Soraya, socialistas, bancos y salarios
La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría es un huracán reformista que ha empezado a sacudir toda la administración, en donde se anuncian los mayores cambios en un cuarto de siglo.
soraya sáenz de santamaría manda mucho y ya es la mujer con más poder en España quizá desde hace siglos. Manda por las funciones que ha asumido y por las que, de forma indirecta. le ha delegado el presidente, Mariano Rajoy. Las primeras acumulan nada menos que once páginas del Boletín Oficial del Estado. Las segundas, más sutiles, no son menos importantes, como saben el resto de los ministros, obligados -incluidos Cristóbal Montoro y Luis de Guindos- a tener presentes las opiniones de la vicepresidenta. Las comparaciones siempre son odiosas, pero la número dos del Gobierno tiene mucho más poder del que tuvo su predecesora, María Teresa Fernández de la Vega, antigua rival parlamentaria a la que con frecuencia la mujer de confianza de Rajoy sacaba de sus casillas. La enumeración de competencias no arroja dudas, pero solo el hecho de que el CNI -la inteligencia española- dependa de Sáenz de Santamaría zanjaría la cuestión. La vicepresidenta, además, de acuerdo con el jefe Rajoy, está decidida a ejercer su poder. Empezó a hacerlo desde el primer momento.
Fue la cara pública del complicado estreno del Gobierno con la inesperada subida de impuestos, y salió airosa del envite. Ahora, en un asunto que domina -es abogada del Estado- ha anunciado muy profundas reformas, tan demandadas como esperadas y criticadas, en la Justicia. Nuevos procedimientos para la elección de los vocales del Consejo General del Poder Judicial, miembros cuasi vitalicios en el Tribunal Constitucional y recuperación del recurso previo de inconstitucionalidad. El aperitivo de otros cambios jurídico-legales que intentará poner en marcha -como también ha anunciado el ministro Alberto Ruiz-Gallardón-, casi todos también de largo recorrido y calado profundo. Rajoy, a través de Soraya Sáenz de Santamaría, ha empezado a demostrar sus verdaderas intenciones. La principal prioridad es la situación económica, pero enseguida una reforma profunda de la Justicia en general y en mayúsculas. Habrá polémica porque no será a gusto de todos -tampoco lo fue en otras ocasiones-, pero si ha habido alguna oportunidad de grandes cambios en la Justicia, es el momento. El Gobierno parece decidido y tiene los medios para hacerlo.
La vicepresidenta Sáenz de Santamaría, luego seguida por el ministro Ruiz-Gallardón, ha lanzado su órdago sobre la Justicia nada más comenzar la legislatura. Las reformas esbozadas son tan ambiciosas que, en el mejor de los casos, tardarán mucho tiempo en salir adelante. Los socialistas, ahora enredados en sus asuntos internos, en busca de un líder, tendrán que jugar un papel importante, como partido de oposición. Sin embargo, no es todavía su momento. No son partidarios de las propuestas de Sáenz de Santamaría, pero lo que de verdad les interesa es quién sucederá a Zapatero al frente del partido tras el congreso de Sevilla: Alfredo Pérez Rubalcaba o Carmen Chacón, si es que al final no surge un tercero en discordia que, claro, podría ser -aunque no es probable- el alcalde de Toledo, Emiliano García-Page, hijo político de José Bono, lo que no impide que pueda, y de hecho lo hace, volar por cuenta propia. Y al día siguiente de tener nuevo líder, los socialistas -bastante desconcertados en las últimas semanas- tendrán que concentrarse en salvar su último bastión, Andalucía, en las elecciones del 25 de marzo. Por primera vez todo es posible. Javier Arenas y el PP pueden alcanzar la mayoría absoluta, pero también pueden quedarse con la miel en los labios. Solo con el resultado andaluz en las manos, el PSOE que lideren Rubalcaba, Chacón o un tercero se lanzará de verdad a la oposición del día a día y a recuperar espacios y votos, sobre todo votos.
Pueden resistir en Andalucía, pero en el resto de España los datos que reciben no son alentadores, porque las primeras encuestas poselectorales abundan en un mayor desafecto general con los socialistas. Los más veteranos en la política recuerdan que algo similar le ocurrió al centro derecha tras la apabullante victoria de Felipe González en 1982. La historia no se repite, como explicaba Popper, pero algunos siempre encuentran puntos coincidentes.
El Gobierno, por otra parte, está obligado a dar pasos importantes en la reforma financiera, la del mercado laboral y la de la estabilidad presupuestaria, más allá de los desafines que se puedan producir entre Cristóbal Montoro y Luis de Guindos. Los bancos, los grandes, los medianos y los procedentes de las cajas, solo tienen una opción, fusionarse. La ventaja, claro, es para Santander (Botín), BBVA (González) y Caixabank (Fainé), con Bankia (Rato) como el gran asunto. El propio De Guindos daba alguna pista metafórica: dos personas, una más o menos en forma aunque tenga algún kilo de más y otra obesa y sedentaria, participan en una maratón. “¿Quién llegará primero, por mucho que sufra por el camino?”. La respuesta es obvia, y está claro quién es quién en el sistema financiero español, solo a la espera de si hay alguna opción de que Bankia siga independiente o no, y en las finanzas, incluso en estos tiempos, casi todo es posible. Mientras tanto, sindicatos -Toxo y Méndez- y patronal -Rosell-, al margen del Gobierno, han pactado la práctica congelación salarial para un par de años.
Puede ser un arma de doble filo, porque deprimirá el consumo, que ya está por los suelos. No han logrado ponerse de acuerdo en la reforma laboral y, al final, obligarán al Gobierno a imponerla. Los sindicatos tendrán excusas para quejarse y los empresarios también, pero es inevitable. Más de cinco millones de parados la convierten en obligatoria. Llegará pronto, también de la mano de ese huracán poderoso y reformista llamado Soraya Sáenz de Santamaría.


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