Adiós al glamour

13 / 01 / 2017 Marisa Martín-Blázquez
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La era del low-cost también ha llegado al negocio del corazón. Solo Pantoja y Preysler sobreviven en un mundo plagado de estrellas fugaces de la televisión.

Isabel Pantoja es, con Isabel Preysler, de las pocas veteranas que siguen dando juego y vendiendo en la prensa del corazón, aunque ya no cotiza como antaño

La crisis económica que comenzó en 2008 y que ha sacudido duro a nuestro país en los últimos años no se ha andado con remilgos en lo que al negocio del corazón atañe. En lo que a las cifras económicas se refiere y en lo de los actores de las noticias, también.

Vivimos en un Black Wednesday permanente. Por aquello de que las publicaciones del corazón salen en miércoles y porque estamos de rebajas. Casi saldos. Mucho ha cambiado todo desde que llegaron las primeras revistas llamadas “del corazón”. La biblia, el semanario ¡Hola!, nacía allá por el año 1944. Su fundador, Antonio Sánchez Gómez, y su esposa, Mercedes Junco, con pocos medios y en el salón de su casa de entonces, lograron que miles de lectores empezaran a internarse por el género del fotoperiodismo en la España de la posguerra. Damas de la sociedad nacional e internacional, princesas y príncipes europeos, artistas de Hollywood o acontecimientos como la llegada del hombre a la Luna, fueron noticias y protagonistas de sus primeras ediciones. Después fueron sabiéndose adaptar a los gustos e intereses de sus lectores a través de los años.

Eran tiempos de posguerra en una España necesitada de entretenimiento y de vivir, a través de las páginas de estas revistas, cómo era la vida de quienes, aparentemente, no pasaban penurias y envolvían sus días en el lujo y el glamour. En ellas se mostraba una Europa de boato, con sus reyes y príncipes, como Balduino y Fabiola de Bélgica o Rainiero y Grace de Mónaco. Del otro lado, la imagen más brillante de Estados Unidos: actores y actrices de Hollywood como Liz Taylor o los miembros de la dinastía Kennedy, sobre todo la esposa del presidente, Jackie, hacían imaginar un mundo de fantasía. También eran referentes de moda y estilo. Y, por supuesto, personajes relevantes de nuestro país. Aristócratas como la duquesa de Alba, toreros como Luis Miguel Dominguín, que se codeaban con Ava Gardner, Grace de Mónaco o la propia Jackie, cantantes como Rocío Jurado, Lola Flores o Raphael y jóvenes y prometedoras artistas españolas, como Pepa Flores, Marisol, eran productos que consumían con gusto los lectores.

Venta de exclusivas

La prensa rosa, siempre amable, dibujaba con mimo sus perfiles. Pero, en algún momento, las cosas comenzaron a cambiar.  Comenzó la era de la venta de exclusivas. Se inició el tiempo de la compra y el mercadeo con los acontecimientos de las vidas privadas de los famosos.

Al saco de los personajes conocidos por su trayectoria profesional, o importante relevancia social, empezaron a añadirse los que eran, solo, conocidos por su vida privada y sus relaciones con quienes habían acreditado esa trayectoria. Llegó la era de Isabel Preysler. Ella ha sido y será el personaje, imbatible. A pulso, y con dedicación profesional, se ha ganado el título. Pero también eran habituales de portadas y páginas Carmen Martínez-Bordiú, nieta mayor de Franco; Marta Chávarri, esposa primero del marqués de Cubas y, después, pareja del empresario Alberto Cortina; Ana García Obregón, hija pizpireta y artistona del entonces dueño de la constructora Jotsa; Carmen Ordóñez, hija del torero Antonio Ordóñez y primera mujer del torero Paquirri... Todos cobraban por mostrar sus vidas.

Pero las publicaciones no se nutrían solo de contenidos propios. Un número importante de trabajos publicados eran responsabilidad de las agencias del sector. Solo ellas eran capaces. Buscaban y trabajaban la información, arriesgaban en caros viajes y comprando caros equipos fotográficos. Todo, para conseguir las instantáneas más deseadas. La mezcla de la investigación, el trabajo y el ingenio daban resultados cotizados.

Ejemplos de ello son el romance secreto entre Alberto Cortina y Marta Chávarri, que hizo temblar los cimientos económicos de Fomento de Construcciones y Contratas, entonces uno de los grupos empresariales más importantes del país, o el amor oculto entre el ministro de Economía del primer Gobierno de Felipe González, Miguel Boyer, e Isabel Preysler y su boda secreta. También se descubría la vida, menos oficial, de los miembros de nuestra Familia Real, como el primer amor del entonces Príncipe de Asturias, con Isabel Sartorius; el oculto noviazgo de la infanta Elena con Jaime de Marichalar y sus secretos encuentros a lo largo y ancho de Francia, o su luna de miel en Australia.

