Los Reyes, fans de Rod Stewart

19 / 07 / 2016 Jesús Mariñas
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El concierto del cantante británico en el Teatro Real de Madrid fue multitudinario. Entre los asistentes se encontraban los reyes Felipe y Letizia. No se sentaron en el palco real, sino en el anfiteatro, junto a otras personas.

No los movió la clamorosa operación nostálgica evidente y desatada en los 1.800 espectadores rendidos a la eterna juventud del rockero londinense, verdadero signo indestructible de músicas que nunca mueren. Marcó modas, políticas, relaciones humanas y ritmos como el de un Rod Stewart todavía trepidante de movimientos remarcados por sobrio y diría que mayestático homenaje a Felipe y Letizia –con hombros desnudos– sentados en el anfiteatro, donde las piernazas del Rey se encogían pegadas a la delantera. Incomodísimo, pero no se le notó. Aunque la mayoría ni supo que estaban allí, no se sabe si oficialmente o en una de sus salidas de parejita.

Chocó y sorprendió Alicia Koplowitz con gordos perlones de 18 milímetros y rosada chaqueta Chanel excesiva en tarde a 40 grados. Abrigada con chaleco militarizado con alamares fue la niña Alba, a la que algunos próximos como Naty Abascal llaman “pitufa”. Paseó su adusta pero risueña personalidad de siempre, tan distinta a cómo ríe con amigos. Ella y su hermano Fernando se intercambian sus casas de Marbella e Ibiza. Hay susto en la isla ante las últimas redadas policiales investigando blanqueo, lo de moda.

“¿Pero a qué blanqueo se refieren, y se enteran ahora?”, demandaban ironizando de una Ibiza ya triplemente blanqueadora. Y no se refieren a su rústica arquitectura, tan adulterada como los trajes ad lib. Los extranjeros son sus mejores mantenedores. Space desaparece tras 27 años y vuelve a su dueño Abel Matutes –que en los 70 casi inventó aquello con Ricardo Bofill y Serena Vergano–. De eso hablé con la vicepresidenta del Consell, Maite Díaz, en la línea de lo marcado por su antecesor Vicente Roig. También comentamos el jamesbondesco asalto de Amnesia con policías en helicóptero y cara tapada.

Visita fantasma

Sonó a misión imposible. “No es el mejor momento en principio de temporada” lamentó. Marbella la abre con gala montada por Eva Longoria, divorciada –nunca revelaron los motivos, suponen al hacer las cuentas y olerse quién se beneficiaba más– de Antonio Banderas. Melanie, que con su dulzura y tonillo infantil era la alegría de la huerta, también lo dejó y con ella el halo animador con Dakota y Estela del Carmen. Más que un pique profesional a lo hollywoodiense. Se unieron el ruidoso primer año del Starlite, donde anunciaron que iría Michelle Obama, alojada en el mismo hotel Villa Padierna. Ni la olimos pese al despliegue de seguridad ahora organizado por Sandra García Sanjuán que, apoyada en todo por Carlos Slim, ya organiza algo similar en Ciudad de México mientras el empresario tiene hora pedida a las Massumeh revitalizadoras con su lifting caviar a 150 euros frasquito. Bastan dos gotas bien repartidas para rápidamente añadir tono al rostro. Slim tiene cita cuando llegue a Madrid. Quizá coincida con Richard Gere, adicto al mismo tratamiento de Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa, o como la apenas treintañera Marta Ortega, con la que tropecé. Ella salía de vaqueros y coleta, pagó con tarjeta y besó a la recepcionista. Un gesto. El negro Mercedes esperaba con chófer.

