La duquesa se enteró por la prensa del alquiler de su palacio
Cayetana de Alba desconocía que su familia pretendía alquilar el palacio de Liria para banquetes. La guerra familiar resurge así tras la tregua navideña.
Nuevo soponcio, más bien renovado enfrentamiento entre los Alba que siempre parecen en pie de guerra. Tan solo fue tregua navideña ya superada. Lo sufrido por Cayetana fue un berrinche ante lo inesperado. La cogió de sorpresa y se enteró por la prensa, que sobre el monumental palacio de Liria colgaba el se alquila. Ella no podía creerlo, incluso se restregó los ojos: “Pero, ¿qué es esto?”, observó ante un Alfonso también con problemática personal relativa a su futuro profesional, ahora que se asentó como nuevo duque y cada mañana hace gimnasia en el club Pineda, que le ofreció sus estupendas instalaciones para que no pierda la forma.
“Es que no me advirtieron, cariño, no hay derecho”, casi se indignó conteniendo la ira. Porque el mensaje periodístico no dejaba lugar a dudas y ensombreció la soleada mañana de Dueñas. Empezaban con mal pie, suspiró el apuesto duque recién estrenado, como en vísperas había hecho diciendo “no” a las dos proposiciones de empleo ofrecidas sin necesidad de reclamo. Bastó con que lo supieran vacante tras aprobarse su solicitud de excedencia por dos años en la Seguridad Social. Aun agradeciendo el gesto aparentemente reforzador de su futuro profesional, le dio vueltas más preocupado con lo suyo que por el rifirrafe entre madre e hijos. Tras repartirse el enorme patrimonio, ya campaban por sus respetos. Increíble en su evidente ninguneo a la dadivosa madre que repartió la herencia en vida creyendo que así alejaba la ambición de su variopinta descendencia. Nunca lo hubiera hecho aunque el palacio de Liria, del que siempre alardea, la ahoga al estar encajonado en el entorno madrileño, rodeado de ruido, humos y las interminables obras del metro.
Noticia imperdonable.
Y Luis Merlo, de los Larrañaga ya en apretado clan con Maribel Verdú, lloró atribulado al restrenar Tócala otra vez ,Sam con una María Barranco ya casi físicamente irreconocible. En nada se asemeja a la que en tiempos fue esposa de Imanol Uribe. Luis comentó la imperdonable pifia, error y susto colectivo provocados por un correo que certificó sin base alguna el fallecimiento de Carlos Larrañaga en Benalmádena, donde sigue internado sin dejar la UCI que ocupa hace ya veinte días. Noticia imperdonable tan increíble como sorpresivo fue el descubrimiento de Cayetana.
Enseguida se puso en marcha pidiendo explicaciones que solo la medio convencieron. Llameaba santa indignación, no era para menos. “¿Qué es eso de que Liria, cargado de goyas, el testamento autógrafo de Cristóbal Colón y siglos de historia se abrirá a bodas y banquetes?”, no había visto desatino igual no justificado con la presunta escasez de dinero contante. Pidió y le dieron explicaciones. “¡Ah, que solo lo prestamos durante la crisis. Pero que no pasen del jardín, eh”, advirtió relativamente apaciguada. Alfonso no medió ni contó, siempre evita opinar o interferir entre madre y parentela. Así evita discusiones y consejos siempre desatendidos. A Cayetana pareció bastarle. Apenas le explicaron las rectificaciones a pie de obra del proyecto de utilizar Liria para bodas, banquetes, primeras comuniones y todo tipo de convenciones siguiendo el recurso extremo de otras familias de grandes de España como los Medinaceli, que fueron precursores en los sesenta del pasado siglo. Igual hacen los Griñón con posesiones menos emblemáticas que Liria. Justifican echando mano de los costes y que los tiempos han cambiado, aunque los Alba seguían encastillados como Alfonso parece reticente a resolver su trabajo. Mira, remira, disecciona ofertas sin concretarse la intención de Manuel Colonques, propietario de Porcelanosa, donde figura inmutable y magnífica Isabel Preysler con sus hijas Tamara Falcó y Anita Boyer recientemente incorporadas.
