Juego limpio, juego sucio

13 / 11 / 2009 0:00 Faustino F. Álvarez
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La GUERRA DE LAS televisiones por el fútbol refleja un fenómeno de fondo, que es la fragmentación de las audiencias debido a una mayor oferta.

Acostumbrados a los tiempos del monopolio de Televisión Española, el hecho de poder acceder a cientos de cadenas ha sido revolucionario. Ya han quedado atrás los tiempos de los doce o quince millones de telespectadores para un espectáculo deportivo o para una serie de éxito. Ahora hay que conformarse con mucho menos. Pero las televisiones privadas y las autonómicas han copiado muchos de los defectos de los tiempos de la televisión única y se han convertido en corporaciones mastodónticas, a veces con escaso margen de maniobra. Todo indica que ha llegado la hora de las fusiones y del buen entendimiento entre rivales.

Porque una cosa es luchar legítimamente por las audiencias y otra hacerlo a costa de juego sucio, de contraprogramación o de disparar contra todo lo que se mueve en la pantalla rival. Por lo demás, la aprobación de la TDT de pago ha dividido aún más al sector individual. Todo parece indicar que el Gobierno tiene sus preferencias, y que los amigos de ayer son los enemigos de hoy aun perteneciendo Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero a un mismo partido político. Aquello de McLuhan (“el medio es el mensaje”) ha vuelto a primer plano de la actualidad, con el añadido de que el medio, que actúa bajo régimen de concesión administrativa, tiene un único dueño a quien, desde la pantalla, deben rendir cuentas: los gestores.

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