Isabel Preysler podría casarse en Perú

25 / 04 / 2017 Jesús Mariñas
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Si Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler deciden celebrar la boda en el país andino, sería un varapalo para la exmujer del Nobel que reavivaría su abandono y pondría en un brete a los íntimos: complacer al escritor o no desairar a Patricia.

Ya lo proclama nuestro refranero con sabiduría popular: cornuda y apaleada. Así quedaría Patricia Llosa, que fue abnegada y vigilante esposa de Mario Vargas Llosa durante cincuenta años, a la que frecuenté bastante en sus periódicas estancias marbelleras de verano, él rehabilitándose con las Massumeh, a las que sigue adicto. Ninguno entendíamos cómo disfrutaba con ese frívolo glamour: Preysler era su ideal y nosotros sin olerlo. El novelista estuvo en la feria abrileña y aplaudió a Morante, Manzanares y Roca Rey.

Para unirse al mercado semanal del corazón nace Rumore, buscando romper la monotonía tan repetida en portadas. De ahí que afirmen que la idílica pareja aprovechó su reciente viaje peruano para visitar posibles escenarios maridadores. Algo más exótico que el primer enlace en Illescas con banquete de José Luis “pagado en cómodos plazos mensuales”. Me lo reveló papuchi, que apoquinó. Alfredo Fraile fue su mánager modélico pero traicionado igual que otros muchos íntimos, la lista es interminable.

Los lanzadores de esta “exclusiva” descubren que Mario dijo a un transeúnte desconocido que “me casaré en Perú”. Fue la mecha del bombazo posible que pongo en duda y obvian que sea Lima y su pobretona catedral marco al que podría ser póstumo el “sí, quiero” de Preysler tras Griñón, Boyer y el lamentador cantante hoy muy extinguido.

El asombroso rumor apunta a que el Nobel podría decantarse por la singular Arequipa natal, tan constantemente presente en su obra. O acaso en el rehabilitado templo de San Pedro, en la indígena Andahuayillas con maravillosos murales del XVI. Espléndido barroco iluminado con pan de oro, metal que allí abundaba.

Una equivocación

Escoger Perú resultaría una equivocación, incluso conociendo que ella no es dada a tal exotismo. En caso de que Mario por fin acabe allá el divorcio con la madre de sus tres hijos, montarlo supondría un dineral. ¿Imaginan el coste de traslados, pasajes y estancia de los amigos españoles que estarían invitados? Una pasta, porque el mágico Perú no está aquí al lado. Tardarían en superar el “mal de altura”, causante de hinchazones y malestar dejándolas impresentables casi una semana para aclimatarse tras la paliza transportadora. Luego queda saber si en esa localidad hay suficientes hoteles, peluquerías y salones maquilladores para recomponerlas. Poco amiga de esos alardes, sin duda resultaría espectacular en su novedad, pero nueva humillación para el insuperado “ahí te quedas”. Patricia reavivaría su abandono y renovaría la amargura y, encima, pondría en un brete a los íntimos, sin saber a qué carta quedarse: complacer al escritor o no desairar a su exmujer. Difícil elección cuando si para visitar Machu Picchu como pareja solitaria llevaron ocho de compañía, seguridad incluida. A la porra el místico romanticismo que generan las ruinas. Y no nos referimos, claro está, a quien protagonizaría este fantasioso the end casi hollywoodiense.

Todo eso se glorificaba, evocaba o reía tras los primeros soles veraniegos avivado por el chisme abrumador magnificando el ridículo que hizo Alba Carrillo con Jorge Javier coleando el jet lag de su viaje neoyorquino, aquello le gusta más que a mí, otro mundo: horas después paseó el mismo traje verde con rameadas hojas marrón que la novia de Fonsi, Marta Castro, ya en vísperas nupciales. Imperdonable despiste de la estilista Andic, que no se fija en lo que coloca a una o presta a otra. La descalifica profesionalmente y serán pocas las que caigan en sus manos temiendo gafada propiciadora de comparaciones desagradables. Si la futura superviviente que ya pareció superar el trauma Feliciano López y estrena amor –justo ahora que se encierra en la isla, mecachis, qué inoportunidad–, la menos experimentada pareja de Fonsi apañó la tela, despistó añadiéndole body negro, descolgó las amplias mangas casi kimono y dio aire nuevo a una túnica imposible de olvidar. Imagino que lo nada casual cabrearía a la ya temida Alba, que no se anda por las ramas y anuncia asustando: “Puedo ser una bomba”.

La Campos verá los toros desde su barrera malagueña, “me vine para quitarme de en medio”, y Bigote Arrocet, anticipadamente zurrado por el simple hecho de concurrir, ya puede ajustarse armadura que le permita sobrellevar los posibles tres meses sometido a pruebas de las que pocos salen indemnes. Una bien pagada experiencia que luego ofrece múltiples televisiones que alivian calvario y hambruna. Sobre el papel y lo previsto, tan solo Gloria Camila, tan borde, permite intuir por dónde irá la batalla. El cómico supongo que optará por hacer de caballero andante.