Copa de bienvenida

En la copa de bienvenida previa al rockero Stewart sobresalieron cerca de Vasile, Nieves Herrero, Sandra Barneda y la dulce Nuria González. Retoma vacaciones viguesas tras dos años con Fernando Fernández Tapias sin poder hacerlas. Es adicto a la tierra meiga, sede de sus navieras. Añoraron los 80 floridos como Rod Stewart mientras el clan Alba –Eugenia, Cayetano y Fernando– no parecieron afectarse por algo antiprotocolario. Será cambio acercador a la calle, que no se sabe si impone, recomienda o sugiere Letizia. Rebaja majestad tal esas salidas a lo que no son cines de barrio. Cayetana hubiese organizado una buena con el criticado olvido, descuido o desliz obviando la Marcha Real preceptiva en presencia de los Reyes. Chocó, como el buen estado más físico que vocal del cantante inglés, que incluso coqueteó con el jazz. Sigue fiel a su pelo rubio y encrespado de siempre. Los viejos rockeros nunca mueren. Se adaptan a las circunstancias. Fue recital abriendo gira española a la búsqueda del público no perdido. Cary Lapique, clásica en blanco con lunares de su protegido Jorge Vázquez, coreó Maggie May ante un Enrique Ponce arremangado. Embelesada vi a María León con falda negra de volantes, Tony Cantó me dijo que en la política hay más comedia que en el teatro ante los duques de Terranova (él, barbudo) o Vanesa Romero, que descansa de sexi de La que se avecina, donde añoran a Antonia San Juan, mala en Gim Tony y afeada sin ninguna gracia tal si fuese Miriam Ungría de blanquísima palidez, repararon ante Mónica Martín Luque de traje largo y muy salidora desde que no es nuera de doña Pilar. Impuso el no comment mimada por su chico siempre atento. Es lo que no tenía maritalmente, descubrían ante su bronce piscinero.

La duquesita de Montoro fue muy Sargento Peppers, con chaquetilla de corte militar orlada de alamares dorados. Apenas habló con sus hermanos y animé a Cayetano –que se desvivió con su adoptada Margaret, hija de su nany– para posar con Fernando, inmenso de cuerpo y humanidad cálida. No llegaron a abrazarse, son gestos nada ducales:

 “No iré a La Coruña a finales de mes donde siempre voy al concurso hípico que Amancio Ortega dedica a su hija preferida. Marcho a Kenia con mis hijos, donde tengo una casa que no visito desde hace dos años”. Sé que Genoveva Casanova querría acompañarlos tal madre amantísima. Pero la frena el enamorado José María Michavila, tan pendiente del qué dirán. Lógico. Sigue como abogado de los cantantes Shakira y Alejandro Sanz.

Lleno hasta la bandera

En el concierto, Rod sorprendió con su blazer plateada cosido en Savile Row, un estilo que encaja con los 70 años que no aparenta. Qué manera de contorsionarse, doblar el espinazo, ir de un lado a otro sobre deportivas también de lamé artificial hoy suavizado por el soul. No cabía un alfiler y enloqueció nada más aparecer en el amplio escenario del Teatro Real de Madrid, que había cedido su palco presidencial a los técnicos de sonido desaparecidos bajo enormes mesas que ocupaban espacio donde habitualmente lo hacen los reales traseros.

Pero sí chocó tal cambio de asiento, localidad, y no digamos la falta del ritual chunda-chunda. Carmen Lomana se desmandó poniendo sus nalgas sobre la aterciopelada barandilla de los palcos platea. Destacaba su floreada vestimenta y, sentada de privilegio, saludó con la mano en el mejor estilo doña Carmen o reina Sofía, Letizia es más comedida. Contagiada del entorno, se creyó reina por un día ante Sus Reales Majestades. Irrespetuosa metedura de pata.

Fue runrún incesante en la siguiente cita social, reparto de corazones a la solidaridad. Sobresalió, porque de grandes corazones iba, la casi exhibicionista María Bravo con su novio andaluz. Le lleva 14 años, eso está de moda y ya no enarca cejas reprobadoras. Exuberante como siempre, aplaudida su pechuga y más delgada –menos lo sobresaliente, algo decaído ya–, aconsejó su casi régimen:

“Agua, mucha agua porque favorece mi menopausia de 48 años. No me afecta nada gracias al agua que bebo”.

“¿Mejor el amor en Hollywood,–fue novia de Bruce Willis en la prehistoria–, o con este bigotudo marbellero?”.

“Allá es otra cosa, aquí amo lo mío”, reconoció ante el posado conjunto de las Massumeh. Isabel Abdó tan bronceada como Silvia Guenun, dueña de Pandora, que acaba de descubrir Sanlúcar de Barrameda. Agarraba su bolso como Mónica Martín Luque hacía con el suyo. Palomo Linares Jr. contó que apoya el millonario amorío de su madre y no opinó ni comentó sobre el de su padre con la elegante jueza. Felicitó al torero José Ortega Cano, muy delgado y con lino gris. Aplaudían su inesperado gesto de reaparecer –¿continuará?– toreando en Benidorm con un Manzanares en estado de gracia y el imprevisible Morante de la Puebla. Puede abrirse un nuevo frente en el clan Jurado, donde la prohijada Gloria Camila siempre será desafinado cante. Con lo cuidadosa de modales que fue Rocío. Tristísimo. 

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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