La música de Chabon

24 / 09 / 2013 12:23 Ricardo Menéndez Salmón
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La última novela del escritor, Telegraph Avenue, recorre uno de los pilares de la cultura americana: la música negra.

En las películas de Quentin Tarantino se proponen fragmentos de una Norteamérica épica y a la vez popular, fangosa y sublime, organizada en torno a la violencia y su transformación en pura estética, a las razas y sus jergas gestuales y actitudinales, a la articulación soberana e imparable de los cientos de miles de logotipos que construyen la idiosincrasia de un país sin parangón. Sus films recuperan teselas muy precisas de ese gran mosaico, desde Reservoir Dogs, que se zambullía en el gansterismo cutre, hasta Django desencadenado, que redefine las semillas de algunos mitos fundadores. Tarantino ha mostrado siempre una especial predilección por los submundos, como el de la historieta de consumo y los pastiches (Pulp Fiction y sus dos entregas de Kill Bill), o como el universo de la blaxploitation (caso de Jackie Brown), y aunque hablar de su cine para llegar a la literatura de Michael Chabon pueda parecer enigmático, no lo es tanto.

Desde una estética distinta, en la que la fascinación por la sangre ha quedado solapada por una poética íntima y feliz, pero desde un conjunto de intereses sin duda no muy distinto, con su vocación por tallar en ficciones muchas de las facetas de ese asombroso diamante que son los Estados Unidos, el autor de Chicos prodigiosos lleva tiempo asomándose a esa dialéctica entre la industria del consumo, a la que Tarantino ha sabido poner imágenes y banda sonora, y una meditación sociológica sobre su sentido, reflexión servida mediante una escritura vigorosa y, en ciertos casos, como el de su última obra, Telegraph Avenue, decididamente triunfal. Buena parte del imaginario que Tarantino ha cincelado en sus películas, explota en palabras en esta magnífica novela que recorre, con voluntad melancólica y esa engañosa levedad tan del gusto de Chabon, uno de los pilares esenciales de la cultura americana: la música negra, con toda su constelación de significado, desde el jazz de Charles Mingus al hip hop de Jay Z, desde el bigote de Richard Roundtree a las piernas de Pam Grier, desde las Panteras Negras que sedujeron a Jean Genet a los guetos angelinos que ardieron tras la paliza a Rodney King, incluso desde Martin Luther King a Barack Obama, que tiene una breve pero seductora aparición en la novela.

Si en Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, reflexionando sobre el cómic como vivero profundo de parte de los triunfos y derrotas, esperanzas y miedos de la Norteamérica de la posguerra, Chabon no solo logró elevar a categoría de arte noble el a menudo malhadado reino de la historieta, sino que radiografió la deuda del Nuevo Mundo con la Vieja Europa al estudiar elementos nada desdeñables de la presencia judía en Estados Unidos, Telegraph Avenue logra que la música negra garantice un asomo de comprensión para el complejísimo entramado que articula las diversas piezas del puzle americano. Y es que, al fin y al cabo, en la creación contemporánea, el sampleado ha demostrado ser la técnica compositiva por antonomasia.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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