Begoña y Gisela Trapote, juntas

31 / 10 / 2016 Jesús Mariñas
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La actual esposa del empresario Pedro Trapote coincidió con su tercera ex, la venezolana Gisela Betancourt, en un desfile de Silvia Tcherassi organizado por la elegante Carmen Valiño, master class de las relaciones públicas en Madrid.

Jugó pero no despistó en su casi coqueteo informativo. Un sí pero no lleno de inconcreciones al tiempo que dando pistas. Estuvo deliciosa , cálida y brillante como los diamantes de los que ahora es imagen. Tal para cual, ya no le iban los clásicos perlones de Suárez, a los que aportó durante años su opacidad oriental. Parecían nacidos el uno para la otra, pero este cambio sustancial en lo económico refleja mejor el estado anímico de Isabel ahora que rebasa su historial con el octogenario Mario Vargas Llosa, a quien una universidad austriaca ha nombrado doctor honoris causa. Isabel lo acompaña a todo, es hermoso bastón en el que apoyarse. Su unión supone doble cura rejuvenecedora como los masajes dos veces por semana que reciben en Massumeh, una terapia cutánea muy de moda entre las vips capitalinas. Cuenta lo justo sin comprometerse: “Espero que nuestra boda sea una sorpresa incluso para los más íntimos. Mario y yo somos muy sosos para eso. Estamos bien. Mario me pidió matrimonio, pero aún no hay anillo. Me parece innecesario andar con prisas. Pero tengo claro que será algo íntimo y casi secreto. Ya tuve una boda multitudinaria. Y fue un horror.”

¿Te refieres a la casi veinteañera con Julio Iglesias ahora resucitada en un libro donde recuerdan que te pasaste toda la ceremonia llorando? –le pregunto–. Alfredo Fraile también nos lo contaba el otro día en la Peña IV Poder.

“Adoro a Alfredo y a María Eugenia. Somos grandes amigos y hemos compartido muchas cosas donde hubo de todo. No sé por qué hacen marketing con nosotros si luego no somos los que describe. No entiendo esa publicidad A su autora, solo la he visto dos veces en mi vida”, me responde. Le comento que el libro aporta detalles reveladores y precisos, y me dice: “¿Sí? Nunca leo lo que escriben de mí”. ¿Ni cuando recientemente publicaron que vendías tu casa?, insisto. “Una tontería inventada. Ni se me pasó por la cabeza”. Isabel, el tiempo vuela y no sois niños... –le digo con cariño. “Vivimos momentos de paz, momentos felices”, me respondió ajustándose el amplio escote de su traje blanco, modelo que le pareció “horroroso” a Carmen Lomana, presente en este bautismo donde apenas brilló. Isabel ensombrece cuanto tiene alrededor. Le sobra encanto. Siempre impacta y cautiva desde hace cuarenta años, cuando llegó de Manila, supuestamente quitada de en medio para que se olvidase de un playboy que le doblaba la edad. Mandarla a España fue el remedio de sus confiados padres, pero apareció Julio y casi fue peor el remedio que la enfermedad: la embarazó a las pocas semanas, precipitaron la boda y, ocultando el embarazo, Chábeli nació en Lisboa. Él todavía no superó despedirse ella en Barajas cuando volvía de una gira argentina donde, según Fraile, pendoneó de lo lindo. Tenía Julio una novia fija llamada Gabriela, compartida con su exótica mujer.

Carmen Martínez-Bordiú le abrió a Isabel sus achinados ojos que no creían lo que escuchaban. Entonces eran vecinas en San Francisco de Sales cuando la nietísima maridó a regañadientes con el duque de Cádiz, al que luego engañó con el anticuario francés Jean Marie Rossi, experto en carísimos muebles de Alta Época y con tienda en el Faubourg St. Honoré, frente al Elíseo presidencial. Mucho mayor, tenía la medida exigida por Carmen y, muy caballeroso, llegó a convivir con dos esposas bajo el mismo techo. Rossi es padre de su encantadora hija Chyntia.

 

La “escena del sofá”

Fue el marido que le llegó más hondo. Después se divorciaría al encapricharse durante siete años del italiano Roberto Federici. Envidiaban no solo su belleza, también semejante palmarés amoroso, inadmisible en la nieta preferida de Franco. Carmen transgredió la falsa y absurda doble moral de aquella época, nada nuevo cuando, siendo novia de Jaime de Rivera, se lió (y lió una buena) con Fernando de Baviera, y su padre, el acomodaticio marqués de Villaverde, los pilló haciendo la “escena del sofá”. Estaba casado y era hermano de las princesas Crista y la aún refinada Tessa. Carmen rompió moldes, hizo tambalearse El Pardo, donde se crió, aunque siempre tuvo el apoyo de su abuela, la Generalísima. Mantiene complicidad con Isabel, a la que superó en increíble progresión sentimental, y a la que su suegra bautizó despreciativamente como “la china”. Ahí sigue Carmen interesando, prendando y entusiasmando como hace medio siglo. Que se dice pronto. 

