El estilo de la nueva dama de la Moncloa

16 / 12 / 2011 Celia Lorente
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Elvira Fernández, Viri, tiene su propio estilo. Discreta, sencilla y muy natural, los expertos en moda consideran que no debe cambiar, aunque sí añadir un pequeño toque de sofisticación a su imagen.

Elvira Fernández, Viri, como la llaman familiarmente, es la nueva dama de La Moncloa. Discreta, sencilla y poco dada a llamar la atención sobre ella misma, su vida cambiará irremediablemente con su traslado a La Moncloa. La sustituta de Sonsoles Espinosa tiene 46 años, nació en Pontevedra, es licenciada en Administración y Dirección de Empresas y se encuentra en excedencia de su trabajo como asesora técnica de dirección en Telefónica Contenidos.

Aunque Elvira no es amante de los actos públicos, no le va a quedar más remedio que estar bajo los focos durante los próximos años, ya que como consorte del presidente del Gobierno deberá acudir con él a actos oficiales y apoyarle con su presencia. La imagen juega hoy en día un papel decisivo en la valoración  de los líderes políticos y de sus consortes. La forma de vestir de las mujeres, mucho más variada que la de los hombres, suele atraer especialmente la atención sobre ellas y cuidar el estilo acaba siendo una auténtica exigencia.

Su antecesora en La Moncloa, Sonsoles Espinosa, lo sabe bien. Tuvo que ajustar su look dando un toque de sofisticación a su imagen. Cambió una media melena tipo bob por un corte a lo garçon, más rubio, que acentuaba sus rasgos angulosos y le imprimía personalidad, a la vez que le daba un aspecto más fresco y juvenil. Sin embargo, en opinión del peluquero Marco Aldani, este estilo “no cumplía con el canon y una melena lisa y equilibrada le hubiera dado un toque más femenino y elegante, acorde con la figura que representaba”.

Sobre si Elvira Fernández cambiará o no su imagen después de instalarse en el palacio de la Moncloa, todo apunta a que es una mujer que seguirá fiel a su naturalidad y sencillez. Su forma de vestir es discreta, clásica y elegante. Le gusta llevar prendas cómodas aunque no descuidadas. Huye de los estampados y prefiere los colores lisos, preferentemente en tonos suaves: grises, lilas, rosas, beiges o azules. En su armario abundan los trajes de chaqueta, pantalones sastre combinados con blusas y blazers, vestidos sueltos a la altura de la rodilla y zapatos tipo salón con tacón mediano. Para ir de sport, vaqueros con camisas y encima trench o chaquetas Barbour.
En cuanto a sus diseñadores de cabecera: Juanjo Oliva, Adolfo Domínguez, Roberto Torreta, Carolina Herrera o Purificación García. Aunque también comparte con la princesa Letizia uno de sus sastres preferidos, Lorenzo Caprile, de hecho a él le confió su vestido de novia.

Reacia a la ostentación.

Para Pedro Mansilla, sociólogo especializado en análisis de moda, “Elvira Fernández está en un plano excesivamente correcto, lo que refleja una cierta timidez. Es reacia a las grandes marcas y como buena gallega de Pontevedra tira para casa, viste frecuentemente de Purificación García y de Adolfo Domínguez. Por las obligaciones del papel que tendrá que asumir le aportaría un toque más glamuroso exagerando un poco más sus zapatos de tacón. Ella es reacia y prefiere el medio tacón, como cualquier madre que lleva a los niños al colegio. También tengo la impresión de que viste evitando el ceñido al cuerpo, como si llevara tallas indefinidas. Pero no tiene mal tipo y podría buscar ceñir más su silueta y jugar a no ir siempre tan informal. Todo redundaría en un pelín de sofisticación para dar esa imagen de mujer más arreglada, pero todos estos cambios debe realizarlos de forma muy sutil”.

De carácter austero, Elvira no suele lucir joyas, únicamente lleva la alianza de su boda y un anillo de oro, regalo de su marido. Para ocasiones especiales se atreve con algún collar de perlas. El reloj que luce en su muñeca es un Cartier que apenas se cambia. Su única debilidad son los pendientes, accesorio en el que se permite un poco más de fantasía y que varía frecuentemente, le gustan largos de bisutería o con detalles de piedras. Suele llevar gafas de sol Ray Ban, modelo aviador en verde. En cuanto a los bolsos, los prefiere discretos, pequeños y con asa corta. Viri desprende un aire dulce y tiene unos rasgos bonitos que la hacen agradable, aunque les saca poco partido. Se maquilla más bien poco y cuando lo hace es con un maquillaje muy discreto, casi imperceptible. Desde hace años le es fiel a Manuel, su peluquero de Pontevedra, y a él acude para darse el color y cortarse el pelo. Lleva una media melena en tono castaño claro aunque su cabello es fino y lacio y, por lo tanto, admite pocas variaciones en el peinado.

