Perdón y olvido

12 / 07 / 2017 Nativel Preciado
  • Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

Para evitar que se repita la historia, es urgente que los familiares de las víctimas puedan sacar sus restos de las cunetas.

A propósito de las recientes conmemoraciones, lo último que hemos oído es que esta democracia cuarentona y desgastada necesita una reforma profunda y urgente. No perdamos la esperanza de que el sistema político haya corregido sus errores para la próxima celebración. Me refiero al aniversario de la Constitución del 78, que ya está próximo, y que servirá de disculpa para volver a las andadas, repetir argumentos y tópicos similares sobre méritos y deméritos de aquellos  personajes que transitaron de la dictadura a la democracia. Lo previsible es que a los padres de la Constitución se les cuelguen más medallas de las que ya tienen y vuelva a celebrarse otra sesión solemne en las Cortes presidida por el Rey. También lo es que los más radicales les juzguen otra vez con severidad, porque consideran que no hicieron lo suficiente, e incluso algo peor, una chapuza constitucional para salir del paso. A propósito de medallas, no se deberían colgar más de las debidas, para no soliviantar los ánimos de las víctimas que aún tienen motivos para sentirse agraviadas.

La ley de amnistía de 1977 que aún sigue vigente y que IU, entre otros, quiere derogar, no puede borrar la memoria histórica. Hay que recordar que alguno de los que se camuflaron en las listas cerradas de los partidos y lograron el acta de diputado, solo eran demócratas acomodaticios y oportunistas. A los que se cambiaron de chaqueta o se pusieron bajo el sol que más calienta, se les identifica fácilmente porque su forma de pensar era incoherente con su forma de actuar. Defiendo a los que tienen la lucidez o la humildad de admitir los errores del pasado y cambian de opinión y hasta de ideología, pero no a los farsantes que se camuflaron en los escaños para prolongar su carrera política o para salvar el pellejo. Cambiar de ideas puede ser una farsa o una evolución y algunos, como Adolfo Suárez, no fueron farsantes y es evidente que evolucionaron. Otros, sin embargo, bastante menos. Del cuestionado Martín Villa, que tuvo cargos relevantes en todos los Gobiernos de la Transición (más allá de que una jueza argentina haya dictado orden de busca y captura internacional al considerarle corresponsable de la matanza de Vitoria de 1976, donde asesinaron a cinco trabajadores e hirieron a 150) no hay que olvidar que en 1977 concedió la sendas medallas al Mérito Policial a dos policías torturadores, al tristemente célebre Roberto Conesa y a Billy el Niño, y a estas alturas se niega a dar explicaciones sobre el asunto. En la conmemoración del 15-M, dos hermanos de las víctimas de Vitoria reclamaron a Martín Villa que, al menos, pidiera perdón, a lo que respondió: “ No tengo que pedir perdón. No tengo nada que ver con ninguna masacre”.

Para evitar que en unos meses se repita una historia similar, es urgente que los familiares de las víctimas puedan sacar sus restos de las cunetas. Que se rinda un homenaje oficial a los derrotados en la Guerra Civil represaliados por la dictadura. Que no se cobije a los torturadores aludidos a quienes lejos de juzgarlos se les regaló, entre otros premios, un buen salario en varias empresas privadas. Una cosa es el perdón y otra el olvido.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

COMENTARIOS

No hay comentarios

ENVIA TU COMENTARIO

  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Grupo Zeta Nexica