La fórmula de Rajoy y las guerras del PSOE

20 / 03 / 2017 Jesús Rivasés
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Mariano Rajoy, en contra de lo que le susurran algunos en su entorno, quiere alargar la legislatura todo lo posible. Las elecciones, aunque se salga de favorito, siempre son una incógnita, pero si Pedro Sánchez volviera a liderar el PSOE la cita con las urnas sería inevitable y también impredecible.

Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959), el poeta idolatrado ahora en las redes sociales, que antes fue fontanero, vendedor de enciclopedias y que sobre todo ponía copas en una taberna, Akerbeltz, de la parte vieja de Donosti –también en los tiempos duros de ETA–, encierra la realidad en tuits o en versos sin florituras, sin metáforas, sin retórica: “Hay que estar preparados para lo peor / y disfrutar de lo bueno. Esa es / la fórmula. Saber que nada es duradero”, escribió en Serie B, uno de los primeros libros.

Mariano Rajoy predica las virtudes de hacer ejercicio diariamente y no perdona su sesión –al aire libre o en interior– de una hora todas las mañanas. También, con la facilidad y la memoria del opositor de éxito que nunca ha dejado de ser, lee mucho, novelas y ensayos. Patria, la novela de Fernando Aramburu sobre el drama vasco del terrorismo, reeditada una y otra vez, ha sido una de las obras que más le han impresionado en los últimos tiempos. No consta, sin embargo, que Rajoy sea un entusiasta de la poesía, ni que el género figure entre sus preferencias. Por eso, tampoco es probable que conozca esos versos de Iribarren, aunque “la fórmula” del poeta también le encajaría al inquilino de La Moncloa.

La fórmula de Rajoy, la fórmula política e incluso vital del presidente, tiene bastante de estar “preparado para lo peor y disfrutar de lo bueno”. Lo bueno para el líder del PP es que está, con cierta comodidad, al frente de un Gobierno todavía estable al menos por unos meses, que le ha permitido, en tiempos del brexit, figurar como un referente en el núcleo duro de la Unión Europea. Todavía más, en la foto –el valor de la imagen– de los cuatro grandes, Rajoy salía acompañado del primer ministro italiano, prácticamente desconocido; de François Hollande, presidente a punto de dejar de serlo de Francia; y de la otrora todopoderosa Angela Merkel, a quien nadie le garantiza el éxito en las elecciones del próximo otoño. La canciller alemana se ha visto atrapada por un fenómeno que Larry Summers, exsecretario del Tesoro de Estados Unidos, ha resumido en dos frases: “Los Gobiernos se preocupan de las minorías disminuidas, los inmigrantes, de los más pobres. Las clases altas no necesitan ayuda, pero el grueso de la sociedad, cuyas expectativas van mermando, siente que no se le escucha y expresa su enfado en las urnas”.

Rajoy, que día a día acumula victorias políticas sobre sus rivales, descarta, si es posible, adelantar elecciones, a pesar de lo que le reclaman algunos en su propio partido, confiados en una hipotética victoria electoral por más margen. El líder del PP, que sabe que las urnas pueden ser impredecibles, prefiere dejar pasar ese cáliz. Además, igual que los populares acaban de tener un problema –tienen– con “un señor de Murcia”, Pedro Antonio Sánchez, presidente de esa comunidad, el inquilino de La Moncloa sabe que cualquier día puede surgir algún asunto tan incómodo como desesperado. La reactivación del caso Púnica por parte del juez Eloy Velasco inquieta en el PP, sobre todo porque avanza la sensación de que el magistrado tiene más información de lo que parece. En definitiva, alguien habría “cantado” y la “canción” abarcaría peripecias del PP madrileño desde el lejano 2004. Muchos años y muchos consejeros y consejeras en diferentes puestos, incluida la mismísima María Dolores de Cospedal, ministra de Defensa y secretaria general, tenga mayor o menor mando en plaza.

La fórmula de Rajoy puede funcionar, pero pende del hilo del futuro inmediato del PSOE, en donde la batalla por el liderazgo entre Susana Díaz, Pedro Sánchez y Patxi López incluirá episodios de auténtica “guerra sucia”, como apunta un exministro socialista muy al corriente de los entresijos internos. En teoría, al margen de la pugna por el liderazgo, el hombre que se sentó en el Consejo de Ministros cree que ganará Susana Díaz –lo mismo que aseguran con vehemencia en la gestora que dirige ahora el partido–, pero admite que hay sorpresa por la fortaleza que hasta ahora ha demostrado Pedro Sánchez. “Ahora se pondrá de verdad en marcha la maquinaria orgánica de Susana Díaz –explica– y eso mueve muchas voluntades, incluso entre quienes ahora, sentimentalmente, ven con simpatía a Sánchez. Y es que hay muchos puestos –que son puestos de trabajo– que dependen del partido”.

Cristóbal Montoro está a punto de lograr un acuerdo con el PNV, Coalición Canaria y Nueva Canarias que, con los votos de Ciudadanos, permitiría aprobar los Presupuestos de 2017. El peaje vasco se pagaría en el cupo –quizá el saldo se ponga a cero–, en AVE y en cesiones en instituciones penitenciarias. El gran Rubicón, sin embargo, son los Presupuestos de 2018 y si al frente del PSOE no está Susana Díaz y el líder es Pedro Sánchez, Rajoy sabe que entonces la legislatura estaría terminada. Un escenario que no le atrae porque él, aplicado lector de encuestas y tendencias –con y sin Pedro Arriola de asesor–, es consciente de que tampoco aumenta tanto la ventaja del PP y de que, ahora sí, Albert Rivera y Ciudadanos no hacen ascos a nuevas elecciones. Y Rajoy, que no es de aventuras, quizá no lea a Iribarren, pero tampoco le sonarían mal sus versos: “Hay que estar preparados para lo peor / y disfrutar de lo bueno. Esa es / la fórmula. Saber que nada es duradero”. Fórmula Rajoy y guerras del PSOE.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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