Más austeridad, más ajustes y más de todo

28 / 05 / 2013 10:39 José Oneto
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España ha puesto en práctica la receta alemana, pero la recapitalización bancaria y las palabras mágicas de Draghi no han mejorado el acceso de las empresas al crédito.

Luis Garicano (Valladolid, 1967), catedrático de Economía y Estrategia de la London School of Economics, considerado por el Financial Times como uno de los economistas jóvenes con más prestigio del país, autor de un blog imprescindible para seguir la actualidad económica (Nada es gratis) y miembro de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada, se ha atrevido a lo que no se ha atrevido ningún economista de prestigio: pedirle a Alemania que juegue limpio, o, por el contrario, que abandone el euro.

Cuando muchos expertos y analistas, como si se hubiesen puesto de acuerdo, insisten en que la Eurozona, si no encuentra soluciones definitivas, puede romperse y que países como España, que ahora están más cerca de parecerse a Argentina que a Alemania, podrían abandonar la moneda única, Garicano asegura, en un trabajo publicado en The Economist, que si la Unión Bancaria (la obsesión, junto con la prima de riesgo, del presidente del Gobierno español) se hace en plan barato, como una chapuza, fracasará, a pesar de las esperanzas que se han depositado en el proyecto.

Garicano parte de la última posición del ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, al proclamar, recientemente, que la Unión Bancaria solo tendrá sentido con una revisión de los tratados para poder refinanciar directamente los bancos, restructurarlos y liquidarlos, además de no asegurar los depósitos. Garicano utiliza el caso de España como hilo conductor y detalla la tendencia de estos años de crisis: cómo ha ido empeorando el círculo vicioso entre deuda soberana y riesgo bancario y cómo, hace un año, el Consejo Europeo se conjuró precisamente para acabar con ello. Poco después los alemanes dijeron que querían aclarar las dudas y lo que hicieron fue echarse atrás, sobre todo respecto a la deuda heredada, que no sería aceptada. Con ello, dejaban a cada país al pie de los caballos.

“La única decisión que se ha tomado es la que ostensiblemente no cuesta nada, el Mecanismo Único de Supervisión, que empezará a funcionar en marzo”, dice Garicano. Es “triste” que Schäuble dé marcha atrás, añade, porque la única posibilidad de supervivencia del euro es reconocer que “todos han cometido errores”, y que esos errores han perjudicado a los países deudores, perjuicios que se están propagando ahora a los otros. “En otras palabras, compartir un legado de deudas es justo y propiciaría el crecimiento, siempre que haya instituciones firmes para evitar futuras burbujas de crédito”.

En el caso de España, el círculo vicioso entre deuda soberana y problemas bancarios ha ido a peor: en octubre de 2008 el sistema financiero tenía 78.000 millones de euros en deuda pública española, cantidad que en febrero de este año había subido a 259.000 millones, casi el 30% del PIB. Además, sus créditos directos a nivel gubernamental, que eran negativos en 22.000 millones porque la Administración tenía más depósitos que préstamos, son ahora positivos en 49.000 millones. Y todo porque España ha estado poniendo en práctica la receta alemana al pie de la letra, pero la recapitalización bancaria, combinada con las palabras mágicas de Mario Draghi, no ha mejorado el acceso al crédito por parte de las empresas.

En resumen, según se deduce de lo que sostiene el brillante economista, el Estado español tiene en su poder más riesgo bancario, los bancos tienen en su poder más deuda del sector público, el crédito está restringido y el crecimiento está sufriendo. La Unión Bancaria de bajo coste que se está sugiriendo, que pone el peso del saneamiento en los Estados miembros individualmente, no va a acabar con estos problemas, por lo que necesita fuertes poderes centralizados de resolución dentro del supervisor: “Como demuestra la debacle de las cajas, las autoridades locales están demasiado cerca de la gestión y no internalizan el coste al sistema de los bancos tambaleantes”. Y termina Garicano con una propuesta atrevida pero que es irreal: “Después de las elecciones alemanas, Europa tiene una pequeña ventana de oportunidad para rescatar el proyecto del euro. Es hora de que Alemania acepte lo que firmó al unirse al euro o que se vaya”.

a pesar de la brillantez de la propuesta, no parece que pueda convertirse en realidad porque el euro, si es algo, es esencial y profundamente alemán y es Alemania, queramos o no, quien pone las reglas y condiciones de la política económica europea. Alemania acaba de anunciar que descarta cualquier cambio de política tras las elecciones de septiembre que vaya en contra de la austeridad y las reformas, aunque le suponga eso que se ha definido por “germanofobia”, algo que Berlín esta dispuesta a soportar, convencida, aunque muchos lo duden, de que la única receta pasa por los ajustes, la reforma laboral en países como España y el saneamiento y credibilidad de la banca, donde es posible que en el caso español haya que acudir a una ampliación de los 40.000, millones que se han utilizado para el rescate del sector financiero.

En este sentido, los inspectores de la Troika –la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional– volvió a Madrid la semana pasada para examinar si España cumple ya todas las condiciones exigidas a cambio del rescate bancario de hasta 100.000 millones de euros, autorizado por el Eurogrupo, y para analizar los avances en la estabilización del sistema financiero. Aunque oficialmente de momento ni la Comisión ni el Gobierno de Mariano Rajoy consideran pedir más dinero del rescate para inyectar a la banca, más allá de los 40.000 millones que ya se han utilizado, se reconoce que la situación es aún difícil, que probablemente el Gobierno se ha quedado corto en la utilización de esos 100.000 millones y que, quizás, haya que ampliar el rescate ante la nueva política de refinanciaciones y provisiones marcadas por el Banco de España. Es decir, que en el horizonte solo hay el camino de más austeridad, más ajustes y más de todo... a pesar de Garicano y de The Economist.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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