Efectos irreparables

26 / 01 / 2012 Nativel Preciado
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Una de las consecuencias más funestas de la recesión son los recortes en I+D, que provocan una fuga de cerebros masiva.

Se ha establecido un implacable orden de prioridades que permite pocas sutilezas. Los dirigentes políticos dedican casi todos sus esfuerzos primero a reducir el déficit, tal como marcan las exigencias internacionales, y después a intentar disminuir las pavorosas cifras del paro. Es cierto que se enfrentan a problemas tan acuciantes que se sienten autorizados para postergar todo lo demás, como si viviéramos en una economía de guerra donde solo se atiende al funcionamiento de lo indispensable. Algunos autores sostienen que estamos inmersos en la Tercera Guerra Mundial, aunque sean incapaces de identificar con precisión dónde se encuentra el escenario bélico ni las armas de destrucción masiva. Para que nos vayamos haciendo a la idea, los más agoreros aseveran que la Gran Recesión se prolongará durante varios años.

El Banco de España ha ratificado esta semana los negros pronósticos del FMI y nos vaticina una nueva recaída para este año, con una recesión del 1,5% del PIB, la destrucción de medio millón de puestos de trabajo, lo que elevará la tasa de paro hasta el 23%... y así, hasta mediados de 2013, cuando se registrará una leve o casi insignificante mejoría, en caso de que aceptemos la correspondiente dosis de sacrificios. La anunciada subida del IRPF frenará el consumo privado y agravará la recesión, así que, frente al implacable deterioro de la economía el Banco de España propone una receta aún más severa que la que venimos soportando. A lo anterior habría que añadir una mayor moderación salarial y una contundente reforma laboral.

Cada vez son más los ciudadanos que no se resignan y se cargan de argumentos para rechazar las crecientes apreturas económicas, sobre todo, porque cuatro años de ajustes no han servido para iniciar la recuperación. Por el contrario, los resultados han provocado más desempleo y una diferencia creciente de la desigualdad en la distribución de la riqueza. La renta media del 10% que más ganaba en 2008 (al comienzo de la crisis) era 12 veces superior al 10% de los que tenían una renta menor, según datos de la OCDE. Y la brecha sigue aumentando. Otros efectos indeseados han sido la disminución del gasto público y la privatización de los servicios o los recortes en I+D. Estos últimos han impulsado una campaña para que los contribuyentes exijan una casilla en su declaración de la renta para dedicar a la Ciencia el 0,7% de sus impuestos. (Se puede firmar en Internet hasta el 1 de febrero). El Gobierno no solo ha recortado 600 millones del presupuesto, sino las plazas dedicadas a la investigación. Una de las consecuencias más funestas ha sido la fuga masiva de cerebros. El perfil del que busca trabajo en el extranjero es el de un joven de alrededor de 25 años, altamente cualificado y sin cargas familiares. El número de estos emigrantes se ha duplicado desde que comenzó la crisis y se ha incrementado aún más en los dos últimos años.

Algún día llegará el momento de la reactivación económica, pero si antes no se impide semejante deterioro, será más duro reconstruir un país sobre las ruinas.

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