Los famosos se enganchan al coaching

22 / 12 / 2017 Charo Carracedo
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Es la nueva profesión de moda y consiste en trabajar para lograr que las personas obtengan resultados extraordinarios.

Sara Torres está especializada en actores. Foto: GTRES

Carmen Martínez Bordiú y su relación con un joven, 34 años menor, que ha logrado que remonte su última ruptura amorosa, ha puesto el foco sobre una nueva profesión que cada día tiene mas adeptos, la de coach. A sus 66 años Carmen ha logrado “ponerse en órbita”, como ella misma dice, gracias a Timothy McKeague, un coach australiano de 32 años formado en filosofías orientales que trabaja en España desde hace unos meses. “Es una persona muy espiritual –dijo de él en televisión–. Puede estar seis meses subido en una montaña sin sexo”.

Otros coach famosos, como los protagonistas de La voz, son seleccionadores y entrenadores que dirigen las voces de jóvenes aspirantes a cantantes...  igual que los profesores de Operación Triunfo. Pedro García Aguado, campeón olímpico de waterpolo en Atlanta 96, que vivió en primera persona el infierno de la droga, ha sido el coach por excelencia de la televisión. Gracias al programa Hermano mayor, a su terapia y a sus reflexiones logró encauzar la vida de casi 100 jóvenes con comportamientos violentos y adictivos, sin límites. Hoy, tras el éxito de sus programas, ofrece conferencias educativas para jóvenes, para padres y para profesionales de la educación. Pero ¿qué es un coach en realidad? En sentido literal es un “entrenador”, alguien que motiva a su coachee (pupilo) y le ayuda a alcanzar metas. Es un puente entre lo que uno es y lo que quiere ser. “Si crees, puedes”, esa es la máxima. Para que un coach consiga resultados necesita tiempo: un mes, una semana, un trimestre... pero los avances deben notarse desde el primer día. Aunque haya retrocesos. El coach sabe que su cliente tiene los recursos para alcanzar su meta y tiene que empezar por hacerle sentir su fuerza interior, por empoderarle, así se llama esta fase. ¿Cuándo?, ¿cómo?, ¿con quién? y sobre todo, ¿qué te lo puede impedir? y ¿qué harás tú para que eso no suceda? son preguntas clave para provocar el cambio.

Cada sesión con un coach suele durar una hora. En ese tiempo un buen coach debe ser capaz de reforzar la autoestima de su cliente, fortaleciendo la seguridad en sí mismo. El clima de confianza entre ellos es básico para crecer. Coach y coachee pueden reunirse en una cafetería, en un hotel, en el campo... establecer comunicación on line o por videoconferencia, cualquier lugar y forma son buenos. Los precios por sesión oscilan, dependiendo del coach, de su experiencia y especialidad, entre los 60 y los 120 euros la hora. En España el perfil de los mejores coach responde a 40 años, unos ocho coachees al año y sesiones que pueden llegar hasta 400 euros en casos muy excepcionales.

Este trabajo no puede confundirse con el de un psicólogo. Para un coach no importa el pasado, ni qué pasó, solo importa el futuro. Un psicólogo tiene una formación mucho más profunda que tiene que ver con procesos más serios en los que trata patologías, buscando muchas veces en su origen... Tampoco tiene que ver con el trabajo de un profesor, ya que este tiene un programa en el que cree y pide al alumno que lo siga. En el coaching es el cliente quien fija la meta y el coach quien diseña el camino para alcanzarla.

Los coach trabajan para particulares o para empresas y en estos casos son los departamentos de recursos humanos los que cada vez requieren más sus servicios para fomentar la unión o el liderazgo en sus equipos. La horquilla de precios es entonces mucho mayor ya que depende de objetivos, de dinámica y de los grupos que tanto empresa como coach decidan formar. Ángela Borja, coach ejecutiva de alta dirección, entre otros de los directivos de Mediaset, no puede desvelar detalles de sus sesiones pero sus éxitos son reconocidos públicamente por sus propios clientes. También son cada vez más los directivos de las grandes empresas, periodistas del mundo de la comunicación y sobre todo políticos, los que reconocen contratar los servicios de un coach, un gurú de las emociones como les llaman. Beatriz Talegón, exdirigente de las Juventudes Socialistas, reconoció haber contado con Rubén Turienzo como mentor. El mismo que tuvo en su día Pedro Zerolo para impulsar su cambio. 