De las cifras, mucho se ha hablado y no siempre se ha acertado. El sensacionalismo ha sido un tema recurrente al respecto. La verdad está en las contabilidades de publicaciones y agencias. El reportaje que, dicen, se ha pagado mejor en la historia de nuestra prensa rosa fue el que un grupo de paparazzi hacía a Lady Di en Mijas, Málaga, en 1994. Se habló de que ¡Hola! pagó 200 millones de pesetas. Las fotografías nunca vieron la luz. Se reservaron el derecho a no publicar el pecho desnudo de la princesa. Siendo el mejor pagado, estuvo –como la lotería de Navidad– muy repartido y no resolvió la vida de los reporteros, ni de las agencias a las que pertenecían que, a día de hoy, siguen buscándose las castañas con el oficio.

Un programa emblemático

Poco después, algo comenzó a cambiar. El género empezó a tener cabida en televisión. El primer programa dedicado en exclusiva a ello fue el emblemático Tómbola. En el formato, que inició su andadura en 1997 en Canal Nou, se podía ver a conocidos cronistas de este tipo de prensa entrevistando a personajes de interés corazonero. Las cifras que se pagaban, en esa España del pelotazo, eran astronómicas y son hoy impensables. Después, otros programas comenzaron a introducir el género. Al principio, se trataba de secciones que, la mayoría de las veces, recogían la información de las revistas. Y comenzó la especialización de programas y personajes que jamás se habían visto en televisión. Había un nuevo espacio con el que muchos personajes populares engordaban sus cuentas bancarias contando sus intimidades.

A finales de 2007 la crisis comenzó a asolar a España y las agencias, como otros negocios, vieron también cómo les afectaba. Ya no podían colocar en las publicaciones algunos reportajes en los que habían tenido que invertir mucho tiempo y dinero, para conseguirlos. Las revistas no estaban dispuestas a seguir pagando ciertas cantidades. Donde antes había realeza europea, actores o empresarios de éxito, ahora hay, básicamente, personajes televisivos. Muchos de ellos salidos de concursos o programas. Los resultados fueron aceptables y, sobre todo, mucho más económicos.

El glamour parece estar en extinción y, ante la oferta, el público consume vidas y personajes más terrenales. Apuestan por contenidos que ellos mismos producen. Ya es difícil ver una portada del tipo Alicia Koplowitz con el empresario Gonzalo Muñoz, su entonces pareja, tras separarse de Alberto Cortina al destaparse la noticia de su infidelidad con Marta Chávarri, esposa del marqués de Cubas. Ahora se nutren con personajes del universo Gran Hermano, como Laura Matamoros; de Mujeres, hombres y viceversa, como Ylenia Padilla; y personajes del mundo Sálvame, como Raquel Bollo, entre otros protagonistas de la parrilla televisiva, sobre todo del grupo Mediaset. Como las revistas ya no están dispuestas a invertir, las agencias y reporteros freelancers no pueden afrontar caras inversiones en busca de reportajes que, saben, no comprarán. En ocasiones y, hasta con buenas informaciones y obteniendo el reportaje perseguido, han visto cómo no han podido ni sufragar los gastos que conllevan.

Vidas al descubierto

Pero no solo la crisis económica ha hecho una herida, que supura sin parar, en la prensa rosa. La llegada del mundo digital y las redes sociales está terminando de hundir el negocio. Hoy cualquiera, con su teléfono, puede ejercer de paparazzo y medio regalar una exclusiva a una publicación. Además, los propios famosos se están convirtiendo en informadores de su vida. Unos porque, antes de que lo cuenten y publiquen otros prefieren hacerlo ellos mismos, y otros porque, camuflados en esa aparente ingenuidad fotográfica, venden productos o son prescripciones de marcas, por lo que cobran importantes cantidades de dinero. Hoy, famosos de toda índole van dejando instante a instante su vida al descubierto. Además, no hay que esperar una semana para ir al quiosco y saber qué hay de nuevo. En el reino de la prensa del corazón ya quedan pocos personajes regios y susceptibles de portada con noticia interesante. Casualmente, dos tienen el mismo nombre: Isabel. Cada una de ellas ha ganado su hechizo a pulso. Preysler y Pantoja son, quizá, las dos últimas grandes protagonistas. Aunque su cotización económica no sea la de antaño. Y más de uno estaría encantado de hacer un reportaje de la auténtica reina: Letizia. 

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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