastante raro– de las suyas, ajenos a los rumores de separación, una tierna Raquel Meroño, la cambiante Mar Regueras, o a una aniñada Lydia Bosch mientras Arancha de Benito se puso sombrero Bonnie and Clyde llevando a sus hijas. Aquí –con 16.000 en cada concierto– es el nuevo suceso para los que tienen entre los 6 y los 15 años y que encandila a las infantas Leonor y Sofía.
Ellas se entusiasmaron como yo no lo hice en la neoyorquina plaza de Times Square recibiendo al 2015. Ya les contaré mi agobio.



