Colgados de la ultimísima tecnología

11 / 05 / 2007 0:00 Pepa Rebollo
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No pueden vivir sin las novedades, les gusta la tecnología en exceso y sufren si no pueden adquirir lo último en determinado tipo de aparato o sistema. La tecnoadicción es una patología que empieza a extenderse en España.

El diseñador Karl Lagerfeld tiene setenta iPods repartidos por las habitaciones de su casa. Incluso cuenta con una persona que trabaja para él actualizándole los contenidos musicales de sus numerosos reproductores. No es el único loco por la tecnología. El sótano de la casa del showman Florentino Fernández parece el departamento de electrónica de unos grandes almacenes. Como ellos, Carmen Sardá, jefa de sistemas de un importante despacho de abogados de Madrid, se pierde por los cacharros tecnológicos. Cada año cambia de teléfono móvil al menos dos veces, de ordenador otras tantas y no sale de casa sin su PDA, ni su iPod 5G de ochenta gigas.

“No puedo vivir sin los gadgets, ni los chismes tecnológicos –dice–. Muchos piensan que estoy loca porque paso ocho horas en el trabajo con los ordenadores y cuando llego a casa aún le dedico tiempo a Internet o a mi reproductor de música, pero necesito mi dosis diaria. Mi próxima adquisición, desde luego, será un iPhone”. Carmen no lo sabe pero lo suyo se llama tecnoadicción, una patología que consiste en comprar de forma compulsiva los nuevos aparatos tecnológicos nada más ponerse a la venta. En España comienza a despuntar, pero en Estados Unidos afecta ya a un 10% de los usuarios de tecnología.

El doctor José María Vázquez Roel, director y fundador de la Clínica Capistrano, de Palma de Mallorca –la primera organización médico-psiquiátrica en España en utilizar un tratamiento especializado para las adicciones–, conoce este tipo de enfermos. Asegura que “es muy frecuente encontrarse con personas que tienen una adicción al alcohol o a la cocaína, desórdenes de conducta que les llevan a ser gastadores compulsivos. En los últimos meses hemos tenido en la clínica tres de estos pacientes en los cuales se daba una conducta adictiva por las compras de nuevas tecnologías y una dependencia exagerada de Internet”.

Así son

Los pacientes del doctor Vázquez Roel son personas jóvenes, entre los 20 y los 40 años, que están al día en las novedades, les gusta la tecnología en exceso y sufren si no pueden adquirir lo último en determinado tipo de aparatos o sistemas. En suma, un típico comprador compulsivo, pero definido por un determinado producto.

Los síntomas de estos tecnoadictos son ansiedad, episodios recurrentes de depresión, impulsividad y baja autoestima. Las personas que padecen esta socioadicción pueden llegar a cometer abusos, perder el control sobre sus actos y sufrir síndrome de abstinencia. Esta adicción puede ser tan peligrosa como cualquier otra y llegar a plantear problemas familiares, laborales y económicos.

Juan Alberto Estallo Martí, profesor de Psicoterapia de las Nuevas Tecnologías en la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona, no es partidario de hablar de tecnoadicción, sino de trastorno del control de los impulsos: “Es una distinción académica, ya que entre las adicciones comportamentales la única que tiene entidad propia es la del juego patológico. Todo lo demás son conductas que más que adictivas son conductas de abuso que tienen su origen en otros problemas.

Lo que ocurre es que hay una tendencia a psicopatologizarlo todo. Si una cosa nos llama la atención porque no la entendemos, la convertimos en enfermedad”. Lo que faltan son años de estudio e investigación. Aunque el uso de la tecnología se haya instalado como un hábito irrenunciable –“sería como si al hombre de Atapuerca se le quitara el fuego”, dice Estallo–, habrá que esperar para saber cómo afecta psicológicamente a sus usuarios y si acaba o no por convertirse en una patología con entidad propia. En lo que sí están de acuerdo todos los investigadores es en que una adicción al consumo de cualquier producto, sea o no de tecnología, no se manifiesta hasta pasados diez años. “La bola del consumo de hoy en día permite aguantar mucho. Se empieza a comprar con créditos, a engordar la hipoteca y cuando su situación es tan desastrosa que tiene incluso problemas jurídicos, es cuando ya necesitan ayuda”, comenta Javier Garcés, presidente de la Asociación de Estudios Psicológicos y Sociales y asesor de la Unión Europea sobre Adicción al Consumo.

Las investigaciones advierten de que el índice de prevalencia de la adicción a las compras es de entre un 3 y un 4%. Garcés va más allá en su planteamiento y afirma que mientras las mujeres son adictas a las compras de ropa o cualquier producto relacionado con la imagen y la apariencia física, los hombres son compradores de material informático, equipos de música, cámaras digitales... Esta actitud masculina, sin embargo, está mejor vista socialmente que la de las mujeres. “En el momento que vivimos parece que la compra de tecnología es algo necesario. Es un fenómeno colectivo. Todos estamos enganchados, pero hay un porcentaje que está enganchadísimo”, dice Garcés.

El estrés del nuevo siglo

Este fenómeno aún reciente en España –los casos reales de cuadros clínicos son casi una curiosidad científica– también tiene su contrapunto. La rápida evolución del mercado y las insistentes campañas de márketing han hecho que comiencen a aparecer los primeros agobiados por la tecnología. Según una encuesta realizada por la consultora Weber Shandwick, tres de cada cuatro europeos afirman no ser capaces de asimilar las constantes innovaciones. Un ejemplo: el 72,1% de los usuarios españoles de móviles multimedia no usa el reproductor de música digital, según el reciente estudio realizado por la Asociación Multisectorial de Empresas Españolas de Electrónica y Comunicaciones (Asimelec).

Incluso los japoneses, un pueblo obsesionado por la tecnología, toman ciertas medidas. Ése es el caso del alcalde de la localidad de Hiarta, que decretó un día sin ordenadores semanal en las dependencias del Consistorio con el objetivo de paliar la dependencia de la tecnología. No son los únicos. Para el próximo 24 de marzo existe una iniciativa desde la web www.shutdownday.org que consiste en pasar veinticuatro horas sin encender el ordenador. ¿Habrá mucha gente capaz de hacerlo?

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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