La luz de Chema Alvargonzález

29 / 11 / 2011 12:05 Ignacio Vidal- Folch
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El Centro Santa Mónica, de Barcelona, dedica una retrospectiva al artista pluridisciplinar con 70 piezas de todas sus épocas.

chema alvargonzález, artista jerezano formado también en Barcelona y sobre todo en Berlín, fallecido en 2009 antes de cumplir los 50 años tras una trayectoria veloz, fulgurante, era un artista muy popular en su gremio, muy querido por sus numerosos amigos, y que empezaba a cuajar en éxito. Su terreno de expresión era híbrido, pluridisciplinar; destacaba en medios como la fotografía y el arte multimedia, le gustaba esculpir o modelar palabras aureoladas de luz de neón, o proyectarlas como haces de luz de colores sobre edificios o paredes. Ahora el Centro Santa Mónica, de Barcelona, le dedica una retrospectiva titulada, como una de sus instalaciones más conocidas, Mehr licht (“Más luz”): supuestamente estas fueron las últimas palabras que pronunció. No puedo ser neutral y distante cuando se trata de evaluar una exposición como esta.

Diré que reúne 70 piezas de todas sus épocas, entre ellas algunas fotografías celestes de ciudades suspendidas entre las nubes o flotando sobre las nubes, que eran una especie de puesta al día -al día posmoderno- del famoso cuadro de Magritte L’empire des lumières (“El imperio de las luces”): la representación de una quinta sumida en la oscuridad nocturna a plena luz del día. Están también, no podían faltar, algunas de las maletas que eran tan características suyas, que tenían un notable éxito y a las que siempre volvía: eran viejas maletas, a las que incorporaba una caja de luz con una fotografía de gran formato y tema alusivo al viaje, a los aeropuertos, a los paisajes aéreos de nubes... imágenes cuya modernidad, diafaneidad y luminosidad contrastan con el soporte, o sea, con la maleta de tela raída, de cartón o de cuero viejo.

El resultado era muy chocante y llamativo, impactaba. Tenía en su estudio unas cuantas de esas maletas, esperando a ser manipuladas, y recuerdo alguna vez haber paseado con él y verle detenerse junto a algún contenedor donde había detectado la presencia de una o dos de esas maletas viejas que desprendían una impresión bien melancólica, y que él examinaba someramente y se llevaba de vuelta a casa para sacarles tan luminoso provecho... Por esto no puedo ser imparcial, analítico y neutro, ahora cuando quiero comentar esta exposición: aunque no fuimos íntimos, fui amigo de Chema, y recuerdo paseos y conversaciones, en Berlín hace muchos años y más recientemente en Barcelona, y recuerdo bien la diversión y estímulos que extraía de su gran vitalidad, de su entusiasmo creativo, de su facilidad y desenvoltura para imaginar y para hacer. Su laboriosidad, su actitud, sus logros, eran ejemplares.

No recuerdo haberle oído nunca quejarse. Oyéndole hablar parecía que todo fuese, si no fácil, sin duda posible; le atraía la idea de tránsito, de viaje, de fluidez, de la ciudad y sus numerosas ofertas y posibilidades, y estos conceptos son la base temática de buena parte de sus obras. Escribe en el catálogo de Más luz la comisaria de la exposición, Ariadna Mas, que Alvargonzález fue “uno de los artistas más representativos de la primera generación de la globalidad tecnocultural”. Sin duda. Propiamente se puede decir de él que era “luminoso”.

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