Alfonso no las tiene todas consigo, teme trampas, emboscadas o trapisondas. Se huele algo porque no acaba de creer la buena, aunque distante, relación que sostiene contra prole tan manipuladora. No olvida ni supera cuánto le hicieron sudar en los primeros tiempos del romance. “De momento he pedido dos años de excedencia hasta mi jubilación como empleado de la Seguridad Social”, confía el nuevo duque a los íntimos de Cayetana entre los que cayó de pie. Es un engatusador lleno de encanto y detalles que le devuelven tutelándolo. Lo consideran uno más del grupo bético, siempre encabezado por Carmen Tello, Marta Pastega, Tere Pickman y un Curro Romero que acaba de perder 14 kilos por recomendación médica. Dicen que quedó para reaparecer de nuevo imponiendo magisterio, La Maestranza no deja de añorarlo. Ya es historia viva de esa Sevilla ahora remozada con los nuevos trajes de flamenca convertidos en moda. Anuncian la primavera, los rezos de Semana Santa y su feria abrileña.
Las pasarelas con lunares son la gran obra de Raquel Revuelta, que sigue progresando en su amor por el Tato. Antes lo pasó en grande con el barcelonés Álvaro Bultó, romance juvenil de la infanta Cristina. Recuerdo cuando ella, todavía soltera, vivía en un cuarto piso de la zona alta. Lo compartía con Vicky Fumado. Era su nido de amor y cuando Alvarito le pasaba el brazo por la cintura, Cristina lo advertía: “Cuidado, que está la prensa montando guardia”. “Pero si estamos en un cuarto piso, no temas”, contestaba él. “Sí hay peligro, estos cabrones trepan por los árboles”, lo previno dejándolo seco de la sorpresa. Álvaro me lo contó años después una noche que tomaba copas junto a la piscina del hotel Juan Carlos en tiempos frecuentado por el monarca, que accedía en ascensor privado al último piso con secretismo tipo James Bond.
Si esas paredes hablasen acaso darían para una película de aventuras como la que protagonizó José Coronado, doblemente galardonada en esa antesala de los Goyas que son los trofeos José María Forqué. El galán desbancó a Banderas, escogido por La piel que habito. El filme almodovariano aspira a 17 Goyas pero no parece favorito pese al empeño del director y la Academia por superar un distanciamiento casi genético.
Entrega de premios.
El palacio de Congresos extendió una alfombra roja más aparatosa y ancha que ordenada. Por ella desfilaron en guirigay desde la reoperada María Barranco ya casi irreconocible bajo esmoquin negro a Vanesa Romero, entonada con la chaqueta acero de Alberto Caballero, guionista o casi director de La que se avecina. Mientras Enrique Cerezo, presidente de Agedesa, hacía honores a una nutrida representación gubernamental encabezada por el ministro de Cultura. “Soy de los vuestros”, aseguró Wert como saludo mientras Chencho Arias, que también fue actor en varias películas, realzaba españolismo bajo una capa española en aterciopelada tela marrón. Durante siete años fue visita imprescindible como embajador en Naciones Unidas y Moratinos le tomó manía hasta arrinconarlo de cónsul en Los Ángeles. Le crispaba ver con qué eficacia desempeñaba su cargo desde la lujosa embajada. Jesús Olmedo provocó suspiros por la claridad de sus ojos azules contrastados con barba, incluso con linda pareja a cuestas. Sorprendió el aire casi punk con que se peinó la fría Pilar López de Ayala, casi mejor actriz por Medianeras y la meteórica carrera de María León, muy situada con La voz dormida. Emocionó Mar Saura, que prepara reaparición televisiva, con estilazo y finura realzados con corpiño de cintura bajo sobre falda avolantada, rebrilló en lentejuelas negras bajo una mini por encima de la rodilla.
