Penélope Cruz se atreve con la dirección

09 / 02 / 2016 Jesús Mariñas
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Nuestra actriz más internacional se pone detrás de las cámaras y debuta como directora con un documental sobre el cáncer infantil donde recoge testimonios de familiares y médicos. Tiene intención de rodar un largometraje en unos años.

Penélope Cruz

Tal vez se precipita. Su decisión prodiga asustados quizá-quizá. El proyecto determina alarmas creyendo que igual se equivoca y no resiste mantenerse como figura sobresaliente –ahora delgada y más rotunda– de la meca del cine. Hollywood sigue marcando las carreras y nuestra paisana ya inició tal carrera que proyecta encauzar “en largos” dentro de cinco años, acaso cuando ya no tenga el actual atractivo físico, muy por encima de sus condiciones interpretativas.

Tiene la mala escuela de su marido Javier Bardem, constante en mirar por encima del hombro a los informadores nacionales. Eso lo acusan las taquillas. Dos rotundos fracasos económicos y de público resultaron Ma ma, donde ella expuso dinero como productora, y el filme hecho en Barcelona con Sean Penn –otro que tampoco mima a la prensa–. Penélope siempre ha sido huidiza desde los tiempos en que se hizo budista, ennoviada con el frágil Nacho Cano, y aumentó tras hacer dos películas de Pedro Almodóvar sin superar el impacto racial de Jamón, jamón, donde, rendido, la cortejó un Bardem rechazado que acabó siendo su marido. Con Tom Cruise resultó imposible, y eso que aguantó incluso con el cebo engatusador de su hermano Eduardo, que con Miguel Ángel Muñoz, entonces pareja de Mónica Cruz, esquiando en Aspen acaparaban mimos, regalos y atenciones del que sí es superestrella. Aquello sí resultó misión imposible aunque para engancharlo la de Alcobendas se adaptó a lo que fuese,  mudó de creencias religiosas lo mismo que con Cano y adoptó la cienciología.  Son devociones que duran lo que el amor. Ahora creo que va de laica.

Una Penélope solidaria. Pero eso no impide su entrega, apoyo y contribución en la lucha y prevención anti-cáncer. Tras el fallido y ruinoso alegato de Ma ma, ahora insiste con un documental de 30 minutos que patrocina Viceroy, firma relojera a la que vende su cara bonita como anteriormente lo hicieron desde Enrique Iglesias a Fernando Alonso. Saben lo que contrata y cómo venden famoseos. Pe conciencia sobre el cáncer infantil.

“Está en desiguales condiciones sin alcanzar la resonancia social del de los mayores”, afirma. “Lo pasé y aún lo paso fatal, primero hablando con familiares y afectados. Uno de los pequeños que aparece ya murió. Fue tremendo y angustioso al punto de llegar a vencerme. Muchos momentos necesité tranquilizarme, reposar los impactos, y me encerraba sola unos minutos como desahogo. Terrible, y se repite ahora cuando monto. No supero la sensación de impotencia. Me puede, pero me compensa mucho”. Se acusó en el preestreno de diez minutos proyectados donde muchos –yo el primero– dejamos la butaca ante la crudeza de las imágenes. La realidad supera a cualquier ficción.

“Me ha marcado mucho porque te desgarra. Sabemos que está ahí y no hay que evitarlo. Hay que mirarlo a los ojos. Yo quiero estar viva y sentirlo todo aunque te rompa el corazón. Valoré lo que es tener salud aunque hablase como una vieja. Ya me sucedió con la otra película sobre el cáncer de mama, donde aluciné”. Necesita media hora para poder presentarla en concursos mundiales que exigen ese metraje.

Fue un reencuentro de cuarenta minutos, el primero en años, sin concesiones al divismo. Olvidó alejamiento, sus repelús a veces histéricos e innecesarios. Bajo sobrio traje muy de circunstancias combinando manga larga de encaje negro y estampado burdeos. Mostró no solo inédito entendido por María Palacios, que tras 17 años espera bebé de Lecquio.

El deber cumplido. Pe mostró talante y físico más rotundo de pómulos acentuados y nariz aparentemente mejorada. Será que el cambio anímico le mudó hasta la piel. Con el deber cumplido evitó opinar sobre la huelga de actores ante lo que parece discriminación racial en los Oscar. Sigue un guion sin comprometerse ni tomar partido. Se cuida.

