La travesía del desierto de APR
Alfredo Pérez Rubalcaba parte, como secretario general del PSOE, con casi todo en contra, después de que el partido haya perdido prácticamente todo el poder autonómico y municipal.
Desde esta misma semana en la que APR (Alfredo Pérez Rubalcaba), nuevo secretario general del PSOE, ha comenzado a preparar las decisivas elecciones autonómicas de Andalucía y Asturias, su primer gran reto político, se inicia una larga travesía del desierto que terminará, en principio, en las elecciones generales de 2015.
Una travesía en la que el nuevo hombre fuerte socialista parte, desde la más absoluta precariedad, con casi todo en contra, después de que el PSOE haya perdido el poder local, autonómico y municipal, con un partido dividido entre rubalcabistas y chaconistas, entre zapateristas y felipistas y, sobre todo, con un ambiente de enfrentamiento que no se había producido en otros congresos.
Una travesía para la que no solo no estaba preparada su principal contrincante y candidata, apoyada por el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, Carme Chacón, sino que no estaba dispuesta a recorrerla con humildad y esfuerzo, según se encargó de resaltar durante su discurso histriónico, lleno de lugares comunes, ante los 936 delegados, tratados como si estuviesen en una asamblea de facultad y no en un congreso decisivo para el futuro del principal partido de la oposición.
lo dijo a gritos y con un lenguaje corporal que recordaba más un mitin electoral que a un acto de reflexión de partido: “No estoy dispuesta a presentarme para administrar solo la travesía del desierto. Y nada de interinidad”.
Le perdió su ambición y, sobre todo, su discurso, cuando tenía bastantes posibilidades de alzarse con el triunfo, porque contaba con los suficientes delegados como para poder ganar, especialmente en Cataluña y Andalucía.
Pero, al final, su intervención, mucho más a la izquierda y, sobre todo, más sectaria que la de Pérez Rubalcaba, llena de lugares comunes, de frases oídas cientos de veces, de eslóganes de campaña, de tics propagandísticos y populistas, terminó con sus posibilidades.
le perdió el discurso, pero también la falta de preparación, aunque ella no se da por vencida y, con toda probabilidad, concurrirá a las primarias que se convoquen, en su momento, para la candidatura a la presidencia del Gobierno, en la que participarán militantes y simpatizantes socialistas.
Ha sido el triunfo del felipismo frente al zapaterismo, de la seguridad frente al riesgo; de la solidez y de la reflexión que da la experiencia, frente a la improvisación que da la falta de condiciones para el cargo; del programa y de las propuestas frente a la improvisación; del lenguaje realista y sólido con propuestas razonables que puedan contribuir a olvidar pasados errores, frente al lenguaje populista, vacío de contenido y volcado en una pseudo renovación basada simplemente en el relevo generacional.
Después de haber formado una dirección del partido poco integradora, en la que están pocos zapateristas (salen la propia Chacón, que no ha querido estar, José Blanco, Leire Pajín, Juan Fernando López Aguilar, Pedro Zerolo, Miguel Iceta...) y en la que se ha metido con calzador, nada más y nada menos, como presidente del partido en sustitución de Manuel Chaves, que al presidente de Andalucía, José Antonio Griñán, que ha jugado claramente a favor de Chacón, y al que se intenta apoyar para evitar un nuevo desastre en Andalucía el próximo 25 de marzo. Es, junto con Asturias, la primera prueba de la larga travesía.


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