Tamara compite con mamá Preysler

29 / 11 / 2016 Jesús Mariñas
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Lo que en Isabel es envarado distanciamiento, en su hija es espontaneidad. La madre cultiva silenciosas distancias y su hija, verborreica calidez. En su última aparición ha explicado que tiene un problema de tiroides que le ha hecho engordar. 

Proclamada “icono español”, no está mal como título pomposo, excesivo y comprometedor de la sencillez que tiene Tamarita. Icono internacional fue John Malkovich, áspero, siempre impresentable como ese Bruno Gómez Acebo que aún no se enteró de que ya no reina su tío don Juan Carlos, de talante tan opuesto a los altivos hijos de su hermana mayor, la infanta Pilar, experta en malos modos. Su hijo llegó tarde y esquivando a los fotógrafos que sufrían la gélida noche a pie del renacido Florida Park, antaño el mejor escenario de las más grandes. Fue “lo más” de aquella festiva nocturnidad. Ahora lo que mejor funciona son sus dos restaurantes y lamentan que no lo reabrieran trayendo a una grande del show. Noches madrileñas donde el artista actuaba un mínimo de quince noches, suponiendo gancho de las tan cantadas noches de Madrid, hoy agonizantes. Tamara, icono de la prensa que aplaude su ingenua espontaneidad, en su última promoción de una marca bronceadora ya sorprendió bajo una túnica multicolor que la engordaba más que los efectos del tratamiento de tiroides culpable de su corpulencia actual.

Sin perder las formas

La deprime, la alejó de los saraos y estos meses la echamos en falta porque ninguna como ella personifica lo que se conoce como encanto. Sin perder las formas, siempre con aire educadísimo y cálido, nos hizo reír con sus salidas. Un caso aparte que no rehúsa hablar de amores que nunca le salen bien. Bate récord de las menos emparejadas. Kike Solís, hijo de Carmen Tello, no cuajó y su historial no va más allá de dos relaciones, donde una hasta la llevó a París, a diferencia de su hermana Ana Boyer y no digamos Manolo y Sandra Falcó, nacidos del primer matrimonio de Griñón con Jeannine Girod, luego liada 20 años con Ramón Mendoza y posteriormente sustituida por Naty Abascal, que divirtió comentando la carnavalada montada en París con el autor de sus zapatos.

Sevilla no para de zurrar esa ridícula españolada. Ni es sombra de lo que fue, antaño proclamada la más en elegancia: recibió censuras porque, con un pie en los 75, vistió negra falda larga de gasa y encaje que transparentaba los muslos. Y aunque conserva mejor las piernas que su reparada cara ya sin nariz aguileña, pero con pómulos agrandados por el bótox, razonaban que “ya no tiene edad”. Manolo y Sandra nunca fueron presa periodística, refugiados en un casi anonimato ahora imitado por Ana Boyer, que se instala en Catar con Fernando Verdasco. Allí montan su cuartel general sin pensar en boda. Diferente a ellos, más abierta y nada retraída, Tamara supo hacerse querer por la prensa que pocas veces encontramos un ser tan adorable como ella. Icono de España es un título del que se ríe. “Pero, ¿qué representa y qué he hecho yo para merecer esto?”, se preguntaba bajo brillante terciopelo poco favorecedor con el volumen ganado con el tiroides. Ofrecía llamativo contraste con mamá Preysler, que fue a la fiesta de Loewe con deportivo cuello alto y falda tableada. Lo que en mamá es envarado distanciamiento, Tamara lo tiene de espontánea y natural. Isabel mantiene tipito que Tamara descuida, cultiva silenciosas distancias y su hija, verborréica calidez. Cary Lapique animó vinculada a los joyeros Suárez con una trayectoria a veces desvirtuada por el heredero Emiliano.

Entre deportistas de calzón corto pateando el congelado parque del Retiro, Elena Furiase desafió de blanco recogido en la cintura; el elegante Diego Osorio, sin abrigo sobre esmoquin; Carmen Lomana, con estolas zorro rosa; Mónica Cruz, más llamativa que Penélope bajo punto granate de rayas crema; Miguel Ángel Muñoz reconoce que debe a su madre, la bruja Cristina Blanco, su éxito ya casi triunfo en MasterChef.

Ni mu de los añejos amoríos que ahora le inventan con la entonces joven Belén Esteban: alucinó como ver que a Bigote Arrocet lo lían con su rubia hermana Pili, que pasa aquí veinte días, y hasta la llevó a Tánger. La Campos se indigna ante tamaña falsedad, pero acaba riendo el fraude. Compartí aquella Marbella, comíamos en su casa, y de noche les dejaba a Belén y Mariví el Jaguar que me prestaban. Se acostaban a las siete de la mañana y se despidió el chófer. No hubo más. Muñoz era un crío y lo paseaba nuestro fotógrafo Elio Valderrama. Belén, Mariví y su panda tenían chalé junto al Andalucía Plaza por el que pagaban 700.000 pesetas mensuales.

