Madrid recauda un millón contra el Sida

05 / 12 / 2016 Jesús Mariñas
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La capital acoge la Gala Sida, con más de 700 invitados y con Miguel Bosé y Belén Rueda como embajadores de la cita solidaria, que recauda fondos contra el VIH.

Aún queda por contar por qué mudaron a Madrid una gala antisida típicamente barcelonesa. Allí arrancó, promovida por el doctor Buenaventura Clotet, que en Can Ruti hace investigación aplaudida en todo el mundo: “Estamos a punto de encontrar la vacuna, está al caer”, contaba ilusionado Clotet tras tantos años buscándola. Desde el primero de los seis años de gala lo apoyó Miguel Bosé y proclamaba: “Quiero dejar a mis hijos un mundo donde el sida haya sido vencido”. Se lo dijo a la alcaldesa y a Cristina Cifuentes, aclamada como una diva. Achuchó al cantante: “Desde siempre soy tu fan”. Al profesor, que físicamente parece un galán de cine, entre Harrison Ford y Rex Harrison, lo acompañaban sus hijos Marc, ya consolidado actor, y Aina, más centrada en los canales autonómicos. Con honor de estrellones fueron recibidos los encantos de Samantha Vallejo-Nájera, que ya no va de hermana de Colate. Naty Abascal no acudió con sus 75 a cuestas porque es poco solidaria, pero se notaron las bajas de la condesa de Montarco, símbolo de señorío, y Pitita Ridruejo, doliente por la muerte de su esposo, el diplomático Mike Stilianopoulos. Era caballero de los que ya no quedan, recordó el elegante duque de Alburquerque al lado de María Suelves, siempre de sonrisa creíble. Aunque en eso le ganó Genoveva Casanova con luz propia, acaso algún led incorporado a su veraniego traje blanco con lunarcitos. Irradiaba felicidad tras haber recuperado a José María Michavilla, su difícil amor de los últimos años.

Boda por imposición

Contaban que entró a su casa a instruir a su enorme prole y lo cazó. Su acento suave repateaba a Cayetano Martínez de Irujo, duque de Arjona, con quien matrimonió por imposición de Cayetana, harta de que sus nietos gemelos no tuvieran padre reconocido cuando ya tenían 5 años. Lo detallaron a los embajadores de Estados Unidos ya con la maleta hecha. Se van con Barack Obama dejando un hueco social muy mal movido por María García de la Rasilla, que tiene molesto al 90% de los vips madrileños porque veta tal Brad Pitt lo hizo (muy a lo Pantoja), encandilando físicamente, eso sí, porque adelgazó, recordando su facha de Thelma y Louise. Vetó las preguntas y solo ofreció su cara bonita, lo mismo que Feliciano López posando con rizo colgando en la frente. “No responderá preguntas”, advertía la nota citadora, porque estaba en vísperas de vérselas en el juzgado con la incansable Alba Carrillo.

Ella pretende que le indemnicen once meses matrimoniales en vez de los seis pactados. Dice que “no supe lo que firmé cuando renuncié a ellos”. Parece atolondramiento, exceso de confianza, ligereza. Sus abogadas tienen que intentar la repartición de bienes, escasos en la movediza rubia a la que su ex Fonsi Nieto anima. No muy ejemplar ni aplaudible. Y ya que cité a Pantoja, el mismo día que su discográfica anunció haber logrado el Disco de Oro. Vi su CD lanzado hace un mes: lo ofertaban a trece euros, seis euros menos. Gloria efímera, no cabe duda, razonaron a Boris Izaguirre, con doce kilos menos de los ganados en Miami, donde tocaron su talón de Aquiles: sus colaboraciones en tertulias de Univisión eran casi mudas, sin los espasmos de aquí. Me pregunto qué le vieron para desaprovecharlo. Más comprensible fue que el ya imprescindible, juvenilmente rapado cual besugo y enamorado Paco Roncero sirviera la cena donde hasta presentó platos hechos de tierra.

Adiós a Charo Palacios

Hicieron torcer el morro a los recién llegados Jordi Cruz y Pepe Rodríguez, ya mosqueteros del buen comer. Bibiana Fernández fue de rosa vaporoso como el lazo solidario y tan estupenda que me pregunto cuándo estará en el grupo de “las más” menguado ahora al irse con 84 la solo aparentemente plácida Charo Palacios, condesa de Montarco. Fue imagen perenne, placentera, remansada con su pelo atrás de moño del Berhanyer casi nonagenario dispuesto a reaparecer presentando colección en lo que los veteranos seguimos llamando Pasarela Cibeles. Olé por Elio, uno de los cuatro grandes cuando aquí teníamos alta costura con Balenciaga, Manolo Pertegaz, que hizo diseño póstumo con el traje nupcial de Letizia, como Balenciaga con el de Carmen Martínez-Bordiú casada en El Pardo y que tanto juega da en Lo que escondían sus ojos.

