Una marcha gay con pocos políticos

12 / 07 / 2016 Jesús Mariñas
  • Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

Hartos, cansados de la campaña política de sus respectivos partidos, y con miedo a los 37 grados a la sombra, los líderes del PP, PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos, sin más votos por los que luchar, evitaron el sofocante paseíllo.

¡Vaya cante casi vergonzoso! Hartos, cansados de la lucha y con miedo a los 37 grados que caían a las 20.00 horas, al no necesitar promocionarse buscando votos, los líderes evitaron el sofocante paseíllo. Solo Cristina Cifuentes justificó no ir, ella tan apoyadora del mundo gay que la adora, jalea y hasta sensiblemente vestida de rosa recibió en su balcón comunitario a una representación de la organización. Así se solidarizó con el PP, no invitado a manifestarse como el resto de partidos. Postura contradictoria con la de Manuela Carmena que la exaltó cerrando la apabullante cabalgata que aquí, curiosamente y rompiendo moldes internacionales, llamaron “manifestación”, quizá politizándola aún sin líderes temerosos de la sudada colectiva o intuyendo algún abucheo a sus pretensiones tan evidentes o acaso censurando sus respectivos fracasos en las urnas. Mostraron cautela reemplazados por Errejón, un encamisado Ángel Gabilondo que no paró de sudar y Begoña Villacís como recién salida de la ducha baño con body de encaje blanco. Ellos sustituyeron a Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera que el año pasado, en vísperas electorales, se peleaban sujetando la pancarta exaltadora de lo generalmente definido como “marcha, desfile o cabalgata”.

Paraísos homo

Así la llaman en la pionera Nueva York, en San Francisco con su emblemático Castro, auténtico paraíso homo. También en Sitges, tan adelantado desde sus enfrentamientos en pleno franquismo provocándolo con una docena de bares. Pionero fue El Comodín cuando no estaban permitidos. Sin temor montaban carnavales desafiantes. Fue adelantada en ofrecer playa gay en su céntrico y largo paseo marítimo (le llaman “la playa del Calípolis”), además de la más distante playa del Muerto, plena de cancaneo entre pinares, buen gozo del millón y medio de presentes –calculados a ojo de buen cubero–, ruidosos, carnavalescos, llamativos, jocosos o con disparatados disfraces de egipcios y romanos que les permitía exhibir musculatura, cuerpos trabajados, labios pintarrajeados o emular a vedetes estupendas con enormes tocados emplumados.

Siempre fueron su símbolo admirado desde Mistinguett, Celia Gámez –“Los nardos” y “Pichi”, permanente y parodiado leitmotiv–, la sicalíptica Bella Dorita, reina del Paralelo barcelonés, Carmen de Lirio y Sara Montiel, encarnación de lo que algunos querrían ser. Aún es de las más imitadas por los travestis que copian su sensual y pastosa manera de cantar Nena, Sus pícaros ojos o Fumando espero que no es tango argentino sino obra de un catalán llamado Viladomat y que estrenó Ramoncita Rovira, un nombre nada belle èpoque. Icónica fue y es la descacharrante Esperanza Roy o la irrepetible Lina Morgan, a quien el metro madrileño dedicará la estación de La Latina, sita ante el que fue su teatro. Un enorme mural evocador cubrirá una de sus paredes.

Entusiasmo y olés levantó Michelle Obama, cuerpazo vestido de blanco, mano a mano con Letizia, a la que empequeñeció. Presentó su fundación para educación secundaria, ya casi instalada en Sevilla su hija mayor. Más olés. La multitudinaria cita capitalina señaló la caída de los osos con camisa de cuadros con predominio de lo que ya se considera símbolo uniformador barriendo razas y fronteras: camiseta de tiras sobre bermudas con vuelta. Parecían clones en alentador “todos a una”.

Olimpiada del sexo 2017

Fue animador aperitivo al Word Pride del año próximo que cobijará la capital de España. Una especie de olimpiada del sexo. Ojalá, ya reservé sitio. Consuela de no haber conseguido los Juegos Olímpicos. Eslóganes ante Manuela Carmena asfixiada con inapropiado traje negro pero insistiendo que “tolerancia con los intolerantes”. Acaso tiró con bala, es sutil. A ella se unió Ángel Garrido sin su habitual estiramiento. Vistió casi informal –un sacrificio– con camisa suelta sobre vaquero. Todo un alarde con la que caía desde Atocha a Colón. Comenzó a los pies de un Carlos V que, ante lo que veía, debió de bizquear más de lo que hizo como I de España y V de Alemania. Al World Pride ya vaticinan la asistencia de cinco millones que multiplicarán los 150 millones de euros gastados por los visitantes en los cinco días largos de estas vacaciones para reivindicar opciones sexuales en manifestación, marcha jubilosa y triunfal. Esperan la apoteosis revistera que llegará justo en un año y que ya se considera imparable. Era hora de hacer justicia.

