Las criselefantinas de la Casa Lis

29 / 02 / 2012 13:38 Ignacio Vidal- Folch
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Cuando se extingan los elefantes, contemplar las figuritas de marfil del Art Déco será una experiencia singular.

Con mucho gusto visité, semanas atrás, en el Museo de Art Nouveau y Art Déco Casa Lis de Salamanca, que es un museo relativamente pequeño en cuanto a espacio pero muy funcional, y el mejor que hay en España sobre el modernismo, una exposición sobre los ballets rusos. Me llamaron especialmente la atención unas raras esculturas de reducido tamaño, como para colocar sobre un mueble, que representan a bailarinas en posturas de difícil equilibrio, a Pierrots cortejando a Colombinas, a muchachas enmascaradas para un baile de disfraces... Son piezas de gran finura, en una estética refinada y preciosista. A estas esculturas se las llama criselefantinas, porque uno de los materiales de los que están hechas es el marfil, procedente por supuesto de los colmillos de elefante. Y ese museo alberga la mayor colección de criselefantinas de Europa, 121 piezas. Creo que en Rusia las hay más numerosas e importantes, porque los aristócratas zaristas las apreciaban mucho. Ignoro si las de la Casa Lis las tienen permanentemente expuestas, pero creo que es uno de los morceaux de bravure de sus fondos.

El marfil fue un material muy escaso y costoso hasta avanzado el siglo XIX, precisamente hasta el momento en que el rey Leopoldo II de Bélgica empezó a explotar a fondo su nueva finca, propiedad personal, que era el Congo belga. Como es notorio por los libros de historia recientemente publicados, y como también explica El sueño del Celta, la última novela de Vargas Llosa, el dominio belga sobre el Congo fue una barbaridad del colonialismo, un infierno en la tierra para los indígenas, tratados peor que como esclavos. A partir de que se empezaron a cazar los elefantes en Congo y el marfil empezó a afluir en grandes cantidades al Viejo Continente, se desarrolló en París la artesanía, o el curioso arte de las criselefantinas, con maestros como el rumano Chiparus o el alemán Preiss. En la Belle Époque, en ese prolongado periodo de paz que va desde la guerra francoprusiana de 1870 hasta la Primera Guerra Mundial, también después de esa guerra, en los años 20 y 30, las familias pudientes tenían sobre la chimenea o en algún otro lugar destacado del salón una criselefantina: una delgada bailarina de marfil, vestida con ropajes de bronce, posada sobre una peana de mármol o de ónice verde.

Esta moda terminó con la Segunda Guerra Mundial, a partir de la cual se impondrían otros gustos estéticos, otras técnicas y otros soportes. El preciosismo de aquellos materiales quedó desfasado en la nueva época, más nerviosa, pragmática y funcional. Es pues el de la criselefantina un arte cerrado, fijado en un periodo de tiempo determinado, o un callejón sin salida, como ciertos animales que prosperan hasta que una causa inesperada los depreda y extermina, como el pájaro dodo, que se extinguió a finales del siglo XVII. Ahora, los elefantes africanos están siendo extinguidos por los cazadores furtivos, que venden el marfil en Asia, donde se usa en la industria farmacéutica, según he leído. Cuando el proceso llegue a su fin será una experiencia aún más singular y extraña contemplar la magnífica colección de criselefantinas de la Casa Lis.

COMENTARIOS

  • Por: Pedro Pérez Castro 01/03/2012 13:09

    Magnífico artículo.

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