Esclavas de la estética

13 / 09 / 2017 Nativel Preciado
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La industria de la estética tiene tanto poder que se impone por encima de la lógica, la salud y la libertad.

Cuando la modelo Zoiey Smale, 28 años, abandonó el concurso de Miss Continentes Unidos porque la consideraban gorda, recordé, por enésima vez, la inútil lucha de las mujeres contra la moda que nos tiraniza. La industria de la estética tiene tanto poder y tal capacidad de convicción que se impone por encima de la lógica, la salud y la libertad. Este sistema dictatorial nos fuerza a estar delgadas en exceso, aparentar la juventud que no tenemos, vestirnos envasadas al vacío, al estilo de Melania Trump, y calzarnos tacones de vértigo. Se agradece mucho que, de vez en cuando, alguien le plante cara a la moda opresora, como Michelle Obama mientras habitó la Casa Blanca, o la joven Smale, Miss Reino Unido, 1,80 de estatura, 70 kilos y talla 38, que se niega a adelgazar para que la admitan en esa carrera de dislates que son los concursos de belleza. “No comprendía por qué tenía que adelgazar más. Es horrible –decía la pobre– me han hecho sentirme una basura durante este tiempo”.

No queda más remedio que seguir luchando contra la imagen de esas mujeres irreales que aparecen resignadas dos pasos detrás de sus maridos, luciendo, entre otras aberraciones, su extrema delgadez. Lo peor de todo es que se convierten en codiciados ideales estéticos. Llevamos décadas pidiendo un cambio de look en los diseñadores, las marcas de lujo y las pasarelas para combatir un ideal de belleza chic, extraño e inalcanzable para evitar que muchas niñas inmaduras padezcan anorexia. He señalado varias veces un dato patético, que una de cada tres estadounidenses diga que su mayor deseo es perder peso y que la mitad de las jóvenes británicas estén convencidas de que si estuvieran más delgadas serían más felices. En 2006 la madrileña Pasarela Cibeles fue la primera en impedir que desfilasen maniquíes con un IMC menor de 18. Hace poco tiempo que Francia exige a las modelos demasiado delgadas, según el índice de masa corporal establecido por la Organización Mundial de la Salud, un certificado médico para desfilar y quien incumpla la ley podría ser condenado a penas de hasta seis meses de prisión y multas de 75.000 euros.

Los trastornos de conducta alimentaria afectan a miles de jóvenes en Francia y son la segunda causa de mortalidad entre las personas de 15 a 24 años, por detrás de los accidentes de tráfico. En España la enfermedad ha aumentado casi un 16% el último año y causa estragos entre las adolescentes. Ni el imperio de Amancio Ortega se ha librado de denuncias por exhibir modelos (con o sin Photoshop) en estado de desnutrición manifiesta. La delgadez, sin embargo, no es el único problema, también te apremian para que te sometas a constantes reparaciones para tener el pelo brillante, la piel tersa, el vientre plano, el rostro sin manchas o las manos sin arrugas, porque detrás de esa estresante lucha contra la naturaleza hay una poderosa industria que mueve miles de millones para promocionar nuevos cosméticos, productos de dieta y toda clase de artilugios destinados a propagar la obsesión por la juventud y la belleza. Su objetivo es que estemos permanentemente insatisfechas.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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