No quieren sopa

31 / 01 / 2012 Fernando Savater
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¡Gracias!

Ahora que gracias a Internet todo el mundo puede hacer público lo que escribe, pinta, filma o canta ha quedado claro que los creadores dignos de atención son muy poquitos.

A todas las pavorosas tragedias que desconsuelan nuestras vidas –atentados terroristas, desastres navales, persistentes hambrunas, fanatismos religiosos, crisis económica, etcétera– se une ahora otra: Wikipedia apaga su página. Eso sí, solo por un día: en esta ocasión el mal no dura cien años sino solo 24 horas. La devastadora decisión ha sido tomada como protesta contra la SOPA y la PIPA, que a pesar de sus nombres risueños para oídos hispánicos son las siglas de dos proyectos de ley que estudian comités del Congreso y del Senado de Estados Unidos dirigidas contra la piratería en Internet y a favor de la protección de la propiedad intelectual.

Por supuesto la reacción de Wikipedia no es un gesto aislado y ha sido acompañado con más o menos ahínco por Google, Yahoo, Linkedin y otras compañías de Internet. Hablan de censura, de inquisición, de impedir la innovación y la creatividad en Internet, etcétera. Algunos hasta buscan un paralelismo con procedimientos totalitarios como los del Gobierno chino o iraní. Incluso la Casa Blanca ha emitido un comunicado afirmando que no apoyará leyes que vayan contra la libertad de expresión, etcétera. En una palabra, una sublevación en toda regla, pero a la americana, semejante a la que en España, en tono algo más cutre, se arriscó contra la ley Sinde.

No conozco los detalles de la SOPA y la PIPA, de modo que no puedo señalar sus defectos y sus aciertos, pero en cambio gran parte de lo que braman sus adversarios me suena a música conocida. Por supuesto, ellos defienden la libertad de expresión, tan amenazada en este caso como la de los pederastas que intercambian material pornográfico en la Red. Del mismo modo los rateros que sustraen artículos en los almacenes podrían considerar que los escáneres que les delatan a la puerta del establecimiento son equivalentes de la Santa Inquisición... Otros claman que con estas leyes se coarta la creatividad de la Red y solo se beneficia con ellas a una pequeña minoría. Pero es que precisamente quienes crean y aportan contenidos a la Red son una minoría, saqueada por quienes no saben crear pero sí robar lo creado. Ahora que gracias a Internet todo el mundo puede hacer público lo que escribe, pinta, filma o canta ha quedado bien claro que los creadores dignos de atención y que hacen disfrutar son muy poquitos... y además se les castiga si quieren rentabilizar su trabajo. El colmo: se dice que la legislación perjudicará la innovación en la Red, como si fuesen los piratas quienes la impulsan. En realidad los innovadores defienden más que nadie sus logros contra los imitadores, a veces incluso con exceso de celo: no hay más que ver las opiniones de Steve Jobs sobre Android, por ejemplo.

El gran premio del despiste se lo llevan las almas bellas que predican la cooperación gratuita y denuncian la avidez comercial de los autores. Porque la piratería no solo es una inmoralidad sino también un negocio. Los promotores de SeriesYonkis, uno de los portales de descargas ilegales más acreditados en España, acaban de vender su parte en la empresa por millones de euros. Empezaron con 17 años y se van con 23 sin haber aportado a la sociedad nada más que una nueva forma de expolio ilícito. Pero se han hecho ricos, los angelitos. A ellos tampoco les gustará la SOPA, claro, como a Mafalda. Mi consejo a los legisladores: si no quieren taza, ojalá les den taza y media.

COMENTARIOS

  • Por: jorge 26/03/2012 5:21

    Concuerdo plenamente con Savater. Detrás de todo este asunto está el problema fundamental del derecho del individuo a crear y a ser dueño de su creación. Es un derecho inherente y base del sistema capitalista, que tanto parece gustarle a Javier. Y ojo, que los que verdaderamente salen beneficiados con la copia ilegal e indiscriminada son los que con verdadero espíritu capitalista y depredador ponen a disposición de los usuarios material ajeno cobrando millonarias sumas por publicidad y otros conceptos (vease Megaupload). Creemos ser muy cool pirateando y no nos damos cuenta que nos están utilizando y ganando a costa de nosotros como si fuéramos también mercancía.

  • Por: Javier 09/02/2012 21:56

    Los copistas de los scriptoria debieron sentirse igual de ultrajados con la aparición de la imprenta, que acabó con el arte de la caligrafía. Incluso en Platón parecen sentirse los ecos de un desprecio por la escritura, que acabó con el arte de la memoria. Aquí no está en debate la propiedad de las ideas (concepto que, usted lo sabe mejor que nadie, señor Savater, ha dado quebraderos de cabeza a todos los filósofos) sino que lo que está en tela de juicio es el valor de las copias. Con la aparición del ordenador doméstico e internet la copia de información se ha devaluado. Cualquiera es capaz de copiar por sus propios medios de forma masiva, por lo que sobra la figura del distribuidor. Intentar mantener esa figura a toda costa es lo que ha llevado a la industria cultural a su actual crisis. Y mientras mantenga esa postura, estará en guerra con sus propios clientes por querer hacerles pagar más por algo que puede conseguir por menos (lo que cuesta un ordenador y banda ancha, que no gratis). Eso no es piratería, es la ley de la oferta y la demanda. Capitalismo en estado puro. ¿No quieren caldo? Dos tazas.

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