Boicotean una serie que descubre lo peor de Julio Iglesias

27 / 10 / 2011 Jesús Mariñas
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Toncho Navas cuenta en una serie de televisión su relación con el cantante, al que deja malparado. El hermano de Julio intenta frenar el proyecto.

Curiosidad y morbo desbordado despertó la presencia de Sidney Toledano, el todopoderoso presidente de Dior. Toledano fue la gran estrella de una noche mágica montada en ese apastelado ex palacio de comunicaciones. Una atención singular se concentró en el presidente ofendido y vengador cuando Galliano mostró su lado más racista, a fin de cuentas es gibraltareño aunque su madre nació en La Línea. Tal alcohólico desfogue no gustó en las alturas de una empresa multinacional y hasta multirracial. Lo que fue boutade del genio sentó fatal y, como se sabe, le costó el puesto. De nada valieron sus alardes diseñadores, que en nada continuaban el aire más clásico y hasta lánguido de Christian Dior. Históricos resultan ya aquellos desfiles del parisiense bois de Boulogne que suponían una exquisita excursión campestre donde Dita Von Teese alternaba con la superestimada Maria Berenson y Marichalar casi recibía cual senil anfitrión. Los últimos dos años, por la crisis, evitaron tamaño despilfarro y tornaron los desfiles a la casa central y céntrica donde destacan los sillones Luis XV.

Bien los conoce la princesa de Orléans que hoy parece no mantener buenas relaciones con la que fue su firma durante 20 años. ¡Qué tiempo tan feliz!, podría corear como hace María Teresa Campos que convierte en éxito cuanto programa presenta. La malagueña resucita muertos casi diciendo levántate y anda. Era el caso de quien tanto se entregó dejándose la piel ahora nuevamente tersa gracias a sus constantes visitas al Sha alicantino de Alfac del Pi. Nuevo centro de peregrinación en pos de la eterna juventud que evidenciaba Oliva de Borbón, sin hombro en que apoyarse. Funcionó publicitariamente y les proporcionó óptimas ganancias su historia ¿o cuento? con Palomo Linares Jr. Igual sucedió con Luis Medina y la Hearts millonetis norteamericana. El pequeño de la exduquesa de Feria busca angustiado un amor, no al que agarrarse sino que genere nuevas exclusivas. Sus enamoramientos siempre pasan por taquilla y ya huelen, observaron en cita tan glamurosa donde Carmen Lomana se portó como la criada –con perdón, señora- respondona que es.

Esplendor y glamour.

Nada menos que increpó a un sorprendido Jaime de Marichalar porque la firma daba cena cinco estrellas y no la invitaron cuando sí estaban la exquisita Conchita March, refulgente en llamativas lentejuelas doradas, y hasta Boris Izaguirre ya tan perejil de todas las salsas como el terrorífico Mario Vaquerizo. A Lomana le salían chispas cabreadas de su galliano no alta costura, uno de los primeros de la colección bautismal. Porque todas recurren al fondo de armario como homenaje o por la crisis, era rojo tomate, de colgaduras abrillantadas y la gasa un tanto desmayada de tanto usarla. Nada que ver con el también rojizo miguel palacios exhibido por Laura Ponte como solo ella sabe. Estaba recubierto de lentejuelas de un rojo vivo y lo complementaba con tupidas medias de la misma tonalidad sobre sandalias doradas. Chocante y único. “¿Cómo van tus amores con Mario Conde Jr?”. “Viento en popa”, reconoció con la más rendida de sus sonrisas porque todo le funciona. Hasta los negocios. “El parisiense Collet se ha quedado con mi primera colección joyera, unos diseños a base de cilindros o válvulas combinando oro de los tres colores. Todavía no me lo creo. También monto tienda madrileña en un local adyacente al de Palacios, mi amigo y diseñador”, anticipó a un Luis Galliusi que tutelaba la reciente maternidad de Bárbara Pérez, exmujer de Emiliano Suárez, al que dejó subyugada por Luis Sartorius.

