El tercer sexo

23 / 10 / 2009 0:00 Miriam Mendoza y Elena Martín
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El caso de la atleta surafricana Caster Semenya devuelve a la actualidad la existencia de un sexo intermedio, el de los hermafroditas.

Son muchos los que se han preguntado si Caster Semenya , campeona mundial de 800 metros, es hombre o mujer. Esta duda, en una sociedad en la que la existencia de gays y lesbianas comienza a normalizarse, ha puesto de actualidad la existencia de un tercer sexo poco conocido y denominado hermafroditismo o intersexualidad. Se trata de una anomalía genética del embrión de la madre que da lugar a híbridos entre hombre o mujer. Son, simplemente, variaciones del cuerpo humano. Parece raro, pero un 1,7% de la población mundial padece esta alteración en la que las mujeres, que tienen dos cromosomas XX en el par 23, desarrollan caracteres masculinos al poseer más hormonas androgénicas, esto es, las masculinizantes, como la testosterona. Pero también pueden darse los casos de que hombres -con cromosomas XY-, nunca lleguen a desarrollar estas hormonas masculinas, de la misma manera que existen personas con órganos sexuales femeninos y masculinos.

Estas características se pueden manifestar desde el nacimiento aunque, a veces, no se perciben hasta la pubertad. En cualquier caso, según el doctor Jorge Horacio Raíces , psicólogo clínico y miembro consultor de la Organización Internacional de Intersexuales, es esencial que sean ellos mismos los que decidan qué tratamientos de normalización emplearán en sus cuerpos -si es que los quieren-. “Estas cirugías, al igual que los tratamientos hormonales, se asemejan a la mutilación genital. Por lo tanto, lo que desean las personas hermafroditas es que cada cual tenga el derecho de definirse sin categorías que sean impuestas médica o legalmente, porque no ven ninguna manera de determinar con límites claros y fijos su propio sexo”, señala el doctor Raíces. Es decir, que debe depender de cada uno la decisión de operarse o no, así como la posibilidad, igual de aceptable, de tratar la intersexualidad como una forma existencial más, sin necesidad de tratarla o curarla.

De hecho, muchos son los especialistas que consideran que la opción sexual de estas personas está más relacionada con la percepción psicológica que con los atributos físicos. Dentro del hermafroditismo existen varios grados, siendo los más habituales el masculino (cuerpo de hombre con testículos y órganos sexuales femeninos), el femenino (cuerpo de mujer con ovarios y órganos sexuales masculinos) y el total (con pene y clítoris atrofiados).

Dopaje y anabolizantes

Como caso más sonado, el de la atleta Caster Semenya , conocida no tanto por ser la campeona mundial de 800 metros en los recientes mundiales de atletismo de Berlín, y sí por las dudas que plantea su apariencia física. Nació mujer y así se considera, aunque las malas lenguas insistan en identificarla como hombre por su musculatura, rasgos faciales y vello. La Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo ha decidido, por respeto a Semenya, no publicar los resultados de los test de sexo que le están realizando a la atleta, pero el periódico británico The Daily Telegraph se ha adelantado y afirma que la corredora presenta unos niveles de testosterona tres veces superiores a lo normal, aun- que no ha especificado si la hormona era de origen natural. En el caso de que no lo sea, no será un problema de identidad sexual, sino de dopaje.

Además, el periódico también advertía de la posibilidad de que su entrenador, Ekkart Arbeit , antiguo responsable de atletas de la República Democrática Alemana, le suministrase anabolizantes hasta el punto de convertirse en el culpable de sus niveles de hormonas masculinas. Algo parecido le ocurrió a Heidi Krieger , ex pupila de Arbeit y campeona europea de lanzamiento de peso en 1986, que tras consumir 50 miligramos de hormonas masculinas a la semana, ha pasado a ser el señor Andreas Kriege r.

Como estos, existen muchos otros casos en la historia del deporte. Nadie dudó de la feminidad de Stella Walsh cuando ganó los 100 metros en los Juegos Olímpicos de 1932 y la plata en Berlín en el 36. Pero tras su autopsia se descubrió que tenía genitales masculinos. Al menos Walsh se quedó con sus medallas, pues la india Santhi Soundarajar tuvo que devolver la suya en los Juegos Asiáticos de 2006 al comprobarse que era un hombre.

Hermafrodita total

La alemana y tenista Sarah Gronert nació hermafrodita total, por lo que necesitaba un permiso especial de la WTA para poder jugar. Hace tres años decidió someterse a una operación de sexo para poder ser reconocida como mujer. Dentro de nuestras fronteras la historia más sonada es la de María José Martínez Patiño , a la que en 1986 se le detectó un cromosoma Y. Tras varios intentos por parte de la IAAF de que se retirara del deporte por la puerta de atrás, se consideró que no tenía ninguna ventaja sobre el resto de mujeres.

Aun así, la plusmarquista decidió abandonar. “La presencia del cromosoma Y en algunas chicas deportistas no las convierte en varones, por lo que tampoco les confiere una fuerza física que pueda considerarse como una ventaja sobre el resto del equipo”, afirma el doctor Raíces. Este tercer sexo -sólo considerado como tal en Australia-, puede provocar trastornos psicológicos como baja autoestima, depresión, confusión a la hora de mantener relaciones sexuales, e, incluso, en los casos más extremos, puede inducir al suicidio. Todo ello consecuencia del rechazo sociocultural al que se enfrentan estas personas intersexuales.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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