Thatcher/Rajoy, Reino Unido/España
Rajoy es conservador, como Thatcher. No hay más coincidencias. El presidente español no es tan liberal. Cree en Europa y en el euro como solución y también reclama más relajación monetaria al BCE.
Jesús Fernández Villaverde es un economista puntero y polémico. Cristóbal Montoro y Luis de Guindos no son precisamente –y quizá por razones diferentes– admiradores suyos. Tampoco despierta grandes entusiasmos entre el área económica del PSOE. Su currículum explica que es catedrático de la Universidad de Pensilvania y miembro de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA), uno de los principales think tank –centro de pensamiento– económicos españoles, surgido en su día bajo la tutela del desaparecido Luis Ángel Rojo, que también fue gobernador del Banco de España. Fernández Villaverde, junto a otro miembro de FEDEA, Luis Garicano, catedrático de la London School of Economics, han arremetido contra la política de Mariano Rajoy, como antes lo hicieron contra la de José Luis Rodríguez Zapatero. Sus críticos, en el Gobierno y fuera del Gobierno, esgrimen que sus títulos de catedráticos solo suponen que están contratados por sus respectivas universidades o escuelas. También añaden que, sobre todo Garicano, aspiraban a ser ministros.
Fernández Villaverde pronunció a finales del año pasado una provocadora conferencia-desayuno en Madrid, en el foro del Club Empresarial ICADE, titulada La salida de la crisis, cómo y cuándo. La muerte de la ex premier británica, Margaret Thatcher, pone otra vez de actualidad algunas de las reflexiones del polémico economista. El profesor de Pensilvania recordaba a su auditorio cómo otros países habían logrado salir de situaciones mucho más complicadas que la de España. Apelaba al ejemplo británico, no solo para él paradigmático. El economista rememoraba que Margaret Thatcher ganó las elecciones por primera vez y por mayoría absoluta un 5 de mayo de 1979, con el país en una situación tan límite que había tenido que pedir ayuda –el rescate de aquella época– al Fondo Monetario Internacional, algo que tuvo que hacer el Gobierno laborista de James Callaghan, que luego se estrelló en las urnas, con un país en uno de los peores momentos económicos de su historia moderna. Pues bien, al día siguiente de ganar las elecciones, Margaret Thatcher anunció la composición de su Gobierno y dos días más tarde, el 8 de mayo, presentó su nuevo Presupuesto. Fernández Villaverde –pero lo podía hacer cualquiera porque son datos obvios– compara ese proceso con la llegada de Rajoy al poder en noviembre/diciembre de 2011. Mariano Rajoy ganó las elecciones al frente del PP, también por mayoría absoluta, el 20 de noviembre. Hasta un mes más tarde, el 20 de diciembre, no anunció su Gobierno, y todavía esperó otros cuatro meses, hasta que se celebraron las elecciones andaluzas, para presentar sus primeros Presupuestos. Un viejo refrán afirma que “las comparaciones son odiosas”. Es evidente que para Rajoy y para su Gobierno las comparaciones que establece Fernández Villaverde pueden resultar odiosas, pero eso no significa que los datos y los hechos no sean reales. Thatcher es ahora la protagonista por su desaparición, pero el calendario fue casi idéntico cuando el laborista Tony Blair ganó las elecciones por primera vez, en mayo de 1997.
Margaret Thatcher, por otra parte, levantó la bandera antieuropea, arraigada en el Reino Unido, pero que también tiene partidarios en otros lugares. “La moneda única será fatal para los países más pobres porque destrozará sus economías ineficientes”, fueron sus palabras en 1990, que ahora desempolvan, desde la izquierda y la derecha más radicales, los enemigos del euro. Thatcher no quería saber nada de que, sin el euro, países como España, tan diferentes del Reino Unido, como es evidente, se hubieran hundido en los abismos y quedado a su suerte en esta crisis, obligados a sacrificios mucho mayores que los que exige la odiada Troika –FMI, Unión Europea y Banco Central Europeo (BCE)– a quienes rescata.
El gran éxito, hasta ahora, de Mariano Rajoy, en un país tan diferente al Reino Unido pero también al paraíso socialdemócrata sueco, que en los años 90 aplicó reformas con diligencia, que no contenido, thatcheriana, ha sido evitar la intervención de la economía española. Rajoy proclama que el euro es irreversible y se aferra a Europa, porque para España, en contra de lo que pudiera pensar Thatcher, la solución es y siempre ha sido más Europa. El presidente del Gobierno, por otra parte, reclama a la canciller Angela Merkel y al BCE, que preside Mario Draghi, más relajación monetaria, mientras todas las fuerzas parlamentarias –como quedó claro en el debate del miércoles– apelan al ejemplo del experimento japonés: duplicar la cantidad de dinero existente por el método de fabricar billetes. Es un recurso tan heterodoxo como peligroso, que hará que el dinero valga la mitad. Nadie garantiza el éxito y los riesgos son enormes, porque la moneda japonesa, a diferencia del dólar estadounidense, no es divisa de referencia por excelencia, ni está soportada por la mayor economía del mundo. Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba, incluso desde sus discrepancias, y el resto de las fuerzas políticas española, olvidan, como recordaba también desde Londres un gestor de prestigio como David Lacalle, que el BCE también ha aumentado su balance en 1,5 trillones de dólares en cuatro años –con una masa monetaria en la Eurozona de 9,7 trillones– y que ya es superior incluso al de la Reserva Federal Americana, que dirige Ben Bernanke y que tantas veces se pone de ejemplo. A Rajoy, claro, le gustaría que todavía creciera más, porque, entre otras cosas, el presidente del Gobierno tiene poco que ver con Thatcher y España no es el Reino Unido, donde los gobiernos cambian al día siguiente de las elecciones.


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