Isabel Pantoja compara su proceso con el de Urdangarin
La folclórica largó en televisión sin pelos en la lengua anticipando lo que veremos a partir del 24 de junio, día de su primera comparecencia en el caso Malaya.
Si a Julián Muñoz lo defienden, ¿por qué no hacen lo mismo con Urdangarin? Y si a mí me defienden, ¿por qué no a la infanta Cristina? Parece que la justicia no es igual para todos”, clama dando palos de ciego. No lo podían creer, era lo nunca visto. Pero enseguida pasaron de la emoción a la conmoción. Tres minutos antes de acabar Espejo público, la folclórica encausada telefoneó porque quería aclarar o descalificar lo que momentos antes había evocado Cristóbal Toro, antaño mano derecha o casi cómplice del alcalde en sus tropelías marbelleras. Los dejó secos en sus extensas declaraciones, la Griso repetía incesantemente lo de “estamos grabando y lo emitiremos en próximos programas”.
Incansable, Isabel largó durante 50 minutos incluso respondiendo a preguntas de los siete colaboradores que compartían plató o recibían aplausos por su valentía. Semejó un imprescindible lavado de imagen, no escatimaron cuestiones incluso escabrosas y quedaron perplejos cuando ella casi se compara a la infanta Cristina y su problemática conyugal con Urdangarin. “¿Por qué ella y no yo?”, clamó alto perdiendo papeles y perspectiva. Rozando las dos y sin más que demandarle, la Griso consideró rematado el tú a tú mientras agitaba aún perpleja su rubia cabellera. Exultaba ante el resultado que, en contra de lo habitual, les había salido gratis. Era lo nunca visto, bendito sea Dios. Pero poco duró el optimismo porque horas más tarde recibió un burofax de los abogados de la cantante, Gabriela Otondo y José Ángel Galán, refiriéndose a lo que consideran despectivamente “supuesta entrevista”. Susana no podía creerlo y dio un repaso al jugoso material donde lo mismo se reflejaban los 27 millones defraudados al municipio andaluz que otros desmadres como lo remarcado por Toro de que “Isabel me pidió que influyera para que Paquirrín lograse el carné de conducir incluso sin examen”. Aquella Marbella era una fiesta sin frenos. Susanna y su equipo ya tenían listo el extracto que dejaron en casi una hora insólita. “Es la mejor entrevista que Pantoja ha hecho en su vida”, razonó entusiasmada. Luego se desinfló ante documento tan explosivo. Le quemaba en las manos y apenas durmió.
La cantante dio marcha atrás.
También se desinflaría perpleja ante tal marcha atrás cuestionadora de su trabajo, entrega y honradez, algo compartido por unos colaboradores razonando el porqué de esta marcha atrás en lo que les había sonado a romance de valentía. Sopesaron cualquier posibilidad: desde presuntas amenazas de Tele 5 con la que tiene exclusiva aún con dos especiales pendientes, a temor a represalias ante su descarne verbal realmente incontenible. Largó sin pelos en la lengua como ante un tribunal anticipando lo que veremos a partir del próximo 24 de junio, día de su primera comparecencia en el caso Malaya. Allí ofrecerá otro tipo de cante. Acaso lo haga con carceleras del puerto o dándole a las seguidillas. Supongo que la cosa tendrá continuación o también castigo.
Cómo creer que Isabel pecara de ingenua soltando la lengua durante casi una hora ¡No es tan pava, incauta ni maleable! Fue consciente de lo que soltaba o se arrepintió luego, acaso aconsejada por sus letrados, que lo habrán considerado barbaridad suicida y lesiva. Parece desahogo exculpatorio. Eso sí que es cante grande.
La historia trascendió porque generó comentarios en los casi 200 afortunados que fueron pasmados testigos en los palcos de invitados. El eco resonó sobre las pasarelas de lo que Cibeles, hoy reconvertido en desfiles Mercedes Benz uniendo así Madrid con eventos similares a los que organizan ciudades como Nueva York, Londres o Milán. Un bla bla bla incesante contrapunteaba el colorido tan bien cosido de Agatha que hasta parodió al águila de fuego que Esparza, tan fiel a Balenciaga, creó para Celia Gámez aquí revestida con rojigualda patrio que tocó lo más sensible de Ana Botella. Bajo rayado azul marinero, parecía presta a iniciar crucero como si el Ayuntamiento supusiera nueva singladura en política ya tan experimentada. Le faltaba la caña de pescar y ofreció imagen opuesta a la de una Esperanza Aguirre desmintiendo rumores de enfermedad repetida y abandono de la presidencia comunitaria. Viste como para ir de caza y no deja de repetir la verde chaqueta de corte austriaco tan vistosa como el pijama dorado casi caribeño que Nati Abascal repitió en espacio de dos semanas, algo imperdonable en elegantes como ella. Aquí lo adornó con un renard por bufanda hecho por Nelsy Chelala como la chaqueta de visón perla que algunos doctos confundieron con chinchilla exhibida por Isabel Preysler en el aniversario de Vuitton de Roma, como el catálogo de astracanes de Cristina Tárrega o lo zorros rojos que Mamen Spinola paseó en el desfile de los Lucchino.