Aunque para suspense emocional, ninguno parecido a la morbosa coincidencia de la tercera esposa de Pedro Trapote con la actual. Las invitaron al mismo desfile de la exquisita Silvia Tcherassi y se vieron las caras por obra, gracia y reclamo de Carmen Valiño, una master class de las relaciones públicas. Nada que ver con Laura Sánchez, odiosa y mala colega, alejando a los informadores que, en un anticipo de moda flamenca, vieron de lejos a la muy pechugona (los años lo descuelgan todo) Naty Abascal y a una desfondada Adriana Carolina Herrera. Tuvo la habilidad de sentar en primera fila a Begoña Trapote, cuñada de Felipe González tras casarse el presidente con su hermana Mar. Siempre remorena, Begoña vio cómo desplazaba a la exuberante venezolana que la precedió como señora Trapote. Se dispararon las miradas, más pendientes de ellas que de las recreaciones minimalistas inspiradas en la americana Ann Truitt. Conocedores de cuán generoso es el empresario, calculaban cuál de ellas aireó más la visa platino. Y no acertaban. Buscaban reacciones de malestar o de incomodidad, pero pasaron una de la otra. Su hijo dirige actualmente el ya clásico Pachá, dándole frescura juvenil a la creación de Ricardo Urgell. La cadena mundial empezó en una masía de la Vallpineda de Sitges, un poco más abajo de donde viví 23 añorados años. Superado un tumor, con 80 años que no aparenta y estable con la deliciosa y galaica María, Urgell proyecta vender su imperio de la noche. Carlos Martorell, su íntimo, me puso al corriente de esto cuando coincidimos en Barcelona en la reinauguración de la ampliada tienda de Pilar Oporto. Está en el Paseo de Gracia, donde han dejado la gaudiniana Pedrera como lavada con Omo (que blanquea más) –una barbaridad–, al lado de Miu-Miu de Madrid. Zona de precios tan disparatados como pródiga la noche ibicenca:

Este verano ha sido espantoso. Bajó mucho el nivel de visitantes. Algunos yates atracaban, daban una vuelta, se espantaban y se marchaban con viento fresco, incluso sin enterarse de los muchos robos padecidos en residencias privadas. El Consell ni se inmuta, como tampoco algunos afortunados que pagaron hasta ¡55.000 euros! por reservar una mesa en los locales de moda. Martorell, pionero con Ricardo Bofill padre del turismo ibicenco, donde tiene casa-panorámica en la bien conservada zona de Dalt Vila, acaba de cerrarla reinstalándose en la Ciudad Condal.

Este agosto batieron récords de precios cuando varios árabes se enzarzaron en la ducha con botellones Magnum. Pagaron una factura de 220.000 euros.

Todo es posible en esa Ibiza de Abel Matutes, tan idealizada en tiempos con el “vive como quieras” de la inventada princesa Smilia, que siendo una aventurera, fue su más entusiasta promocionadora, pagada por el exministro de Exteriores.

La cita barcelonesa fue amadrinada por Ivonne Reyes; una Mónica Pont que sigue entregada a Dimas Juncadella, nieto preferido de la deliciosa Mercedes Salisachs; Elsa Anka, quien no confirma su historia de amor con el estético Iván Mañero, dedicado no solo a su clínica de San Cugat, donde comparte con Cristiano Ronaldo la única máquina (casi una enorme salchichera), de criosauna, que sirve de terapia natural para la esclerosis múltiple, diabetes mellitus y fibromialgia, sino que también trabaja dos veces al año rehaciendo en África caritas de niños malformados. Rechazó la oferta de Raúl Castro (muy defensor del tercer sexo... él sabrá por qué) de instalarse en La Habana al frente de un servicio para transexuales. “No podía dejar lo que tengo aquí. Controlo desde la distancia”, me dijo Mañero al respecto.

 

Una ex Miss España diseñadora

Mientras, bajo blazer rojo, Mónica Pont anticipaba que en noviembre lanzará con Planeta sus memorias “contando mi lucha para no compartir la custodia de mi hijo. Resultará aleccionador”. Destacaba la croata Natacha Yolovenko. Bajo verdes botella, María José Suárez miraba con ojo clínico las ropas colgadas. Ahora diseña en Sevilla, donde abrió taller. Es la más hábil y laboriosa de nuestras ex Miss España, ahora feliz con un adinerado catalán. Tiene buen ojo y crea trajes muy femeninos. Le pregunté por su presunto enfrentamiento con Alba Carrillo, que exprime sus diez meses matrimoniales con Feliciano López: el “ahí te quedas” le salió rentable y quiere sacarle una pasta, porque no hicieron separación de bienes.

“Yo no mantengo con ella ningún contencioso. Como la ex más duradera de Feli –estuvimos cinco años juntos–, le di algunos consejos. Creo que Alba se salió de madre. Por eso le recomiendo que se retire un tiempo y deje el luto y de meterse con todos. Pero, ¿qué busca?”, me respondió.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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