Juego de tronos y el rey que abdicó…

07 / 07 / 2017 José Oneto
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Desde el momento de la abdicación del rey emérito don Juan Carlos, según un acuerdo no escrito, son muy pocas las veces que han aparecido los dos Reyes juntos.

Juego de tronos es una de las series de televisión de más éxito de estos últimos años, basada en  una novela de fantasía escrita por el norteamericano George R. R. Martin, su primera entrega Canción de hielo y fuego constituyó un auténtico éxito de crítica y sobre todo, de público. Su éxito ha traspasado todas las fronteras y se ha convertido en una serie de culto por sus numerosos efectos mágicos, por la fuerza de sus personajes y, quizás, por su peculiar estética medieval. En España, el único político que ha hablado con entusiasmo de la serie ha sido Pablo Iglesias, que la considera un modelo de producción cinematográfica de la que pretende sacar todo tipo de conclusiones políticas. 

En el mundo de esas conclusiones, Podemos se ha significado como una familia que aspira al Trono de hierro. Mueve sus fichas y cuenta con un ejército de fieles que afirman darles su voto. Pablo Iglesias es el aspirante. Ese aspirante ha manifestado tal pasión por la serie que ha coordinado el libro Ganar o morir. Lecciones políticas en Juego de tronos editado por Akal. El líder de Podemos viene a decir en su ensayo, que tampoco nos obsesionemos con la ejemplaridad, que estar solo sirve como medio para ganarse la legitimidad que lo lleve a uno al Trono de hierro.

“Anteponer los principios al poder llevó al honorable Ned Stark [uno de los personajes de la serie] a la derrota” y a él no quiere que le pase lo mismo. Por eso cambia tanto sus promesas electorales. Solo le importa ganar...“El mundo de Juego de tronos”, dice Iglesias en ese prologo, es, al igual que el nuestro,un tablero complejo con múltiples tensiones y luchas de poder. No existe una legítima legitimidad sin poder, aunque sí puede existir durante siglos un poder poderoso sin legitimidad; he ahí el verdadero drama de la política”.

Acostumbrado a hacer regalos, en ocasiones en las que quiere agradar, sabiendo cómo sabe, el grado de rechazo que su persona produce en muchos sectores, Juego de tronos ha sido el regalo que desde que se empezó a difundir la serie  en España, el dirigente de Podemos, tenía reservado para el rey Felipe VI. Hace dos años, aprovechaba  la visita a Bruselas del Rey en un viaje para conocer las instituciones europeas y poder hablar con los europarlamentarios españoles, para entregarle una copia de la serie. Para hacérselo llegar, se saltaba el protocolo. A pesar de ello, el monarca le agradecía el presente y aseguraba a un Iglesias un tanto sonrojado: “Me parece muy bien, no la he visto”. El  líder de Podemos  comentaba  que le había entregado las cuatro temporadas de la serie para que “le dé las claves sobre la crisis política de España”.

Este cronista ignora si, por fin, el Rey ha logrado ver algunas de las temporadas. Lo que sí está seguro este cronista, es que es poco probable que haya podido sacar conclusiones de esos diálogos y de esos guiones de factura medieval. Y lo digo porque,  entre los corrillos que el pasado 26 de octubre, el día en que se conmemoraba el 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas, después de 40 años de dictadura (era la primera vez que el Rey definía como dictadura los 40 años del mandato de Franco), alguien de Podemos, cercano a Pablo Iglesias, la conclusión que sacaba de la reacción del rey emérito, Juan Carlos de Borbón, en la ausencia del acto conmemorativo, era que se trataba como un episodio más  de Juego de tronos.

Pero no, no se trata de ningún capítulo que pueda recordar la célebre serie. Se trata, simplemente, de un error magnificado que se ha intentado dulcificar con un problema de protocolo, cuando el protocolo, está para romperlo y adaptarlo a las circunstancias y al sentido común. Es verdad que si hubiese asistido el rey emérito, en tanto se repartieron medallas conmemorativas a políticos que intervinieron, hace cuarenta años, en el proceso del transito de la dictadura a la democracia, todos los que le han venido criticando desde el mismo momento en que decidió abdicar en su hijo, hubieran protestado por su presencia afeándole además, su comportamiento último, que junto con el caso Nóos, provocó la renuncia de don Juan Carlos y el nombramiento como sucesor de su hijo Felipe.

Pero, también es verdad que, si el acto del cuarenta aniversario se convierte en un homenaje a quienes desde la política, contribuyeron al éxito de la Transición, allí debió haber estado Juan Carlos de Borbón, sin que eso signifique que estamos ante dos Reyes. Si estamos ante un error de protocolo, aclárese y delimítese, además, las funciones del rey que abdicó las ha cumplido a la perfección. Si, por el contrario, se quiere revestir todo de un debate constitucional, sería otro error porque, a pesar de lo que opinen determinados expertos, el quid del debate no está precisamente ahí.

Don Juan Carlos abdicó porque pensó que era lo mejor para el futuro de España y de la monarquía. Desde entonces  según un acuerdo no escrito, son muy pocas las veces que han aparecido los dos Reyes juntos. Dentro de unos meses, cumplirá 80 años, y, en 2018,  hará cuarenta años de la aprobación de la Constitución.  Es el momento en que reciba el homenaje que se merece. No conozco suficientemente la serie Juego de tronos, como para encontrar algún tipo de paralelismo.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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