Nati siempre marca tendencia desde su magnífica e insuperable setentena, siempre rehabilitada por Maribel Yébenes, ya casi su sombra y conservadora del mejor patrimonio nacional. Juntas se sentaron festejando el debut joyeril de Aristocracy, firma a la que presta empaque y pedigrí o mejor alquila, -no disimulemos- la pelirroja Olivia de Borbón. Era la primera vez que un joyero desfilaba para lo que fue el Cibeles, hoy disfrazado buscando mejor patrocinio. “Lo reconvertimos porque no vendía marca ni ciudad internacionalmente. Fuera de aquí nadie relacionaba Madrid con ese nombre”, me cuenta Fermín Lucas, director de Ifema, con Álvarez del Manzano. Tarde lo descubrieron, hace tres años y tras cuarenta de presentarlo bajo marinera advocación. Cosas veredes, igual que el emparejamiento de Rosa Díez, con una especie de frac de calle, con su ya inseparable Toni Cantó, un empuje a su partido. O el de la delicada Cristina Garmendia formando oposición nada política con la cambiadísima Mar García Vaquero, sustituta de la siempre adusta Carmen Romero como esposa de Felipe González. Es auténtico reposo del guerrero y me contó entusiasmada su reciente viaje al dominicano Punta Cana de donde el expresidente volvió rejuvenecido y remoreno. Ofrece aspecto envidiado, como Mar con collarón en coral negro diseñado y regalado por él. Podía emparejarse a la casi raíz anillada de la exministra ahora lanzada en futuras aventuras hispanoamericanas.
No sabe estar mano sobre mano como sucede con las hermanas Elena y Naelé Tablada. Anunciaban viaje a reinstalarse en Miami donde ya está Elenita y su problemática con el parece que decaído David Bisbal. Allá dan por rematado el matrimonio entre Paulina Rubio y Colate Vallejo Nájera. Solo los mantienen unidos su hijo y el trabajo, ella resulta insoportable, ronroneaban ante la gordura tan creciente de Octavio Aceves que casi lo hermana con la opulenta pero bellísima Caritina Goyanes, la mejor de la bien vendida familia, acaso con el ejemplo del joven duque de Feria a quien solo le falta posar –y trincar– orinando o tosiendo. Su último gran pillado fue paseando a sus perritos, una ternura comparable al rencuentro de Jesulín tras año y medio sin ver a la Andreíta de sus entretelas, siempre leitmotiv reivindicativo de una Belén Esteban con labios tan rengordados como los de Raquel Bollo. O como los rebosantes de una Maruja Díaz que sorprendió atigrada en la fila vip de Francis Montesinos, fiel a la mediterraneidad como Andrés Sarda feliz con su hija Nuria como heredera recreadora de piezas al aire cabaretero de su moda íntima, ya celebrando medio siglo. Aniversario feliz con novia espectacular mostrando lencería sutil y glamurosa. Arrancó risas en la masculinizada Lucía Dominguín de vestimenta andrógina y una Paola reubicada en Valencia. Allí sigue diseñando y lanza el cartel taurino para la feria de Fallas donde remplaza al matador por un enorme cornúpeta.
Entre dimes y diretes, comentaban lo bueno que está Denzel Washington, que nos visitó lanzando El invitado, su última película, una alfombra que pisó sobre deportivas de goma blanca. Alucinó a los formales como Carmen Lomana, que ya no esconde su sesentón amor con el fotógrafo Ángel Casaña veinte años más joven -la duquesa creó cierta escuela-, no pasmando con ese rejuvenecimiento cardiaco sino trocando un conjunto blanquiverde muy entonado en zapatos, guantes y bolsos por otro muy luminoso firmado por Agatha. Una incómoda manera de quedar bien y asegurarse futuros tratamientos o mimos periodísticos, qué no sabrá esta rubiales renamorada que no pierde una y casi se da de bruces con la Abascal promocionando el disparatado joyerío casi revistil de los Suárez.
Plante de cámaras.
