Bosawás, la agonía del bosque en Nicaragua

29 / 05 / 2013 12:12 Gabriela Selser (dpa )
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Enclavada en las montañas del norte de Nicaragua, cerca de la frontera con Honduras, se encuentra una de las 525 reservas de biosfera del mundo, Bosawás, cuyos 8.000 kilómetros cuadrados de bosque están en peligro de desaparecer a causa de la tala descontrolada, según han advertido expertos ambientalistas.

Bosawás, conocida como "el pulmón de Centroamérica" por ser la mayor área de biodiversidad del istmo, es víctima de los grandes emporios de extracción de madera, que en las últimas dos décadas han amasado fortunas a la vista y paciencia de las autoridades militares y civiles.

Según un reciente informe del Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales de Nicaragua (Marena), entre 1987 y 2010 se perdieron allí 564.737 hectáreas de bosque, equivalentes el 35,2 por ciento de la reserva, donde viven 270 especies de plantas y al menos 200 especies animales.

De continuar el actual ritmo de tala (42.676 hectáreas por año), la reserva habrá desaparecido completamente en 2036, advirtió el documento oficial titulado "Análisis de las causas de la deforestación y avance de la frontera agrícola en las zonas de amortiguamiento y zona núcleo de la reserva de biosfera de Bosawás".

Con un componente climático de bosque tropical húmedo y bosque de nubes, Bosawás fue declarada reserva en 1979, pero los conflictos políticos que sacudían a Nicaragua impidieron dedicarle la debida atención. Hubo que esperar hasta 1991 para que fuera incorporada al Sistema Nacional de Áreas Protegidas.

Por la reserva fluyen importantes afluentes del fronterizo Río Coco, como el Bocay y el Waspuk, y montañas de hasta 1.650 metros de altitud, como el cerro Saslaya, que pasó de ser escenario de guerra a un parque nacional a partir de los años 90.

Investigadores que penetraron en rincones selváticos vírgenes confirmaron que allí vive el 13 por ciento de las especies animales conocidas, incluyendo pumas, jaguares e importantes colonias de aves como el quetzal y el águila arpía, una de las más grandes del mundo, o la guacamaya escarlata, en peligro de extinción.

En las últimas semanas, el Ejército nicaragüense movilizó al lugar a unos 700 efectivos, tras enfrentamientos entre pobladores mayangnas, etnia originaria de la zona, y mestizos dedicados a la tala de árboles bajo la protección de poderosos empresarios de la madera.

El jefe del Ejército, general Julio Avilés, declaró que la situación "es muy delicada", porque las más de 2.000 familias de colonos (unas 10.000 personas) asentadas en Bosawás son agricultores pobres que han sido "manipulados" por los saqueadores de madera que llevan años explotando la reserva.

Aunque la mayor riqueza forestal se ubica en la "zona núcleo" de Bosawás (unos 7.400 kilómetros cuadrados), también se han perdido casi 900.000 hectáreas de bosques - incluyendo enormes pinares - en la llamada "zona de amortiguamiento", que se extiende sobre 12.000 kilómetros cuadrados, admitió el Marena.

De acuerdo a los expertos, un árbol de pino tarda hasta nueve años para crecer 1,30 metros de altura, y entre 50 y 70 años para llegar a medir unos nueve metros.

Aricio Genaro, líder de los mayangnas, indicó que el gobierno les ofreció mantener el batallón ecológico en la zona y promover proyectos de rescate de la reserva, sobre los cuales no se les ha informado todavía.

Sin embargo, para el ecologista Cirilo Otero, del Centro de Investigaciones de Políticas Ambientales, el problema es grave y "no se resuelve con un batallón ecológico".

"Esto de estar diciendo que Bosawás está en peligro, que hay que defenderlo, que hay que preservarlo, todo eso es pura hipocresía porque quienes han destruido Bosawás han sido los mismos ricos políticos de este país", dijo Otero.

Juan Bautista Arríen, representante de la UNESCO en Nicaragua, expresó preocupación por los conflictos suscitados entre mayangnas y mestizos en el segundo país más pobre de América.

"Los nativos afrodescendientes de la Costa Caribe siempre han estado allí, son pobres, y los que han llegado allí también son pobres, de tal manera que el desafío es cultural”, indicó.

A su juicio, junto a la eventual extinción de la reserva, en unos 20 años se podrían haber perdido también "la lengua, las costumbres, la cultura" de las comunidades originarias, cuyas vidas se entrelazan con el bosque.

Ruth Herrera, ecologista y ex directora de la empresa nacional de agua, criticó la "irresponsable gestión ambiental" de los últimos gobiernos, incluyendo el actual.

"Las autoridades del país están aplazadas al permitir la destrucción de Bosawás, e incumplen los derechos de los pueblos indígenas que la habitan; carecen de credibilidad en la gestión ambiental y en sus manos el bosque puede morir en pocos años", advirtió.

A mediados de 2012, un estudio financiado por la agencia alemana de cooperación internacional GIZ alertó sobre el avance de la frontera agrícola en Bosawás y recomendó al gobierno impulsar una campaña de "incidencia y sensibilización" para frenar la deforestación.

La tala desenfrenada ha provocado la migración de aves y mamíferos y la desaparición de ríos en varios municipios del norte y el noreste de Nicaragua, así como en la región surcentral, que padece la falta de agua.

"El daño a Bosawás es brutal y su recuperación debe ser monitoreada por todos los actores. Los ciudadanos debemos hacer control social y exigir que al menos cada semestre el gobierno central, autoridades locales y el Ejército rindan cuentas de la gestión ambiental", afirmó Ruth Herrera.

El ecólogo Jaime Incer Barquero, asesor del gobierno en temas ambientales, envió una propuesta al presidente Daniel Ortega con "acciones urgentes y concretas" para minimizar los impactos de la frontera agrícola, detener la venta fraudulenta de tierras y la extracción ilegal de madera.

Entre otras medidas, el experto propuso establecer un gobierno especial en la zona, dependiente de la Presidencia y dotado de suficientes recursos y autonomía en el manejo integral de la reserva, coordinándose con las autoridades militares y judiciales para ofrecer seguridad y detener la corrupción y el tráfico de tierras.

También propuso retirar a los invasores de tierras, y promover "inversiones serias y sostenibles" en los alrededores de Bosawás, como plantaciones forestales, desarrollo de actividades agrícolas y silvopastoriles tecnificadas y creación de fuentes de energía hidroeléctrica aprovechando el potencial de los grandes ríos que aún existen en la zona.

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