Prohijados problemáticos

Se hacen apuestas. Son claras y destacan los nombres de Paula, Bigote, Laura Matamoros y la Gloria Camila tan intempestiva. Siempre malcriada, y cuidado que lo intentó Ortega Cano. Poca suerte tuvo con sus prohijados, porque José Fernando es de cuidado. Qué diferencia con Vanessa Escobar, que ahora vende la casa mítica, donde Manolo y Anita fueron eternamente felices. Lo que podía ser símbolo de la España cañí pese a estar bien situada –y sitiada de rascacielos– en el centro de Benidorm, no rendirá culto al artista con la devoción que en EEUU mantienen museísticamente la mancillada casa de Michael Jackson.

Tras ese repaso, aún les sobraron días para ver lo pimpante que está Ivonne Reyes, ya con un pie en los cincuenta. Lo demostró promocionando la dieta de la alcachofa, ya solo pretexto para ganar los 20.000 euros que les dan por anunciarla. Ninguna se resiste, ya lo hicieron tempranamente sin necesitar adelgazar ni reforzar bolsillo desde Rocío Carrasco o la Campanario, de tan poca chicha. Ya casi supone un índice de popularidad. La exuberante venezolana recalcó la posible impostura revelando que “en la casa ya perdí siete kilos incluso sin medicarme”.

No más pruebas de paternidad

Sobre rojigualdas sandalias veraniegas, aseguró que su hijo Alejandro, de 17 años, no volverá a prestarse a pruebas de paternidad ahora rescatadas del baúl de los recuerdos: “He presentado querellas, le han hecho un daño irreparable y nos obliga a visitar al sicólogo. Pepe Navarro lo ha hecho por fastidiar y llamar la atención. Mi hijo aún es menor y algunos lo olvidaron. En su tiempo pedí hasta cuatro pruebas de paternidad que Pepe rechazó. Él y yo sabemos perfectamente de quién es hijo”. “¿Proyectas matrimonio con Sergio, tu nueva pareja, a la que llevas nada menos que 27 años?”, pregunté. “Me aporta tranquilidad y risas, se ha hecho buen amigo de mi hijo”.

Parece tenerlo más claro que Paula Echevarría, aún con la duda de si, pero no, sigo con él. Pasamos auténtica semana de pasión sin subida al Calvario, solo faltaría –cavilando más que ella si seguirá o dirá adiós a Bustamante–. Nada aclara de si están separados, mientras él pareció enmudecer y la guapa con gesto contrito como si maloliera la barata colonia que lanzaba, se llama Senssuel, alargó el tirón en una rueda de prensa descalabrada. Acabó llorando no ante abuso interrogador sino “porque me abruma tanta prensa junta”. Lágrimas de cocodrilo soltadas para darle rango al lanzamiento de su perfume. Llanto por aroma, solo se habló de eso. Su precio según tamaño oscila entre 8 y 12 euros, lo destinan a grandes superficies y es estrategia de Puig para copar mercados sin el refinamiento de Rabanne, Prada o Jean Paul Gaultier, creaciones históricas. Pareció agobiada aunque podían demorar el acto comercial ante su fragilidad emocional.

Mientras, en el Teatro Real Eva Longoria batió marcas de glamour con su cena. El primer año la montó con Banderas, rompieron porque no salían las cuentas, ella la sostuvo con María Bravo, delgada en rojo desafiante, y acabó trasladándola al más suntuoso escenario madrileño. Destacó la moderna finura de Carla Pereyra, de negro escote avolantado. Con Bertín en estado de gracia televisiva, Fabiola Martínez apoyaba su belleza tan antichavista. “Mi familia lo pasa fatal en Venezuela”, repitió en hombros rebordados de plata.

Fonsi se casa en Ibiza el 30, acaso bajo el mismo esmoquin pasado por la tintorería. Van 500 invitados y así se inaugura el verano. Calzó zapatos de charol ¡sin calcetines! Como si vistiera vaqueros. Actual pero chocante. Y en ese rompimiento colaboró Óscar Higares, donde sus botones no eran negros sino rojo y turquesa. Un toque distinguidor ante la suntuosidad de Carmen Lomana en amarillo dorado de cursi chaleco rematado en ondas. Nuria Fergó fue rosada; Belinda Washington, asalmonada y con su hija; la Orleans aireó vieja estola; María Bravo, muy typical con hombro de volantes; chula Chenoa de pichi que castiga; y Tamara, con inédito pechazo desbordando sus firmes redondeces sobre el discreto contraste de gris con arabescos plata.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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