Formación y precios

Y cada vez son más las escuelas que profesionalizan esta actividad. En España, la Asociación Española de Coaching (Asesco), fundada en 2000, reúne a los más acreditados profesionales de coach. Y con variadas especializaciones: personal, ejecutivo, empresarial, organizacional, de equipos, para emprendedores, de salud... Existen diferentes niveles de coach, en función de la formación y la experiencia. En Asesco los coach deben haber recibido como mínimo una formación de 140 horas.

Centros como la Escuela Europea de Coaching, fundada en Madrid en 2003, han formado ya a más de 15.000 profesionales e intervenido en procesos de más de 300 empresas en todo el mundo. El curso consta de dos ciclos, el primero, de unas 12 clases presenciales, supone unos 2.500 euros, y el segundo se mueve en torno los 7.000 euros. Otra, la Escuela Europea de Líderes, con sede en Pontevedra, fundada por la exdirectora de marketing Yolanda Villar, lleva diez años impartiendo formación tanto en España como en Sudamérica. De su escuela han salido ya 12.860 profesionales de nueve nacionalidades diferentes: “La profesión se está consolidando y cada vez son más las empresas que buscan este tipo de profesionales”, asegura. En esta escuela, los cursos suelen tener una duración de un año, con un máximo de 20 alumnos si se trata del modelo presencial o sin límite si se trata de un programa on line. Profesor y alumno se ven una o dos veces al mes y evalúan los resultados obtenidos por el alumno con personas que estén a su alrededor. El precio de la matrícula ordinaria es de 2.420 euros y para desempleados o personas con discapacidad, 1.870 euros. Este precio da derecho a una clase presencial al mes. Si el curso es on line cuesta 1.510 euros.

Para ser un buen coach no solo hay que formarse. Hay que practicar. Llámese ciencia, arte o método, lo cierto es que las horas de vuelo de los coach forjan las cualidades que se les exigen: capacidad de análisis, tenacidad, empatía, madurez e intuición. Un buen coach puede proceder del mundo de la empresa, de la psicología, del Derecho, pero cada día son más los profesionales que descubren sus habilidades gracias a trabajos frente al público.

Anne Igartiburu, Isabel Sartorius, Lucía Etxebarría, Ana García Lozano, Cristina Soria, Sara Torres y Aída Nízar son ejemplos de profesionales que compaginan sus habilidades ante el público con su pasión por el coach, y lo imparten en sus ratos de ocio. 

Ana García Lozano

Su paso por la televisión presentando testimonios a veces desgarradores en El programa de Ana le enseñó a escuchar y eso le hizo pensar en aportar. Y se decidió por el coaching. “Llevo tres años ejerciendo y el balance es muy positivo. Y eso que hacerte con una clientela es muy complicado. Yo sobre todo doy cursos de comunicación”.

Como coach Ana no busca la raíz del problema, sino que mira del presente hacia el futuro: “El coaching es el arte de hacer preguntas para hacer reflexionar. Por mal que se haga, siempre es potente, porque obliga a pensar en voz alta. Y cuando verbalizas algo le das visibilidad. Mis clientes están en un camino en el que miran en su interior y toman sus propias decisiones. Mi misión es iluminar el problema y el cliente encuentra la solución. Normalmente ya disponía de ella, pero no era capaz de verla. Eso sí, los objetivos siempre tienen que ser concretos, medibles, alcanzables, tienen que suponer un esfuerzo y deben conseguirse fijando plazos. Debe haber un compromiso”. 

