Los peligros de abusar del móvil

15 / 12 / 2016 Macu Llorente
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Comemos, conducimos y dormimos con nuestro teléfono móvil. No desconectamos ni para hacer el amor.

En España hay un mínimo de cinco terminales por familia. Y no les damos descanso ni de día ni de noche. El 67,4% de los jóvenes españoles reconoce que nunca apaga su teléfono por voluntad propia

Ocurrió hace unas semanas en una carretera poco transitada de Texas, Estados Unidos. Dos motoristas sufrieron un aparatoso accidente que acabó con la vida de uno de ellos. Un suceso desgraciadamente normal, si no fuera porque el motorista malherido prefirió utilizar la poca batería que le quedaba a su teléfono para grabar un vídeo de despedida a su familia en lugar de avisar a emergencias. El episodio refleja la locura tecnológica en la que estamos inmersos. El teléfono nos acompaña en los buenos momentos y en los malos también. De hecho, es tal la dependencia que tenemos de nuestro terminal que los expertos ya han dado la voz de alarma, no solo por la aparición de nuevas enfermedades, sino también por el aumento de accidentes de tráfico.

Utilizar Whatsapp en los semáforos, hacerse selfies al volante o subir contenidos a las redes sociales mientras conducimos es un peligroso hábito cada vez más extendido en nuestras carreteras. El móvil se ha colado de lleno en nuestras vidas y también en nuestros vehículos con consecuencias nefastas: causa alrededor del 26% de los accidentes de tráfico que suceden en todo el país y es responsable de salidas de la vía, colisiones entre vehículos y atropellos. Según un informe de AAA Foundation for Traffic Safety, cuando mandamos mensajes mientras conducimos nos arriesgamos a tres tipos de distracciones que multiplican las probabilidades de sufrir un accidente: la visual (al leer la pantalla), la cognitiva (al escribir el mensaje) y la manual (al manipular las teclas).

“En los últimos años ha habido un notable aumento de los accidentes por uso del teléfono, pero cuando el cliente acude a nuestro despacho no suele decirlo, nadie lo reconoce. Si normalmente no reconocen una alcoholemia, mucho menos esto. Todos alegan que se han despistado, pero al indagar en las causas encontramos que detrás de muchos despistes hay un conductor hablando por el móvil. Y sobre todo manipulando Whatsapp. Salta un mensaje y lo miran o contestan, y el accidente se produce en esa décima de segundo, momento en el que el coche se suele ir contra el que va delante”, explica Hemma Martín Vallejo, abogada de AyS Abogados, bufete de Madrid especializado en accidentes de tráfico. Un informe elaborado por la Fundación Línea Directa sobre conductas irresponsables al volante lo corrobora con datos preocupantes: siete millones de conductores confiesan que utilizan indebidamente el móvil mientras conducen, y es además una de las cinco sanciones más comunes en nuestro país. Una infracción considerada grave y castigada con la retirada de 3 puntos del carné de conducir y 200 euros de multa.

Pero si hay un colectivo especialmente vulnerable dentro de la circulación es el de los ciclistas, siendo los coches culpables de buena parte de los accidentes que sufren. Tanto en ciudad como en carretera se mueven en un entorno claramente peligroso: “Una distracción al volante puede tener para los ciclistas consecuencias muy graves, y entre esas distracciones, el uso del teléfono móvil figura como una de las más peligrosas, ya que multiplica por cuatro el riesgo de que sufran un accidente” explica a Tiempo Francisco Valencia, director general de la Fundación Línea Directa.