Todavía acunan a la recién nacida y ella, tan luminosa siempre, cuenta y no acaba del muerto que se quitó de encima y la armonía doméstica recuperada. Lo hacía desde negros aproximándose a las rutilancias de Maribel Yébenes bajo el óscar de la renta azulón, con escote rizado casi en volante. Tipazo imponente en oposición al más atenuado en rojo de su hija Myriam. Cecilia Sarasola, con sus hijos Gigi y Kike cual escolta de la Benemérita con el canario Carlos, esposo del segundo, participaban del éxito hotelero de la descendencia, inauguraron hotel en Miami y pronto otro en Los Ángeles. Empezaron jugando y llevan camino de hacerse importantísimos. Lo reconocían ante el trío, intrigante o intrigador, de Marichalar, Josemi Rodríguez Siero y un duque de Feria de ya estudiadísima apostura. Su esposa Laura Vecino recurrió al negro con estridentes zapatos de Dior.

María León confirmó su inminente enlace con ex de una íntima, Vicky Martín Berrocal esquivó a Israel Bayón, que miraba acaso con nostalgia de tiempos mejores donde todo el mundo lo retrataba enamorado. Su postura añoradora me sugirió si padecía por la rotunda sevillana algo más delgada o por la fama perdida. Mantengo la incertidumbre al ya imprescindible dúo de hijastras famosas como son las de Felipe González, Micaela y Lucía García Vaquero. Su tía Begoña acudió atigrada con blusón de manga japonesa donde se nos iban las manos pretendiendo agarrar carne tan morena. Llevaba loco a Bruno Delaye, el embajador francés que rompe clasicismo diplomático. Lanzó suspiros ante la remorena señora Trapote.

Amalia Bono puso buena cara al mal tiempo resguardándose bajo una especie de capa o caparazón negro ante el gris perla abollonado de su cuñada, la tiernísima Alejandra Martos. Lució impresionantes pendientes isabelinos de Natalia, observó esa Lola Alcaraz salvavidas del embajador galo que siempre destaca por españolismo y altura. Arranca ayes y casi olés, repararon en el grupo de la señora Horcher, cuyo restaurante acogió a Toledano y sus invitados casi multirraciales. Pasmó la corbata estrellada de Juanjo Oliva, uno de nuestros más significados creadores con Lorenzo Caprile. “La tengo de no se sabe cuándo”, aclaró Oliva ante la conjunción azulada uniendo plumas y pieles, zafiros y tristeza, familiares de Cuqui Fierro un tanto alicaída. Le consolaban la ternura ferrolana de Dani Martín y de David Meca. No se les escapó a la desfondada Carmen Echevarría, a Cayetano Barral, cuya altura física le ofrece perspectivas únicas o a un Pascua Ortega desdibujado tras su barba a lo Enrique VIII. Es igual de insaciable en sus relaciones, aseguraron.

La gran fiesta del otoño.

Sandra San Juan adelantó que la próxima fiesta marbellera de Banderas y Eva Longoria será el 4 de agosto ya que proporciona óptimos beneficios a sus fundaciones para la infancia desvalida. El actor se desvive con los niños necesitados, le sobra corazón y estimula acelerando la organización con tiempo sobrador. Lo comentaba casi minifaldera Patricia Conde, con encaje negro enmarcador de piernas. Su simpatía vuelve a divertir televisivamente en tándem con el cáustico Ángel García. David Delfín montó dúo con un Nicolás Boele de lateral conformando faldita plisada, buena conjunción a los zapatones con suela de crepe del duro socio de Bimba Bosé o la plácida sonrisa de Cecilia Gómez. Javier Hidalgo es fiel al negro, sobre el que pasea barbita renacentista siempre pegado a una rubia espectacular. Darío Barrio paseó delgadez y Yolanda García Font un cierto desconsuelo contando que rompió con David Luguillano tras siete años. Cosas de la vida. “Pero hemos quedado como buenos amigos”, aseguró a Juan Pedro Abeniacar que ocupó banco romántico con Sidney Toledano y Eugenia Silva.