Revive el escándalo político-sexual de Serrano Súñer, el cuñadísimo, y la marquesa de Llanzol en pleno Gobierno del Caudillo, que era cuñado de Zita, hermana de la estricta doña Carmen y esposa del ministro engañador. Luego sus hijos Ramón y Carmen se enamoraron. A punto de casarse, les contaron que eran hermanastros. Emilio Romero lo llevó al teatro con Vicente Parra titulando Solo Dios puede juzgarme.

La sociedad pateó su estreno y vetaron la función, que apenas duró. Aquella España podía con todo. A la duquesa de Franco, con 90, la admiraron trabajar solidariamente en el Rastrillo donde Manuela Carmena les cobra alquiler pese a sus fines caritativos. Aún hablaban de aquel cuello princesa, y de Pedro Rodríguez y sus trajes con pedrería ante su casi funcionalidad zurbaranesca, mantenía un mano a mano con Manolo Pertegaz en sus salones de alfonsinas sillas doradas. Fue el primero en tener tienda americana, pero quedó entre nosotros lanzando fama desde Barcelona. Lo conté a Paula Echevarría, tan de engalanador terciopelo azul noche como Penélope en una de sus grandes noches con hombro descubierto. Rossy de Palma fue con su niña ya mujer; Antonia San Juan, tan bipolar, pasa de quienes la añoran en La que se avecina, donde recupera la gracia más exagerada que castiza de la excelente Loles León. Borja Prado comentó la actualidad tan infartante con Manuel Colonques, a quien felicitaban por su primer nieto. En febrero abre nueva tienda enorme de Porcelanosa en Madrid. Juan Rosell rio con Cristina Macaya, y Ramón Paredes, con Juan Llamas.

Todos pagaron 700 euros por cena y lograron el millón, un 30% más que el año pasado. Albert Rivera encandila tan afeitado y sensato con la cruz de Rita Barberá. Belén Rueda copresentó con Bosé. Rita coleaba arrancando repudio por el castigo recibido antes de ser juzgada. El Partido Popular y sus jóvenes achichincles como malísimos de este drama. Recuerdan a los muñecos de Mary Carmen y José Luis Moreno sin la humanidad de Daisy o el esponjoso Rodolfo. Los ponían a caldo y la cosa hervía. Valencia no la olvidará y quedará como físico y temperamento muy de la tierra. Yo la admiré.

Sigo el repaso de nombres y trajes: desde los azules ojos de Maxi Iglesias, que arranca suspiros, al estilazo de Begoña Villacís semiplateada, como arrastra renards María León; el siempre rompedor y maltratado Jesús Vázquez llevó esmoquin rojo y acharolado Miguel Poveda. Carmen Lomana batió moldes sencillita en sencillo negro, Fernando Tejero gana en la cercanía, Vanessa Lorenzo deslumbró como la señora Figo con chaquetón de zorros canadienses. Aún no les habían desvalijado la caja fuerte, ya es el segundo robo, y Genoveva feliz tras recuperar a José María Michavilla. Resiste y gana igual que Manuel Bandera añorando tercera parte de Las cosas del querer el mejor musical español con Ángela Molina en estado de gracia. Contaban que no es muy allá La reina de España que devuelve a Penélope. Trueba no está a su altura. Lo decían otros, que me registren.

El debut de Raphael

Pero me puede lo frívolo, buen contrapunto a la pena y a la lucha antisida. Por eso celebré que Raphael, de setenta y bastantes, debutase en Joy Eslava recuperado, ¡aleluya!, como escenario de recitales “para maduros”. Por 85 euros ofrecían copa, concierto y cena que nunca llegó. Eso provocó protestas de “¡Timo, timo!” que no llegaron al cantante. Impactó de imagen modernizada en cazadora sin botines de charol con taconazo cubano. Su hijo Manuel lo actualiza y él enardece como hace cincuenta años atrás. Pero es el amor de siempre que parece retomar sacándole provecho publicitario Mar Flores con el polémico mexicano que ya busca piso en Madrid, aunque ella tiene dúplex compartido con sus hijos y Javier Merino, su ex, en El Viso. Es vecina de la enorme Naty Mistral que se recupera con rehabilitación. El 13 próximo cumple 88. Allí estaré, querida.

“Con este disco pretendo reinventarme porque soy inquieto. Las canciones de amor no suenan iguales que hace medio siglo. Me considero pionero de la independencia musical de España. Pedí que no sonara a Perales y algún tema parece rockero”. De ahí músicas de los novísimos Dani Martín, Manuel Carrasco o Enrique Bumbury que el niño canta –y adapta, ojo– con personal, único y aplaudido estilo. Eterno Raphael, eso.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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