Y lo mismo hizo Kendall Jenner en su debut barcelonés, donde dos cláusulas impedían preguntarle por la familia –o si a papá ya le llaman mami– y también acerca de su corta vida privada de veinteañera apuntándose ahora a la fama dinástica. Es la peque de la noticiable saga de los Kardashian, donde el progenitor rompió moldes al cambiar de sexo: saltó de llamarse Bruce a convertirse en la adorable y muy sexy Caitlyn. Ante eso, vaguedades como que la indestructible Kate Moss es su ícono en la moda igual que su hermanastra Kim. De ella comentó con menos entusiasmo bajo un minifaldero traje negro de falda rematada en flecos. Cuesta 25,95 euros y es modelo de la nueva colección de Mango, que amadrinó en su nuevo edificio de 2.500 metros y cinco plantas en plena Rambla de Canaletas y plaza de Cataluña frente a las tertulias futboleras. Mostró tripita porque lo exigía el contrato y vistió lo que le pusieron sobre calzado de tiras entrelazadas hasta el empeine. Sexy sin exagerar, gruesos labios, cumplió sin pasarse y de rasgados ojos grandes.

Se limitó a cumplir mientras los atractivos Oriol Elcacho y Daviana festejaban sus diez años de convivencia. Él ahora alterna las pasarelas con el cultivo de vino en el Priorato. Justificaba casi su aguante físico con un “me gusta estar inmerso en un ambiente de eucaliptos”. Saludable fórmula de conservación al aire del trío de maniquíes españoles más internacionales que forma con Velencoso y el ahora parece que irrecuperable Jon Kortajarena. Lo lamentan porque tuvo –hablan en pasado– un carácter adorable. Sin creérselo Daviana resplandeció de negro mientras Rocío puso un blouson noir sobre traje amarillo mayonesa. La hija de Carlos Herrera y la risible Mariló Montero ahora investigada en la Primera, porque su programa ofrece publicidad encubierta, denuncia de la Comisión Nacional de la Competencia. El ente guarda silencio quizá preparando las maletas. De ello también se habló ante una resplandeciente Verónica Blume con traje largo más largo que el de la americana anfitriona, que habla telegráficamente a tanto la línea. El amarronado modelo de Blume con delantero plisado costaba 55 euros.

Andrés Velencoso negó un supuesto romance con la gélida Nieves Álvarez, aunque le recordé que lo mismo desmintió ya liado con Úrsula Corberó, a la que nunca vi siendo tan revoltosa y juvenil como su pareja ideal. Lo remarcaban tras Nieves separarse hace meses de su marido, el fotógrafo Marco Severini. “Ya no podía con él”, me aseguran que dijo los que trabajan con ella y bien oyó Marc Clotet bajo su samarreta verdosa junto a Xavi Serrano, gran promesa de los desfiles que es joven y rizada imagen fija y repetida de los carísimos Dolce&Gabbana. Todo lo repasó con cerrado y camisero traje azul noche desde su mirada en ocasiones lánguida la imperturbable Laura Ponte, empujada y casi aporreada por su irrespetuoso representante, alejándola de grupos amigos con un insoportable “¡vamos, venga, que llegamos tarde!”. No es de recibo. Coarta y rompe su dulzura. Se impone el cambio de agente y se lo dije. De su ex Gómez-Acebo aseguró que “por fin se ha desmadrado”, todo un elogio siempre tutelado por la imponedora mama infanta doña Pilar, muy inquieta ahora ante lo que se avecina. Laura mantiene buenísimas relaciones con la que fue su suegra y convivieron los primeros tiempos matrimoniales.

El actor inaugura exposición. Santa paciencia como la que mostró Jordi Mollà alternando cine –lo esperan dos rodajes internacionales– y la pintura de grandes lienzos, que no bajan de 4.000 euros. Lo arroparon desde Borja Thyssen, “en Andorra me aburro y hago gimnasia”, me dijo, y Blanca, a la manipuladora María de Mora o Hiba Abouk, con inapropiado pamelón que lució anocheciendo. Una sofisticación que sobraba mientras eran chic los guantes fucsia por encima del codo de la repetitiva Carmen Lomana. No se pierde una aunque no le dieron un premio de corazón donde Soraya Sáenz de Santamaría fue de negro capa corta que algunos tomaron como anticipado duelo. Lo entibió con comunicadora sonrisa que para sí querría Mariano Rajoy. Despliegue a tono con la suntuosidad del Casino modernista de amplia escalera donde exhibirse y posar: lo hicieron Amaia Salamanca, llamativa en rojo con capa de zorros canadienses; Teria Yabar, en ampuloso raso fucsia; la discreta Alejandra Martos, en verde doncella; la racial y siempre guapa Charo Vega, de corto rojo y negro; Yolanda González, en pijama morado; Pepe Sacristán, con sombrero borsalino; y Belén Rueda con abrigo-gabardina cruzada con diez botones, buen contraste al desfasado abrigo brocado de la joven y pelirroja María Castro. El año empezó dándole a la gala. Y esta lo fue de largo.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

COMENTARIOS

  • Por: Laura 09/02/2016 21:29

    Penosa la crónica de Mariñas, como viene siendo habitual.

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