Destacaron Tony Isbert con una napa negra y Fernando Trueba por ir en vaqueros chocando con los tiros largos. Trueba fue exaltado por una carrera ejemplar donde destacan la oscarizada Belle époque y El siglo de las luces tanto como esa Chico & Rita también aspirando este año al Oscar como mejor película de animación.
Sorprendió la siempre dulce Olivia Molina con traje largo como disimulador de embarazos, era modelo cremoso que insinuaba tripa, nada que ver con el rosa palo de Elena Ballesteros o el blanquinegro de Carolina Bang, ya sin esconder su relación con Álex de la Iglesia. Jorge Sanz formó tándem con Antonio Resines, ya reliquia de tiempos mejores, y Kira Miró puso estilazo de estilo helénico con el consabido hombro al aire.
Y el orden llegó con Ignacio González, vice madrileño con voz de mando: urgió a Cerezo a darle ritmo a la entrada “o se nos hará muy tarde”, arguyó ansioso a ver si movían al compacto grupo ministerial encabezado por el ministro y la entendida Susana de la Sierra buen reemplazo de la exministra Sinde, que parece desaparecida en combate. Salió escaldada. Como una visión no sé si fantasmal pero sí terrorífica se paseó cual mesa camilla con sillería incluida una Mary Paz Pondal experta en cine del Oeste made in Spain. Pasó a mejor vida aunque aquí rodaron los mejores como Leone o Eastwood.
Una velada divertida.
Sirvió de prólogo orientativo para los ya inminentes Goya, referentes del cine español, como los premios Espejo Público son referencia de a quiénes quiere el público mañanero. También sirvió de escaparate para exhibición nocturna de Pablo Motos cogiendo al aire a una enronquecida Susanna Griso en estado febril, que no acusaba su fina estampa remarcada por túnica amoratada sobre altísimos tacones de sandalias en charol. Pablo Motos tiene en su haber el récord de entrevistas a figuras hollywoodienses. Will Smith proyecta asociarse con él para lanzar su programa en los canales norteamericanos. Han creado una productora que los une como a Pablo el favor popular con Cayetana de Alba, finalista, y el guaperas coruñés Mario Casas, tercero en discordia distinguidora de atractivos. Una terna singular marcada por las diferencias, contrapunto a la informalidad horaria de Carmen Lomana que frívolamente llegó hora y media más tarde de lo señalado. Diego Gómez llevaba mustio el nudo de una corbata verde similar a la de Silvio González. El jefazo televisivo contaba aspectos de su viaje navideño al sur de la India que les encantó a sus cuatro hijas. Leire Pajín parece adelgazada de la pesada carga, “algo tan solo aparente porque me desinché”, descubría ante un González Pons también con régimen político. Parece funcionar mejor que la Dukan con recursos de ida y vuelta, bien los acusa Caritina Goyanes, que con mamá se une a los debates televisivos. Pueden hacer caja y buenas aportaciones. Se recurrió a una vestimenta más o menos tradicional, escotes en pico y minis vertiginosas alargando piernas como las anaranjadas de Romina. Casi permitía descubrir su último tatuaje que, a semejanza del jugador, se hizo sobre la cadera derecha. Reproduce y perpetúa las cuatro patitas de su cachorrito de solo tres meses. “José se ha hecho el mismo”. “¿En zona más íntima?”. “También en el muslo, no seas malpensado”, me riñó con delicadeza argentina llena de resonancias a tango.
Lourdes Maldonado contrastó raso negro en su casi platinada melenita que la infantiliza y Francesc Parellada no solo es representante: demostró su calidad humana aguantando todo el acto el blazer de Ralph Laurent de la guapa y cuidando también su bolsito Chanel en acolchada napa negra. Parellada sabe mucho del tema de Urdangarin porque está próximo a Carmen Camí, la ex del vasco enamorador a la que abandonó rendido por la infanta. O tal pareció entonces. Igual ahora descubrimos que no es amor todo lo que aparentan, exhiben y mantienen. Aunque nunca creí, que el escandalazo mermase el amor ilimitado que ella siente. Es amor del bueno como de bolerón, siempre de aire trágico. Aquí el amor es ciego. O tal pretenden.


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