 

La peligrosa moda de los selfies al volante 

Pero cuando conducimos no solo hablamos por teléfono. Los fanáticos de los autorretratos circulan por las redes sociales con la misma soltura que lo hacen por nuestras carreteras. No deja de ser alarmante que el 25% de los conductores jóvenes, de entre 18 y 24 años, reconozca que en alguna ocasión se ha hecho un selfie mientras conducía. Los hombres son más proclives a hacerlo, un 7% más que las mujeres. Esta práctica es tan peligrosa como conducir bajo los efectos del alcohol y aumenta los fines de semana y durante las vacaciones en un afán muy extendido de compartir las actividades en las redes sociales y con los amigos. “Sacarse un selfie distrae una media de 14 segundos mientras se conduce, y consultar las redes sociales en el móvil aumenta la distracción a 20 segundos, tiempo suficiente para que un vehículo que se mueve a 100 km/h avance una distancia equivalente a cinco campos de fútbol”, advierte un estudio de Ford realizado entre 7.000 usuarios de smartphone de entre 18 y 24 años de toda Europa. Y no solo esos segundos que se emplean en sacar el selfie son peligrosos. Buscar el móvil y prepararse para la foto son también acciones cruciales que se realizan descuidando el volante y sin mirar hacia dónde va el coche.

Las nuevas plagas de nuestro siglo

La locura por los smartphones y el abuso de las nuevas tecnologías han dado paso a nuevas enfermedades y una de las más comunes es la nomofobia. Y es para tomárselo en serio porque este mal afecta cada vez a más gente. El teléfono se ha convertido en una pieza tan importante que muchas personas se sienten incapaces de salir de casa sin él. En caso de olvidarlo, inmediatamente regresan a recuperarlo, algo que no harían si les sucede con otros objetos esenciales. Además, sufren verdadero pánico al no poder usar el móvil cuando no hay cobertura, se descarga la batería o no encuentran o han olvidado su terminal. Ansiedad, angustia, respiración entrecortada, náuseas y ritmo cardiaco acelerado son otros síntomas. Un 53% de los españoles sufre la enfermedad que se manifiesta con la incapacidad de apagar el teléfono, la obsesión por revisar los mensajes o el estado de la batería. Afecta más a mujeres (71% frente al 61% de los hombres) y a los más jóvenes (77% de 18-24 años, frente al 68% de entre 24 y 34 años). El aumento en los últimos años de esta patología en un 13% se debe no solo a que los consumidores están cada vez más atados a sus terminales, también influye que la tecnología sea cada vez más accesible y económica. 

Y esta dependencia resuena en nuestro cerebro, dando paso a otro síndrome, el de la llamada imaginaria, que ha experimentado alguna vez el 70% de los usuarios. ¿Quién no ha tenido la impresión de que su teléfono suena o que acaba de recibir un mensaje y resulta una falsa alarma? Esta sensación se debe a que utilizamos tanto el teléfono que nuestro cerebro asocia cualquier impulso que recibe, por mínimo que sea, con él. El uso constante del móvil afecta a los individuos a nivel neuronal y psicológico modificando la percepción de la realidad, como sucede con el síndrome de la vibración fantasma, que como su nombre indica, consiste en creer que el teléfono vibra en nuestro bolsillo cuando en realidad está totalmente inmóvil.

Y cuando toca dormir tampoco descansamos

Veinticuatro horas diarias pendientes del móvil y no lo apagamos ni a la hora de ir a la cama. Estamos alerta y ya casi ni dormimos de un tirón, y todo por la insana costumbre de dormir con él pegado a la cabeza. Y así no hay quien descanse. Un mal hábito que también provoca dolores de cabeza e insomnio. Por si fuera poco, cada cierto tiempo nos despertamos para consultar si hay algún mensaje o llamada. Las vibraciones y notificaciones luminosas alteran nuestro sistema nervioso y hacen que nos mantengamos en alerta toda la noche, provocando lo que los especialistas han bautizado como insomnio tecnológico. Además, el dispositivo emite unas radiaciones que alteran el sistema de autorregulación de los ritmos biológicos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido de los riesgos que esto provoca, entre los que está el incremento de posibilidades de sufrir cáncer.

Pasar tantas horas frente a la pantalla del móvil provoca tensión en los ojos y en algunos casos se puede producir una deshidratación ocular. Además, el uso y abuso de Whatsapp, (la aplicación que más se usa en nuestro país, incluso por encima de Internet), está provocando el aumento de consultas médicas por casos de tendinitis y problemas con el túnel carpiano.

