Un bote de remos y una llamada telefónica para cruzar el río Bravo

17 / 03 / 2017 Denis Düttmann (DPA)
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Dieciocho paladas: es todo lo que separa a México de Estados Unidos en el río Bravo, entre la población de Boquillas del Carmen y el Parque Nacional Big Bend de Texas. 

Adrián Valdez transporta cada día a unos 40 turistas de un lado a otro del Río Bravo

"Todos los días cruzo a Estados Unidos a recoger turistas. Pero nunca me bajo. No tengo visa", dice Adrián Valdez, barquero del International Ferry Service. Lo que suena a gran empresa de transporte marítimo no es más que un pequeño negocio familiar.

Valdez transporta cada día a unas 40 personas de un lado al otro del río. Casi todos son turistas estadounidenses que quieren ir unas horas a México después de una visita al parque. Pocos en Boquillas del Carmen tienen visa y casi ningún mexicano cruza por ahí.

En este apartado poblado del noreste de México, en los límites del estado de Coahuila con Texas, no hay vallas fronterizas ni un muro como el que quiere construir Donald Trump en la frontera de 3.150 kilómetros entre México y Estados Unidos.

Para entrar a Estados Unidos hay que colocar el pasaporte en un escáner en la pequeña oficina del guardaparque, mirar la cámara y responder las preguntas telefónicas de un agente de la Patrulla Fronteriza que está en El Paso, a unos 500 kilómetros de distancia.

"¿Cuánto tiempo estuvo en México? ¿Compró algo? ¿Cuánto dinero en efectivo trae?", pregunta una voz femenina desde el otro lado de la línea. Si todo está en orden, se puede pasar. 

A las 17:00 el puesto fronterizo cierra. En 2002, después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el paso fue cerrado de manera permanente hasta 2013. Sin turistas, Boquillas del Carmen se convirtió en pueblo fantasma.

En este lugar el río Bravo llega hasta la cadera. Cruzar a Estados Unidos de manera ilegal sería un juego de niños. El peligro viene después.

La siguiente ciudad, Marathon, está a sólo 150 kilómetros, pero en el medio no hay más que desierto, maleza y montañas. Por las noches en invierno las temperaturas bajan a menos de cero grados. En verano alcanzan los 45 grados centígrados al mediodía.

En la frontera con México, Trump quiere poner un muro para frenar el tráfico de drogas y la inmigración ilegal. La topografía cumple esa función en ciertas zonas, mientras que en unos 1.000 kilómetros existen ya vallas de metal o incluso una pared. 

La Patrulla Fronteriza hace recorridos cerca de los límites con México en jeeps, cuatrimotos y a caballo. Drones vigilan desde el aire. Lanchas rápidas, en las zonas costeras. En sitios como el área de Tijuana-San Diego y Ciudad Juárez-El Paso los controles son estrictos. 

No en Boquillas del Carmen. El poblado está lejos de todo, también en el propio México. Desde ahí hasta Múzquiz, el siguiente núcleo urbano, son cuatro horas en automóvil. La región es peligrosa. El que manda es el cártel de Los Zetas, famoso por su violencia.

Hay bandas criminales que secuestran a los migrantes mexicanos y centroamericanos para exigir un rescate a sus familias. Quien no puede pagar es obligado a cruzar droga por la frontera. En distintas masacres, en años pasados, Los Zetas mataron a decenas de personas en estados como Tamaulipas y Coahuila.

"De vez en cuando atrapamos inmigrantes ilegales, pero son muchísimos menos que en otras zonas", dice a la agencia dpa el agente migratorio estadounidense Ruben Sanchez en un puesto de control de la Patrulla Fronteriza en la carretera hacia Marathon.

Sanchez y sus colegas hacen patrullajes para evitar que alguien trate de cruzar la frontera de manera ilegal. Cámaras infrarrojas revisan los vehículos. Los conductores tienen que mostrar sus papeles. Aun así algunos intentan cruzar. 

"A veces encontramos migrantes ilegales en el Parque Nacional", dice el guardaparques Michaal Ryan. "Con frecuencia tenemos primero que brindarles atención antes de entregarlos a la Patrulla Fronteriza". 

Durante su travesía muchos se lastiman o deshidratan. "Cuando a alguno le pasa algo o está a punto de morir de sed, la mayoría de las veces otro del grupo sale a la carretera, pide ayuda y nos guía hacia los demás", dice Ryan. 
En el folleto del Parque Nacional se advierte a los visitantes que en el camino no deben llevar a desconocidos en sus vehículos.

Incluso antes de llegar a Estados Unidos, en los grandes desiertos o zonas rocosas de México, los inmigrantes sin documentos corren riesgos enormes tratando de cruzar por zonas apartadas.

El Grupo Beta, una unidad del Instituto Nacional de Migración especializada en ayudar a migrantes en peligro, rescató el año pasado a unas 5.000 personas de situación difícil, la mayor parte en el norte del país.

Los pobladores de Boquillas del Carmen no le encuentran sentido al muro de Trump. "Qué es eso?, dice Valdez en su lancha de remos. "Acá tenemos desiertos gigantes y montañas enormes. Es como un muro natural".

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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