Anne Igartiburu

Lleva seis años como coach personal y ejecutivo. Su trabajo consiste en ayudar a gestionar el liderazgo y a hablar en público. Por la mañana presenta el programa Corazón, en Televisión Española, y las tardes las dedica al desarrollo personal ejerciendo como coach. Según ha contado ella misma: “Acompaño a personas en procesos de mejora de una forma muy íntima y discreta. También trabajo en equipos para la gestión de liderazgo y en dinámicas de motivaciones para empresas”.

Estudió Empresariales y Filología y se formó como coach con el Máster de Experto Internacional de Coaching en el Instituto Europeo de Coaching, donde fue compañera de, entre otras, Ana García Lozano. “Me apasiona la comunicación, tanto en la empresa como en la vida personal –dice en la presentación de su página web–. Llevo más de 20 años trabajando en comunicación e imagen y estoy preparada para ayudar a los que necesiten comunicarse, a los que se bloquean a la hora de hablar en público, a los que les cuesta relacionarse con sus familiares, amigos, parejas, jefes, compañeros, clientes...”. 

Isabel Sartorius

Con 52 años, hace siete que encontró en el coaching emocional su auténtica vocación: “Llegó a mi vida en el año 2009, cuando escribí el libro Por ti lo haría mil veces, en el que explico la codependencia. Me di cuenta de lo importante que es poner en orden la inteligencia emocional. A mí me hubiera gustado tener esta herramienta. Ahora dispongo de ella y se la ofrezco a mis clientes”. Isabel se profesionalizó en Programación Neurolingüística y en coaching ejecutivo. Hoy lidera un equipo de coach, todos acreditados igual que ella por la International Coach Federation (ICF) y por la Asesco. Y como siempre le han interesado las relaciones familiares, buscó formación en adolescencia y familia, de hecho, trabaja con jóvenes y con sus con familias, desarrollando recursos para afrontar problemas. Su programa se llama Tú decides. Se trata de un método propio con una duración de 66 días y en los 21 primeros, el cliente compromete 21 minutos de cada día para dedicárselos a sí mismo y al coach. Las sesiones pueden ser presenciales, on line o vía mail. Y en ellas el cliente obtiene un feedback y un plan de acción que le permite acercarse progresivamente a su objetivo. Para Isabel, es importante cuidar las emociones “Miedo, angustia... No son buenas ni malas, simplemente nos llevan a la acción, por ello resulta fundamental identificarlas y gestionarlas. Solo así nos relacionaremos con nosotros mismos y con los demás de manera sana y positiva”.

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Isabel Sartorius está especializada  en Programación Neurolinguística y coaching ejecutivo. Foto: GTRES

Sara Torres

Licenciada en Arte Dramático, profesora y actriz, Sara ha trabajado para Antena 3 y Televisión Española y ha preparado a actrices como Silvia Marsó y Emma Suárez. “Empecé por intuición, porque un actor está en una zona muy frágil y necesita otra visión... y empecé antes incluso de saber qué era esto. Luego me formé en la Escuela de Inteligencia Emocional”.

“Yo no trabajo con reglas generales. Cada uno reacciona de un modo y hay que mirar a cada uno en su contexto. Lo demás no son más que fórmulas vacías. Lo primero que hay que hacer es clarificar objetivos. Me llaman actores y yo siempre distingo primero cuándo puedo ayudar al actor o cuándo puedo hacer de bisagra entre el elenco y el director... Y trabajo con cámara para desarrollar habilidades de comunicación. Ayudo en la construcción artística del personaje y el actor trabaja con sus propia persona”.

Para esta argentina afincada en España, formarse como coach es relativamente caro: “Es parecido a un máster. Además hay mucha oferta así que hay que buscar una escuela seria. Y luego lo que de verdad hace falta es práctica. Para ser un buen coach hay que haber puesto en marcha muchos procesos con clientes diferentes y eso te va dando experiencia”.

