Prohibido matizar

19 / 07 / 2017 Nativel Preciado
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El sectarismo dominante es una canallada porque obliga a la gente a actuar como no es y a decir lo que no piensa.

Han coincidido en estos días una serie de disparates alucinantes. La polémica que se ha montado con motivo del XX aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco no se hubiera producido en otros tiempos. De hecho, el crimen fue tan horrendo que en las manifestaciones contra ETA de aquellos momentos no había siglas ni símbolos partidistas. Repugnó a toda la sociedad española por igual, sin distinción de ideologías. El argumento de la alcaldesa Manuela Carmena, que se negó inicialmente  a desplegar en el Ayuntamiento de Madrid una pancarta en su memoria, ya que “supondría destacar a una víctima sobre las demás”, no hay por donde cogerlo, porque fue un crimen singular y un punto de no retorno contra el terrorismo. Otro de los dislates es que a los de Catalunya en Comú les han llovido numerosas críticas, desde todos los bandos, por su “indefinición” sobre el referéndum, cuando solo se han limitado a matizar la diversidad de opiniones frente a las dudas jurídicas sobre la convocatoria del 1 de octubre. Habrá quien participe y quien no, quien vote o vote no, en función de lo que suceda cuando el Constitucional suspenda, probablemente, la ley del referéndum. La respuesta a las puntualizaciones y las dudas ha sido contundente: es necesario tener una postura nítida y clara, porque ante un hecho tan trascendental no valen las ambigüedades.

En la sociedad sectaria que vivimos, no se aceptan los matices ni las posturas disidentes. No cabe más que el estás conmigo o estás contra mí, sin fisuras, al margen de que se tenga un comportamiento errático y unos días te parezca bien y otras mal. El que tiene por costumbre establecer sus propias reglas de juego se convierte en sospechoso, inoportuno, diletante, en definitiva, en una persona poco de fiar. Lo sé por mí propia experiencia. Cada vez que en algún programa de televisión me aparto del argumentario o de la que se supone mi posición ideológica me llueven piedras, la tierra se abre a mis pies, la gente se me echa encima y pierdo un numero considerable de seguidores en las redes sociales. Me han llegado a decir, casi a modo de amenaza, que no me puedo sentar entre dos sillas, porque lo lógico es que me caiga y me haga daño. Nadie me impide pensar las cosas por mí misma y decir lo que me venga en gana, ahora bien, si me expreso en contra de lo que se espera de mí tengo que estar dispuesta a que me lapiden en Twitter. Yo era muy de matizar en televisión, pero confieso que en estos momentos supone una proeza y muchas veces ni me atrevo; no por cobarde, sino por incapacidad para decir un argumento en 140 caracteres y evitar equívocos.

En los medios audiovisuales la escasez de tiempo te obliga a decir las cosas, a modo de flash o titular, concisas, rotundas y en menos de un minuto. Si eres una persona independiente abierta a la complejidad y dispuesta a admitir un margen de error y no tienes asociación, partido, congregación o secta que te ampare, es mejor que te reserves si no quieres entrar en el mundo de los proscritos y sufrir los rigores de la intemperie. El sectarismo dominante es una canallada porque obliga a la gente a actuar como no es y a decir lo que no piensa. Y así nos va.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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