También lo es de recuperar en libro dos íconos femeninos bien opuestos: Preysler repasada por Peñafiel con Julio, Falcó y Boyer. Ella y sus maridos, sí: empezó con Julio, con el que casó embarazada de ocho meses mientras otro libro, este elegíaco, descubre cómo María José Cantudo lo hizo preñada de cuatro con Manolo Otero. Ella empezaba e hizo carrerón comparable al de Isabel; fue esposa amargada y traicionada –“me salvó Carmen Martínez-Bordiú”, agradece– por el antaño ídolo cuyo nombre acaba de poner Pepe Hidalgo a uno de los aparatos de Air Europa. La Cantudo viene al pelo aunque glosada en una antología de Tony Aliaga, pese a que ella dice no recordar nada. Ni siquiera al José Frade, que enloquecido, le firmó su primer contrato importante cuando todavía se hacia llamar Liza Martino y vendía su cara bonita para las novelas de Corín Tellado. Fue pionera con el bello Otero haciendo fotonovelas. Luego llegaron anuncios para El Corte Inglés que hoy son joya de cinemateca. Una experiencia de lo más digna que la popularizó en aquellos folletones de mucha foto con bocadillos. Su más venerador que biógrafo –eso será con el tiempo, todavía queda– la equipara con la gran Rosa María Sardá, que iba más de graciosa que de bellezón, Pilar Velázquez, María Rosa Omaggio y Rafaella Carrá.

Primer desnudo integral

No desdeñemos sus principios consagrados en La trastienda donde María José – ya laCantu– mostró el primer desnudo integral del cine español. Infartó, deslumbró, asombró, descolocó y se situó primerísima en aquel cine de destape. Momento histórico de dos segundos y medio. Pero ostensible, osado y sobresaliente. Una selva virgen digna del mejor cazador. Tras ese trabajo exhumador más de fotos y trabajo que de amores, espero Obras Completas. Lo malpiensan, aunque ella niegue tal leyenda negra, al fin nos constan sus éxitos en Argentina, Chile y Colombia. De cómo haciendo El huerto del francés con Ágata Lys, se tiraron del pelo porque María José encabezaba los carteles, algo prometido a la otra.

Nunca ha tenido problemas de ir arriba o abajo. Pero con Ágata era distinto, se disputaban la supremacía del cine cachondo que animó la Transición. Igual pasa con Isabel que, ¡al fin!, reconoce tener propuesta matrimonial del Nobel: “Me lo estoy pensando; son ya tres matrimonios, cinco hijos y dos nietos”(dispuesta al sí). Bate récords tal Plácido Domingo cantando en el Bernabéu. No fallaron Nieves Álvarez con túnica de estilo hindú, LidiaBosch, de cursi rosa hasta los pies y Cary Lapique en blanco. Reapareció Marichalar. Estamos salvados. Andrea Pascual y Arancha del Sol optaron por desfile en el Real. Brillaron. Chisme de infarto animó el 080 barcelonés donde el exrepresentante de Kortajarena –que aún lleva a Velencoso y Oriol Elcacho– no da crédito al posible affaire, romance, capricho o aquí te pillo entre Jon y Ricky Martín. “Pero si les gusta lo mismo”, afirman conocedores. De boca en boca, como el revolucionario Miquel Suay que con un Avellaneda más estiloso, transforma la moda masculina como hace medio siglo hicieron supergalácticos Courreges y Cardín. Custo cambió: hace menos puzles y resulta ropa muy llevable. Suda con cinco hijos y Totón Comellas, superado el mal, entusiasma por la brevedad de sus bikinis.

Me encantó ver puntual a Helena Raskonik de Mas, aunque ya no sea presidenta. Es abuela de gemelos.

–¿Volverán?, pregunté ante cómo manipula su marido.

–¡Volveremos!- me dijo sin más (pero con él) ante Alejandra Prat, recrecida sobre taconazos y riendo de que Feliciano López “saque tanto partido a nuestro noviazgo de cinco meses”, lamentó ante Elsa Anka, feliz de cómo su hija aprende televisión con Carlos Sobera. Sus hijos Amaro y Alejadro (de 6 y 8 años) desfilaron con Inés, la pequeña de 3 años de Mireia Canalda y Pedro López, igual que la nieta de la política Nuria de Gisbert y Daniela y Martina, gemelas de Raquel Meroño. Llorosa, no dejó de filmar este debut infantil, y a punto de mudarse a Tarifa donde abre local playero muy aire St. Tropez. Allí no les falta, sobre todo cuando sopla el viento de Levante. Algo que no teme la estilizada Pilar Rubio en sus jornadas playeras. A ella le sopló el chal rojo, buen contraste al bikini lucido como nueva imagen de una marca solar. Prudente, en su posado no lució el deportivo reloj cronógrafo Royal Oak, blanco con brillantes que cuesta 43.000 euros, sorpresa de Sergio Ramos en su último aniversario. Eso es amor. Y posibles. 

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

COMENTARIOS

No hay comentarios

ENVIA TU COMENTARIO

  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Grupo Zeta Nexica