La ciencia española se organiza en EEUU

19 / 12 / 2014 Sergio Rozalén (dpa)
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En el futuro, las carreteras se construirán con excrementos de cerdo y enfermedades como la diabetes o el Alzheimer tendrán cura. Y detrás de esos logros tecnológicos y avances médicos encontraremos la huella de científicos españoles que desarrollan sus carreras profesionales en Estados Unidos.
 
 Sacudidos los complejos de inferioridad desde hace años, la comunidad científica y académica española se ha ganado el respeto y la admiración de sus colegas profesionales. Los psiquiatras, ingenieros, físicos y biólogos, entre muchos otros, que trabajan en prestigiosas universidades y centros de investigación estadounidenses asumen la importancia del rol que juegan en el desarrollo científico no sólo en el país en el que residen, donde muchos han alcanzado puestos de relevancia, sino también al otro lado del Atlántico: su país de origen, a donde la mayoría anhela volver.
 
 Siguiendo los pasos de grupos similares en Reino Unido o Australia, las batas blancas han unido fuerzas y conocimientos para crear la Asociación de Científicos Españoles en Estados Unidos (ECUSA). Se trata de un variado colectivo de ingenieros, educadores, emprendedores y, por supuesto, científicos que pretenden intercambiar experiencias e ideas, establecer lazos entre ambos países y aumentar la percepción social del I+D+I (investigación, desarrollo e innovación).
 
 El proyecto se inició en Washington, la capital del país, en la primavera pasada, y recientemente ha comenzado su andadura una nueva representación en la ciudad de Boston, uno de los baluartes de la ciencia y la investigación en Estados Unidos. Para principios de año se calcula que la sede de Nueva York dé sus primeros pasos y se espera no retrasar en exceso la puesta en marcha de la primera delegación de ECUSA en la costa oeste, probablemente en San Francisco. 
 
 La organización cuenta con el apoyo de numerosas instituciones españolas, entre ellas la Fundación Española para la Ciencia y Tecnología (FECYT). Según dijo a dpa Ana Elorza, su delegada en la Embajada de España en Washington, "ECUSA se va a convertir en breve en la más potente de las asociaciones de científicos españoles en el extranjero". 
 
 Como componentes de la asociación hay ya más de 200 cerebros salidos de universidades españolas con otras tantas historias personales, logros profesionales y sueños científicos.
 
 Así, la bióloga Cristina Vázquez investiga desde un laboratorio de la Universidad de Boston una nueva terapia para la diabetes tipo 1, diferente a la insulina y la monitorización continua que requieren sus enfermos. Un novedoso tratamiento, que bloquea una molécula importante para el funcionamiento de las células que desarrollan la enfermedad, le ha permitido revertirla en la mitad de los ratones que desarrollan diabetes de forma espontánea. Y esto abre la posibilidad de implementar la terapia en humanos en un futuro próximo. 
 
 Desde su rol como presidenta de ECUSA Boston, Vázquez asegura que era muy necesario lograr que los científicos españoles en EEUU tuvieran un referente desde el que compartir conocimientos y experiencias y resaltar la importancia de la ciencia y la investigación española. "El ambiente científico en Boston es único y su contribución a la ciencia estadounidense, enorme", asegura para justificar la puesta en marcha de la sede de ECUSA en la capital del Estado de Massachusetts.
 
 El ingeniero químico granadino Francisco Martín sueña, desde su puesto en el prestigioso Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), con el día en que en las carreteras un nuevo material a base de excrementos de cerdo substituya al asfalto compuesto por petróleo.
 
 "El proyecto en el que investigo se basa en romper las moléculas del estiércol de cerdo y obtener un producto inodoro, similar al asfalto, pero de mejor calidad, más barato y ecológico", asegura Martín. Según sostiene, es realista pensar a corto plazo en un asfalto compuesto en un 50 por ciento por este nuevo material. 
 
 Una miembro de la asociación definía a ECUSA como "una pista de aterrizaje esponjosa donde uno puede encontrar mucho más que profesionales; puede, de hecho, encontrar personas extraordinarias". El programa internacional de mentorización (IMP, por sus siglas en inglés) que la asociación ha puesto en marcha justifica, por sí solo, dicha afirmación. 
 
 Se trata de uno de los proyectos más interesantes y novedosos de ECUSA y consiste en que, con el objetivo de ofrecer a futuros miembros de la comunidad un rol de consejeros y asesores, científicos españoles que trabajan en universidades estadounidenses y europeas de reconocido prestigio, como Harvard o el MIT, guían la carrera de estudiantes de los dos últimos años de carrera y doctorados de universidades españolas. 
 
 María Soriano-Carot, bióloga molecular y genética y que realiza su postdoctorado en la Universidad de Boston, es la subdirectora del programa de mentorización de ECUSA. "La figura del mentor en EEUU como alguien que asesora tu carrera es clave, y en España no es un rol tan habitual", asegura. 
 
 El programa piloto, una idea engendrada por la española Zafira Castaño-Corsino (que trabaja en la Universidad de Harvard), ya cuenta con 22 investigadores del ámbito de la biomedicina que son mentores de 78 alumnos de 5 universidades españolas. 
 
 "Queremos ayudar a los nuevos científicos a que sean más profesionales, a escribir correctamente un curriculum vitae, a redactar una carta de motivación, ofrecerles asesoramiento para publicar y ayudarles a que su aterrizaje en EEUU sea lo más fácil posible", indica Soriano-Carot. 
 
 Además, los consejos que los mentores ofrecen a sus mentados incluyen un conocimiento poco habitual en España: las salidas profesionales alternativas a la investigación. "La escritura científica, la enseñanza o la redacción de patentes son alternativas profesionales que en España son menos conocidas, pero que en EEUU son bastante habituales", destaca. 
 
 Un buen número de científicos españoles en Estados Unidos coinciden en alabar el mundo de la investigación americana. Valores como la meritocracia, la falta de endogamia y la competitividad, y beneficios como la variedad de proyectos y la generosa financiación para los planes de trabajo son los más destacados por una comunidad que, en general, dejó atrás España por la falta de oportunidades profesionales. 
 
 La mayoría está de acuerdo en que la formación ofrecida por las universidades españoles no tiene nada que envidiar a la del resto del planeta, y eso explica la buena consideración de los investigadores españoles que aportan su conocimiento en los exigentes centros norteamericanos. Pero, quien más quien menos, un alto porcentaje sueña con regresar a casa y proseguir allí sus investigaciones. Un objetivo que casi todos sitúan en un plazo de al menos cinco años.
 
 "Volver a España para estos científicos es un esfuerzo global de la sociedad", subraya Ana Elorza, del FECYT. "Es necesario que haya más interés por la ciencia, una mayor sensibilización de la población y que ese interés por la ciencia se concrete también en un interés por aumentar las ayudas y financiación", afirma.
 
 El pasado 22 de septiembre, el recién coronado rey Felipe VI iniciaba su visita oficial a Nueva York reuniéndose con un grupo de científicos y académicos españoles de primera fila que trabajan en Estados Unidos. Todo un gesto cargado de simbolismo, una declaración de intenciones y un valioso guiño al trabajo de tantos profesionales.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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