El movimiento repetitivo de los dedos pulgares en una sola actividad termina ocasionando daño en los tendones y en los nervios de las manos: “Si no ponemos cuidado en intentar escribir sobre una mesa o apoyo siempre que podamos, para así poder teclear con otros dedos, acabaremos todos operados de la artrosis de las costureras o tendremos al menos que cambiarle el nombre a esta enfermedad por otra más acorde con las redes sociales. La posición de la mano manteniendo el móvil, que comenzaba a provocar tendinitis por atrapamiento, está disminuyendo porque actualmente escribimos más que hablamos”, aclara a Tiempo Ángel Villamor, especialista en Traumatología y Cirugía Ortopédica y director médico de la clínica Iqtra. Y no hay que ignorar otro daño importante y que afecta a los hombres: un estudio realizado en Australia alerta sobre el hábito de guardar el móvil en el bolsillo, ya que la radiación electromagnética daña a la producción de espermatozoides, reduce su movilidad en un 8% e incluso puede terminar provocando esterilidad.

Nuestro rendimiento laboral, en juego

Si en 2005 seis de cada diez personas consideraba importante su teléfono móvil, hoy diez de cada diez lo tienen como un elemento fundamental en su vida personal y en el ámbito laboral. Y no solo nos distrae, también afecta a nuestro rendimiento. ¿Cuántas horas al día se pierden contestando al móvil o con la mensajería instantánea? Hay quien se pasa de la cuenta. Según el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) Whatsapp es la aplicación favorita de los españoles (en el 98,1% de los casos): el 42,3% de los encuestados lo consulta continuamente; el 47,4%, varias veces al día; y la mayoría (un 72%) lo utiliza para comunicarse con amigos, aunque también es una herramienta de trabajo para un 25,3%, lo que no impide que si se abusa de esta app o se usa para fines distintos durante el horario laboral, pueda ser motivo de sanción o incluso de despido en según que casos.

Incluso no son pocos los que mantienen un 70% de sus relaciones personales a través de su terminal. Según Phil Reed, profesor de Psicología de la Universidad de Swansean, la necesidad constante de recibir llamadas, estar todo el tiempo pendiente del móvil o enviando mensajes de texto puede ser el camino directo a la depresión y al aislamiento social. Como ejemplo de la epidemia tecnológica que nos invade basta echar un vistazo a cualquier vagón de metro con la inmensa mayoría de los viajeros ensimismados con su terminal, y ausentes a todo y a todos. Tanto, que está claro que el teléfono ha ganado la batalla al libro o al periódico en este terreno. La comunicación está bajo mínimos, y la escena por demasiado repetida no deja de ser sorprendente. El mismo panorama reina en cualquier restaurante con voces que enmudecen y miradas fijas en las pantallas de los smartphones. Imposible encontrar un rincón en el que algunos de los comensales no esté más pendiente de su aparato que de lo que tiene en la mesa. No hay comida en la que no esté presente el móvil, y demasiadas veces estamos más en comunicación con los que no están con nosotros, descuidando a los que tenemos al lado.

 

Adictos, materialistas e impulsivos

Todos usamos el móvil, pero unos más que otros. Investigadores de la Universidad de Baylor y de la Universidad de Seton Hall alertan de que cuanto más materialistas e impulsivas son las personas, más nivel de dependencia alcanzan respecto a su teléfono y a los mensajes de texto. Pero más allá de un producto de consumo, los teléfonos se han convertido en un símbolo de estatus social, y pueden terminar erosionando las relaciones personales y las de pareja.

Un sondeo realizado en el Reino Unido por la operadora Vodafone revela que un 36% de los hombres británicos descuelga su móvil mientras hace el amor, un 62% está disponible para responder a las llamadas cuando se encuentra haciendo sus necesidades, un 62% descolgaría su móvil durante una cita y la mayoría de los encuestados no dudaría en responder mientras están en una boda, lo que no aclaran es si también durante la suya.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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