Por el momento Elvira Fernández no tiene asesores de imagen ni estilistas que la aconsejen. Su antecesora en La Moncloa, Sonsoles Espinosa, se dejaba aconsejar por su amiga la diseñadora Elena Benarroch, artífice de su cambio estético pero que en algunas ocasiones elegía diseños poco afortunados y abusaba del negro o de la bisutería llamativa como collares y pulseras XL.

“Ahora ambas reniegan de este tándem -cuenta Pedro Mansilla-, Elena Benarroch dice que eso le ha creado un cierto estigma que la perjudica. En mi opinión el mayor problema es que cuando Elena asesora suele vestir de las marcas que ella lleva. Algunos modelos, como el que lució en la boda de los Príncipes de Asturias, con pamela y zapatos planos, han sido muy criticados. Elena se defiende diciendo que nunca hizo las veces de asesora de imagen oficial sino que era una persona que tenía confianza en ella y le pedía consejo para vestirse”.
En lo que sí coinciden las dos inquilinas de La Moncloa es en su discreción y su poco afán de protagonismo. “Aunque la discreción de Sonsoles era por otros motivos, ella no era discreta por timidez, ni por naturalidad, sino de una manera ideológica, marcando distancias. En ese sentido su discreción tenía otras connotaciones”, cuenta Mansilla.

Esta fórmula de estar sin destacar está muy alejada de la tradición de otros países como Estados Unidos, donde las primeras damas se convierten en auténticas protagonistas, verdaderos referentes de estilo y los grandes diarios como The New York Times y The Washington Post realizan minuciosos estudios en sus páginas de moda en los que analizan sus criterios estéticos con lupa. La última dama de la Casa Blanca, Michelle Obama, es un buen ejemplo de ello, como lo fue en su día Jacqueline Kennedy. “En Estados Unidos la presión es diferente, no se puede comparar. Allí es la primera dama del país porque no hay reina ni princesas y ella es la que preside las cenas de honor. En España, protocolariamente, las mujeres de los presidentes del Gobierno son la tercera dama”, puntualiza Mansilla.

En las antípodas de Botella.

Y el estilo de Elvira tampoco tiene nada que ver con el de la última dama del PP en La Moncloa, Ana Botella, de quien está más bien en las antípodas. La señora de Aznar ejerció un papel muy destacado durante sus siete  años de consorte presidencial, para acabar entrando en política. “En algunos casos ejercía un papel demasiado protagonista, como cuando acompañó a su marido al primer almuerzo que hizo con los Reyes en Marivent, que se consideraba una visita de trabajo. Ella le acompañó aunque no tenía que hacerlo. Por supuesto, consiguió salir hasta en el ¡Hola!”, dice Mansilla.

Una forma de ser muy alejada de la de Elvira Fernández, que prefiere mantenerse en un discreto segundo plano, no tiene inquietudes políticas y ni siquiera es militante del Partido Popular. En el estilo de vestir tampoco tienen nada que ver, en Botella el excesivo clasicismo roza en algunas ocasiones lo pasado de moda, mientras que Viri tiene un look, aunque también clásico, más actual. Botella gusta de los vestidos sobrios rectos, trajes de falda y chaqueta a juego y pantalones anchos. Aunque siempre ha manifestado su interés por la moda y es una asidua de los desfiles de la Pasarela Cibeles, donde suele seguir las nuevas tendencias desde la primera fila.

El estilo de Elvira, apropiado hasta ahora, puede resultar demasiado minimal para su nueva faceta. “Es una mujer muy representativa de la clase media española y con estudios que se ha mantenido lejos de los fastos el poder. Le aconsejaría que no se deje influenciar y haga una transición lo más lenta posible, que mantenga su estilo, que es una parte de su personalidad, para que no salte volando por los aires nada más entrar en La Moncloa”, aconseja el sociólogo experto en moda.

Mariano Rajoy, por su parte, que se oponía en un principio a cualquier cambio de imagen, no ha tenido más remedio que hacer algunas concesiones y se evidencia en él un leve cambio físico y estético, es posible que ahora también a su esposa le toque ajustar su estilismo a los nuevas exigencias de La Moncloa.

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