La ciudad mágica

13 / 11 / 2017 Christoph Driessen
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Estocolmo es una urbe ideal para visitar en la época navideña.

En las navidades, Estocolmo es una ciudad encantada. Hace mucho frío. Sin embargo, los restaurantes están a rebosar. Al día siguiente conviene levantarse muy temprano para aprovechar las pocas horas de luz. En invierno, solo hay plena luz durante unas seis horas, de 09.00 a 15.00. El cielo por la mañana es blanco. Una luz deslumbrante ilumina la ciudad. 

En Suecia el frío no es motivo para quedarse en casa. Los suecos aman la naturaleza. Tienen que salir hacia fuera. No importa el tiempo. Afortunadamente, el visitante puede buscar refugio a cualquier hora en un café y disfrutar de un bollo de canela recién horneado o un trozo de pastel de manzana caliente con salsa de vainilla. Por la tarde abren los puestos del mercadillo navideño en la plaza Stortorget, en el casco viejo. Las bonitas casas que rodean la plaza fueron construidas en el siglo XVI por comerciantes hanseáticos. A diferencia de los mercadillos navideños en países como Alemania o Austria, no se escuchan villancicos por ningún lado. En los mercadillos de Suecia reina el silencio. 

En los puestos se ofrece glögg, el vino caliente sueco. Su baja graduación alcohólica se debe a las severas disposiciones suecas. Una particularidad son las almendras y pasas mezcladas con el vino. “También contiene clavo y canela”, revela Helfried Gafgo, un austriaco de 76 años que ofrece en este mercadillo un glögg elaborado con su propia receta. Tradicionalmente, la familia sueca se reúne el 24 de diciembre a las 15.00 horas frente al televisor para ver Kalle Anka (el Pato Donald). Después viene Jultomte, Papá Noel, con sus regalos. La cena no es lujosa: pescado, albondiguitas, jamón y salchicha de reno. Al final del día es muy posible que el turista que haya vivido la Navidad en Estocolmo comparta la opinión de la escritora Astrid Lindgren: “Es una pena que no haya Navidades más frecuentes”. [DPA]

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Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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