Cosas de la edad

18 / 10 / 2017 Nativel Preciado
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“¡No sueñes con algo, sé!”, es la fórmula que recomienda Susan Sarandon para mantener vivos los sueños.

Cuando veo a Susan Sarandon tan luminosa y combativa me hace pensar en la capacidad de resistencia frente a la fugacidad del tiempo. La actriz ha pasado unos días en España para recoger el Gran Premio Honorífico del festival de Sitges y ha dado, como es habitual, un ejemplo de vitalidad y un testimonio lleno de esperanza y compromiso sobre la situación de su oficio y el ambiente que se vive en su país. “Tranquilos, en Estados Unidos no es el fin del mundo como parece. Mucha gente lucha por reconstruir aquello que Trump está destruyendo”. La protagonista de Atlantic City sigue denunciando la imagen distorsionada que ofrece el cine sobre las mujeres, porque considera que Hollywood, al estar dirigido por hombres, sigue siendo sexista y racista. No obstante, se siente satisfecha de haber participado en películas tan combativas como Thelma y Louise y Pena de muerte, eficaz alegato contra las ejecuciones en Estados Unidos. En la primera interpretaba a Louise, la heroína que dispara contra un hombre que está a punto de violar a su amiga Thelma. Durante su forzosa huida, las dos fugitivas se defienden con métodos expeditivos de la violencia machista y, cuando se ven acorraladas, eligen la muerte antes de perder su libertad. A partir de aquella película, Sarandon se convirtió en símbolo de las mujeres libres y emblema feminista, papeles que ha ejercido con persistencia tanto en su profesión como en su vida privada. Está muy orgullosa de su trayectoria profesional y de trabajar con cineastas capaces de aportar una visión diferente de las mujeres. Su personaje favorito fue el de la hermana Helen Prejean en Pena de muerte, con el que obtuvo el Oscar a la mejor actriz, por ser uno de los testimonios más contundentes contra el sufrimiento añadido que provoca la pena capital, no solo en el reo, sino entre los familiares de las víctimas, los funcionarios y los verdugos que están obligados a ejecutar la sentencia. La capacidad de resistencia de Sarandon está tan acreditada como lo bien que lleva su lucha contra el paso del tiempo. “¡Se conserva estupendamente para su edad!” es la frase inevitable. Evocaba en Sitges el esfuerzo y la neumonía que le costó interpretar su primera película cuando tenía 28 años. Han pasado cuatro décadas, ha rodado un centenar de películas, ha cumplido 71 años y lejos de tirar la toalla se muestra tan combativa como en aquellos tiempos. Y ese es otro de sus méritos, la seguridad con la que exhibe su llamativo aspecto físico y, aunque ella se empeña en salvaguardar su privacidad, no hay ocasión en que no le pregunten por la juventud de sus parejas. Tim Robbins, su exmarido, es 13 años menor; 31 le separan de su reciente compañero Jonathan Bricklin; y, de ser cierto el romance con Liam Neeson, él es 6 años menor. “Cuando estás enamorado, las preguntas sobre la edad, el sexo o el color carecen de importancia –explica Sarandon–. Es el alma de la persona lo que me interesa”. Y se fue de Sitges dejándonos su lema: “¡No sueñes con algo, sé!”. Dice que es la única fórmula para mantener vivos los sueños.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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