Un tonto error de Pe
Entre un director casi genial como Lars von Trier y otro más o menos aseado, Rob Marshall, la actriz prefirió al segundo.
una de las cosas más difíciles de aceptar, para los que no son extremadamente inteligentes, es precisamente el hecho de que otros sí lo son. Ahí no rige la democracia: unos son tontos, otros son listos,
y otros extremadamente inteligentes...
Deportivamente aceptamos que el otro es más guapo; que es más rico o que tiene más suerte; que es más joven y que es más seductor. Pero, ¿cómo admitir que el otro es más listo, y por consiguiente tú eres más tonto? ¡Es difícil! Es asestarse un duro golpe al orgullo. Es como darse un puñetazo en la propia cara.
Y sin embargo, hay que reconocerlo, porque sucede en todos los ámbitos profesionales. Hay, por ejemplo, periodistas muy listos, y otros en cambio son más tontos. Es fácil de ver, porque es una profesión muy expuesta. Lo mismo digo de los escritores, y, en fin, lo mismo en los demás gremios.
Si uno, en vez de ser un poco tonto, fuera inteligente, lo que haría al toparse con un colega extremadamente inteligente sería tratar de pegarse a él, para así aprender algo de quien es su superior, y quizá, en la medida de sus posibilidades, emularle. Quizá se le pueda copiar algún hábito mental, algún mecanismo de pensamiento, una pauta que tal vez se pueda aplicar...
Pero no lo hace, en primer lugar porque como es tonto no se entera, y en segundo lugar porque no es fácil pegarse a los más inteligentes: éstos se aburren en compañía de tontos y en consecuencia procuran zafarse de ellos. Pero de todas maneras a veces, por generosidad o porque necesitan de los servicios de los tontos, se ponen a tiro; entonces no hay que dejar escapar la posibilidad de frecuentarlos.
¿A qué viene esto? A que aunque no conozco a Penélope Cruz, me duele el tonto error que cometió el año pasado. Me duele como si lo hubiera cometido yo. A veces no me deja dormir.
Veamos: Lars von Trier es indiscutiblemente mucho más inteligente que Rob Marshall, el director de Piratas del Caribe IV. Es una evidencia universal, indiscutible. Y sin embargo, el año pasado, la famosa actriz española Penélope Cruz, puesta ante la fácil tesitura de elegir entre dos ofertas, a saber, actuar en Melancolía de Lars von Trier o en Piratas del Caribe... ¡eligió disfrazarse de bucanero y ponerse a las órdenes de Marshall! ¡Pudiendo elegir entre un tipo casi genial –el autor de Europa, de Cinco obstrucciones, de El jefe de todo esto y de tantas películas extraordinarias– o un director más o menos aseado de películas de entretenimiento, prefirió a este! ¡Qué error, qué inmenso error! Y por cierto que no recuerdo que ninguno de nuestros críticos la aleccionase, ni tratase de convencerla de que reconsiderase tan equivocada decisión.
Supongo que la Walt Disney pagaría por sus servicios un estipendio mayor que Zentropa, pero Von Trier le hubiera enseñado mucho cine a Pe y le hubiera garantizado la inmortalidad de las obras de arte. En vez de ser ella, es Charlotte Gainsbourg quien, con dos películas de Lars von Trier ya en su historial, ha ingresado en el Olimpo... Me temo que aquí Charlotte ha demostrado más inteligencia que Pe.


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