Todo tipo de esmóquines

Casi alarde variopinto de esmoquin, de terciopelo azul en el cocinerito, de chaleco cruzado en Finito ya chic compitiendo con José Mary Manzanares. Arancha del Sol cazó miradas en gasa bordada en paillet floreado, Laura Ponte marcó estilo con chaqueta blanca de gala, blusa rebrillante y pantalón masculino bajo de cintura. Andrea Pascual puso platas y sonrisa tierna, María José Suárez mostró que es buena diseñadora con traje blanco con dos hojas negras bordadas en la cintura diseñado por ella misma, la esposa del áspero Baute se excedió en pedrería, Jose Toledo lució esmoquin como Jorge Fernández superador del tiempo, mientras Malkovich no dejó el gesto malhumorado con casaca negra sobre pantalón gris estampado con flores negras. En rojo, Ana Botella que estuvo acompañada por su hijo Alonso. La Obregón, tan bipolar, mostró muslo izquierdo sobresaliendo del terciopelo granate. Supera el fracaso de su serie, comentó a los Alvarno cerca de Norma Duval, ya reenamorada de Mathias. Se convirtió en creadora de outlets palmesanos. Ya ni sueña con los escenarios. Algunos lamentaron igual que la ausencia de Bárbara Rey, que acaso largue sobre aquellos amores reales tan mantenidos por Sabino Fernández Campo. Algo tan en carne viva como la recreación novelada que Nieves Herrero hizo del adulterio doble de Serrano Súñer y la marquesa de Llanzol. De aquella pasión traicionera nació Carmen Díaz de Rivera que, enamoradísima, casi marida con su hermanastro sin saber el parentesco. Historias de la Historia como lo de tantos años callados por Bárbara. Superarían lo de Corinna, tan desestabilizador, mientras Helen Lindes mostró embarazo casi maternidad. Pero la más deslumbrante, con aberturas laterales hasta el muslo fue Cristina Tosio, que lució eso y aplaudido escote en pico sin sujetador. Estrenó peinado tan frippé como los cortos rizos que en el sevillano Salón del Caballo exhumaron casi irreconocible a la gran María Jiménez.

Salón del Caballo

Reapareció como Bárbara Rey tras cuidar a su hermano. O como Elio Berhanyer, dispuesto a desfilar en el próximo Mercedes Fashion Week. Este año la cita no tuvo como años atrás ganchos como Ivana Trump, entonces aún casada con el hoy discutido presidente que en 2004 llegó a alquilar su playero casoplón de Palm Beach para lanzamiento del spot de Freixenet. Allí estuvo de estrella maleducada negándose a bailar con la anfitriona el extinguido Pierce Brosnan. El galope bético no tuvo como en años precedentes a Ivana Trump, Charlton Heston, siempre montado como El Cid, o el encanto hoy marchito de Bo Derek. Acudió cuatro años seguidos llevada por su amor a los caballos y hasta compró alguno.

En vez de hollywoodienses, brillaron figuras nacionales de espléndido revival como la Jiménez, Bárbara Rey y Berhanyer. Fue de nuestros cuatro grandes de la alta costura con Balenciaga, Pertegaz y Pedro Rodríguez. Descubrió en la expo neoyorquina a las veinteañeras Ana Mary y Naty Abascal, entonces como dos gotas de agua, hoy parcheada una, la otra con el señorío de siempre. Lo reconocían Flavia y Hubertus de Hohenlohe con llamativo pantalón de cuadros de Gales –ahora diseña relojes– y la parece que aún princesa Beatriz de Orleans. Se divorció de su marido tras 27 años: “Algunos cuestionan que siga llevando los títulos, pero solo pierdo el condado de Evrex de mi marido. El resto son de la Casa Real y sigo como alteza real y princesa”, tranquilizó a Dani San Martín, íntimo de la duquesa de Franco. Su hijo Jaime me contó del 90 cumple.

El torero Jaime Ostos, con 86 años que no aparenta, me anticipó la pintura abstracta que expondrá antes de Navidad con un precio medio de 1.000 euros, Juan Peña animó con sus cantes y Oriol Elcacho, por su parte, sorprendió con enorme maletón porque seguía después hasta Milán y Nueva York. Es el mejor y más duradero de nuestros modelos. Tiene cara de crío ingenuo tal la bailaora y ex de Fran Rivera, Cecilia Gómez, ahora flechada por el torero Iván Sánchez, el único matador con barba. Y es que la fiesta se renueva y Barcelona confía ilusionada que María José Balañá reabra su Monumental, donde con poco éxito cantaron los Beatles en 1965.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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