Después del 9-M

09 / 05 / 2008 0:00 José Oneto
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Unos y otros se han llamado imbéciles, mentirosos, agresores, analfabetos, traidores, entreguistas y mucho más. Unos y otros han utilizado cifras y estadísticas a su antojo.

El segundo debate Rajoy Zapatero, que ganó el presidente del Gobierno a los puntos, cerró de hecho la campaña electoral y tendrá poca influencia en las elecciones de este domingo 9 de marzo, entre otras razones porque ninguno de los dos hablaron del día después. Si en vez de insultos y descalificaciones hubiesen hablado de propuestas, si hubiesen informado al país de cuáles son sus planes concretos para la legislatura que ahora empieza y si, sobre todo, hubiesen aclarado al electorado qué tipo de acuerdos piensan hacer, con quiénes idean pactar y qué papel van a desempeñar en esos pactos los partidos nacionalistas, los ciudadanos que van a votar este domingo tendrían las ideas claras de cual va a ser la política en este país en los próximos cuatro años, qué estabilidad vamos a tener y, sobre todo, que Gobierno se va a formar para hacer frente a la crisis económica que ya está aquí.

Cuando de todas formas, no parece que los dos debates hayan provocado muchos cambios de votos, aunque determinadas encuestas señalan que de los dos millones de indecisos que detectan los sondeos desde el inicio de la campaña electoral la mitad se ha decidido por una u otra opción después de ver los debates. Es más, algún sondeo llega a precisar que entre los que tenían decidido su voto, hubo un millón que decidieron mudar. Lo hicieron en mayor proporción (850.000) quienes dijeron que dejarán de votar socialista para elegir otras opciones políticas. Del otro lado, la solidez del voto popular, donde apenas llegan a 150.000 los que, después de los dos “cara a cara”, confiesan haber cambiado de opción.

Es verdad que las cifras se corresponden, más o menos, con el grado de fidelidad que existe entre los votantes del Partido Socialista y del Partido Popular, pero la mayoría de los expertos en demoscopia no creen que la influencia de los debates televisados haya tenido tanto efecto inmediato, aunque si mediático, sobre el electorado. Sobre todo cuando se ha conocido que la estrategia del PP ha estado centrada en procurar que haya la mayor abstención posible entre los votantes socialistas.

Es posible que cuando este numero de “Tiempo”, que se pone a la venta en los quioscos a partir del Viernes día 7 de Marzo, llegue a manos de los lectores, muchos de ellos estén en plena “jornada de reflexión”, a punto de depositar su papeleta en las urnas, e incluso los más rezagados en acercarse al quiosco puede que conozcan ya los resultados definitivos de las primeras elecciones generales en las que, después de quince años, se han recuperado los debates políticos entre los candidatos, aunque el resultado de los mismos no haya sido tan brillante como la mayoría de los ciudadanos esperaban.

Por lo tanto, hacer pronósticos, analizar las últimas encuestas o interpretar los sondeos diarios que a lo largo de la campaña han venido manejando los dos partidos, carece de sentido, sobre todo, en una campaña que ha sido atípica, que ha estado más polarizada que nunca y en la que los insultos y las descalificaciones, especialmente durante la recta fi nal, han adquirido categoría de normalidad.

Unos y otros se han llamado imbéciles, mentirosos, manipuladores, agresores, analfabetos, traidores, entreguistas y mucho más. Unos y otros han utilizado las cifras y las estadísticas a su antojo, intentando llevar el agua a su molino particular. Y unos y otros han prometido cosas que saben que no pueden cumplir, con lo que han llevado el escepticismo a un electorado que, en estos momentos, no sabe si los quinientos millones de árboles que han prometido plantar es una oferta electoral de Zapatero o las ayudas a los que tengan dificultades para pagar la hipoteca al final de mes por la subida de los tipos de interés es una promesa de Mariano Rajoy.

Como la propia legislatura, esta ha sido probablemente una de las campañas más largas (realmente la precampaña se abrió en 2004, al día siguiente de la derrota popular con el pronostico de que el nuevo Gobierno solo duraría meses por la precariedad de sus apoyos parlamentarios), más crispadas y más variadas en ofertas y contraofertas de todas las que se han celebrado en los últimos treinta años.

Se ha ofrecido de todo y para todos: desde guarderías, enseñanza de inglés gratis a partir de los tres años y atención bucodental infantil gratuita para toda la población infantil, pasando por ayuda a los que quieren dejar de fumar o mamografías en un tiempo record para todas las mujeres, y hasta protección policial y minicréditos para las mujeres amenazadas por esa plaga que es la violencia de género, que a golpe de actualidad ha entrado de lleno en la campaña cuando, antes de esa actualidad, los principales partidos ni siquiera se habían acordado de ella en los programas.

Al final, entre debate y debate, la campaña ha quedado congelada y cuando este numero de “Tiempo” entraba en maquinas la única y gran incógnita seguía girando en torno a la “Niña de Rajoy” y a su futuro. Si no, compruébenlo en Internet, entrando en la página www.laniñaderajoy.com.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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