Con el todopoderoso habló en un castellano que domina, sus ancestros son españoles de ahí el sefardita apellido Toledano evidenciador de orígenes. Lo mismo constató la perfección realzadora de jardines primorosos y la magnificencia de un vídeo proyectado sobre el imponente patio del faraónico nuevo Ayuntamiento al que Ruiz-Gallardón saca 50.000 euros por noche y fiestón. Lo comentaron ante Samantha Vallejo Nájera, ya con programa gastronómico propio, y ya van... Una moda de rechazo, opinaron ante José Manuel y Daniel Entrecanales y María Carrión, con una María Fitz James Stuart que nada reparó de por qué la duquesa Cayetana ha eliminado su primer apellido al firmar la entrega inicial de su autobiografía. Generará obras completas o una especie de nuevo Espasa o Cossío con todo tipo de lances, recuerdos y encontronazos. Ochenta y cinco años dan para mucho, y más cuando se han vivido a tope, de ahí que ahora reconozca que “Antonio pudo ser” un amor de su vida “de no ser homosexual”, su pasión por Sandokan y por Nureyev “que tenía belleza salvaje. Es de los hombres más guapos que conocí”. También que a los 53 quedó “embarazada de Jesús Aguirre. Era una niña” y la perdió “en Córdoba montando a caballo”.

Lorena Sagliocco, dulce esposa de Pino productor musical semi ibicenco, oyó que le hacían acaso envidiosos, comentarios acerca de la biografía tan plena, mientras lo último de Julio Iglesias, levantó comentarios dispares.

Un final nada amistoso.

Entusiasmo o repudio: “Se ha portado fatal, como es costumbre en él, con Toncho Navas. Durante 30 años su hombre fiel, cuidó a Charo de la Cueva, su madre, hasta el último momento. Lo utilizó de hombre de confianza, celestino, encubridor, paño de lágrimas y hombro al que arrimarse. Se lo ha cargado al enamorarse de Miranda”, de la que Alfredo Fraile o Toncho podían contar el origen. Ella admite competencias y recurre al segundos fuera. Navas vivió entregado tanto tiempo al mito y la amistad de un Julio al que conoció de niño. Lo de no acabar. Toncho es superviviente de una serie de íntimos que quedaron por el camino, Pepe Guindi, Albert Hamod, Peñafiel, al leal Alfredo Fraile que le aupó internacionalizándole porque creyó en sus posibilidades. Luego ha tardado años en pagarle 100 millones o así tras vender la casa miamera que fue de Alfredo. La llamaban el Convento porque albergaba a los Fraile. Toncho es uno más, ahora anda por Madrid para vender sus recuerdos.

Proyectaba una serie de investigación como las que tanto éxito tienen presentadas por Gloria Serra en Antena-3.  Se enteró Carlos Iglesias y montó una zapatiesta con la productora interesada en difundir ese material demoledor. Porque Julio quedaba malparado. Su hermano recurrió a influencias para abortar el proyecto.

“Y es que Julio me había prometido regalarme un apartamento cuando me jubilase. Llegó el momento dio la entrada pero dejó pendiente de satisfacer la cantidad más importante. Estoy sin blanca, Julio me engañó. Y no estoy dispuesto a consentirlo. A fin de cuentas, venderé mi vida tan ligada a la suya”, me cuenta. Le duele y le cuesta un esfuerzo porque al igual que Fraile era una especie de Pepito Grillo protegiendo al divo ya declinante mientras Gaelle Collet recibe enhorabuenas por organizar la noche Dior.

Resultó fiesta que hará historia y marca época aportando esplendor infrecuente en una Villa y Corte alicaída en fiestones que eran el pan nuestro de cada día. O de cada noche, para ser exactos. La negritud fue constante como santo y seña actual de Dior. Sobre cuerpazos de José Toledo y las realzadoras piernas de Clara Alonso con la envidiada Blanca Suárez o Cristina Tossio mostrando tripita. Aunque para cuerpo glorioso, la ya casi madura María Grazia Cuccinota que presentó película realzándose como sex symbol mientras a unos premios solidarios se apuntaron la reaparecida Rosa, Chenoa que estrena pareja tras Alain Cornejo, Malena Olivero, Almudena Cid, Iván Sánchez con Mónica Carrilo, Carmen Posadas con trench y gesto a lo Bogart o Agatha apuntando maneras estéticas como imagen anticipadora de lo que actualmente representa Cayetana. No se puede resultar más rutilante. Qué buena opción opositora a la negrura chez Dior.

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