Sobre si es posible el autocoach asegura: “Cuando nos organizamos y nos fijamos unos objetivos en la vida estamos haciendo autocoaching. Un profesional lo que hace es enseñarte a hacerlo mejor, más eficazmente y más rápido. Particularmente soy actriz y coach, y me acomodo a las dos cosas. Cuando llevo mucho tiempo en un lado me gusta pasar al otro. Cuando soy actriz me coloco en un lugar menos observador, y lo disfruto”.

Cristina Soria

Tras más de diez años trabajando en marketing y periodismo, Cristina Soria, de 42 años, experta en coach emocional, ejecutivo y sistémico o de relaciones personales, es otra de las tránsfugas de la comunicación. Son famosos sus análisis de lenguaje corporal en el programa Sálvame y es autora de cuatro libros en los que explica cómo recuperar la alegría y afrontar sentimientos. Para Cristina “el guion de nuestra vida no está escrito. Nuestros actos y nuestra actitud son los que trazan el camino”.

Aída Nizar

Polémica exconcursante del televisivo Gran Hermano, también ha volcado toda su energía en charlas motivacionales para empresas. Con sus técnicas pretende que sus clientes hagan de su vida un éxito.  Su frase: “No digo que sea la mejor, pero mejor que yo no hay nadie”. Su propósito: enseñar a decirlo sin titubear.

Lucía Etxebarría

“Lo que yo hago son talleres de creación literaria.  Y lo que me gusta es la psicología, que es lo que estoy estudiando –explica Lucía Etxebarría–. Yo creo que el coach empresarial ayuda en la empresa porque aplica técnicas empresariales, y funciona, claro que funciona, pero soy más reservada con las técnicas emocionales. Creo que un problema profundo no es capaz de verlo un coach y menos de resolverlo. La escritura expresiva es un tipo de terapia que proporciona un apoyo muy grande, con lo cual, sí, en principio se podría decir que yo hago coaching, pero no sustituye, ni puede, al psicólogo”.

“Con mis talleres, la idea es que toda persona sea capaz de escribir un cuento y que para hacerlo aprenda técnicas de desbloqueo que le sirvan tanto para estimular su creatividad como para solucionar sus problemas”. Lucía tiene experiencia en estos cursos. El primero lo hizo en La Gomera hace 12 años y desde entonces ha puesto en marcha unos diez. Cuestan 99 euros y duran día y medio: sábado completo más domingo por la mañana. Pueden hacerlo menores de 18 años y en ellos pone en marcha técnicas de escritura terapéutica que aprendió en Canadá, adaptadas para cualquiera.

“Me veo como una persona que puede aportar otra visión de lo que es el cuento terapéutico. La escritura de un cuento en mis talleres ayuda a la persona a expresar su experiencia, a exponer la historia fuera de sí mismo y construir nuevos significados donde pueda reconocer sus recursos y fuerzas. Es decir, a desarrollar su resiliencia y así identificar preocupaciones, limitaciones y dificultades y también proyectos, expectativas, metas e ilusiones y con ello dar sentido a lo que es y lo que quiere ser”.

Para Lucía, un coach es como un amigo, pero de otro contexto diferente. Y funciona en situaciones no patológicas. “Lo que está pasando es que hemos perdido la figura del confesor, lo que tenían nuestras madres o abuelas, una persona de absoluta confianza que aconsejaba y entendía y que escuchaba, y de su conversación salían aliviadas. Eso ahora se está profesionalizando y eso es un coach...” Y continúa: “En un caso de un tema serio, (depresiones, trastornos alimenticios, estrés...) yo no acudiría a un coach sino a un psicólogo. Ahí la escritura expresiva suele ayudar a identificar el problema y a aceptar la necesidad de ayuda profesional. Y funciona. Su eficacia está avalada por numerosos estudios científicos que demuestran que expresar por escrito los sentimientos acelera su cicatrización”.

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Televisivas. A Ana García Lozano (arriba) y Anne Igartiburu sus experiencias profesionales les han servido para desarrollarse como coaches. Fotos: GTRES

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Vocación. Cristina Soria colabora con Sálvame haciendo análisis del lenguaje corporal. Foto: GTRES

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