David Meca lo admiró con cierta perplejidad ante un photocall callejero con Madrid bajo cero, lo nunca visto, hubo plante de cámaras ante tanta desconsideración y falta de humanidad. Eso no le falta a Cristina Tárrega que engancha con su Territorio comanche casi confesionario del famoseo.
Y qué decir de su amistad casi hermandad con el arquitecto Joaquín Torres, que ahora reclama 30.000 euros al jugador Raúl, que tuvo más fortuna que su excompañero Guti que parece no saber a dónde tirar como no sea la luminosa Romina. Le alfombra el futuro a ritmo de tango y sexo. “Lo hacemos a todas horas desde que despertamos”, me descubre y no deja de sorprenderme con lo celosa que aparenta ser de su intimidad tan aireada en Internet. Nadie los gana twiteando y parece que habrá boda ibicenca el 24 de junio. Guti amenazó con querellarse por el informe difundido últimamente en Interviú y comentado en Sálvame y Espejo público. Nada importó que su futura colabore en las mañanas de Antena-3.
“Él no sabe dónde está, lo veo perdido”, me asegura su ex y madre de sus dos hijos, Arancha de Benito. Engordó ocho kilos al dejar de fumar. Intuí en ella cierta preocupación o tal aseguraban los enterados sabedores de que Marta Ortega, la heredera más rica de esta España nuestra, solo se aconseja con su madre para los preparativos nupciales ya en puertas. Se casa el 18 de febrero, en el pazo coruñés de Anceis, propiedad y residencia de su padre y su madre Flora. Hay tiros por las invitaciones, que no llegan a cien. Lo comentaban entre los disparates imponibles presentados por Victorio y Lucchino, tan alzaprimados vía Carmen Tello por las bodas de su hija y la duquesa Cayetana. Ella aportó una fina estampa diez kilos menos, incluso sin recurrir a la parece que decepcionadora dieta Dukan con volumen de ida y vuelta como bien demuestra la opulencia de una Caritina Goyanes que podría hermanarse con la juventud restallante de Andreíta Janeiro. No heredó la fina estampa de Jesulín, la niña fue espoleada por mamá Belén, que le dio fuerte arremetiendo contra el pollo. Su imagen vale más que mil palabras en esa especie de circo exhibidor de sentimientos que supuso el bien montado rencuentro. Fue más producto de un márquetin reparador de imagen que producto de cariño en la lejanía. Deprimió en vez de estimular como la imagen de Fonsi Nieto, ufano en el bautizo de su primogénito Lucas, nacido del amor por Alba Carrillo. La imponente y accesible Alba Carrillo es el contrapunto a la arrogancia creciente de Ariadne Artiles.
Cibeles Fashion Week 2012.
De todo se comentó en este Cibeles transformado pero sin el auge de anteriores ediciones. Cundió la desbandada salvo las presencias de Ángel Schlesser, el favorecedor Juanjo Oliva, la alegría bien hecha y mejor vendida de Agatha Ruiz de la Prada o el chic de Hanibal Laguna, que finalmente y tras cisco rompió con esa Elsa González casi alter ego y antigua directora también de la cinematográfica y alicantina Ciudad de la Luz que anda envuelta en sombras nada más. Auguran escándalo y malversación como imposible reconciliación entre el suntuoso creador mediterráneo y quien fue íntimo apoyo durante quince años. Joaquín Torres monta antológica en el IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno) valenciano de Consuelo Ciscar y no faltará Carmen Alborch, que acaba de perder a su madre.
Lo contaba envuelta en un ropaje Montesinos hecho hace 20 años y resulta “a la última”, exaltaban como ante el retorno de Paula Vázquez tras la campaña en su contra por presunta anorexia, algo impensable ante los diez kilos que recuperó desde el verano. Mónica Martín Luque saca fruto a su divorcio de Iván Gómez Acebo y en nada recuerda a la un poco pasmada que fue nuera de la infanta Pilar. Recupera el tiempo perdido como Cecilia Gómez las ansias viajeras llevando su ballet a México y Guatemala o como la sonreidora madre de la imparable Fiona Ferrer, que no deja de sonreír pese a la doble crisis. Lograron enterrar a su padre- ¡por fin!- tras más de un año en el congelador a ver si aclaraban su extraña y como novelesca muerte. Descanse en paz, ella atenuaba dureza bajo sombrerito poco de atardecer mientras Conchita Spinola y su hermana Mamen unían sevillanismo al de Mamen Peralta, siempre como imagen de Julio Romero de Torres mientras las risueñas hermanas Cobo, una marquesa de Benamejí, remataban jolgorio. Pasmaban ante cómo reinventa los típicos y raciales lunares la afianzada Agatha. Ya no es Cibeles pero se sigue cultivando el “España es diferente”.


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