En la mejor escuela
El rey es el mejor profesor para su heredero mediante la pedagogía del ejemplo. El Príncipe de Asturias también debe aprender de los errores de don Juan Carlos o del análisis de las decisiones discutibles.
Cuando el monarca accedió al trono tras la larga noche de piedra del franquismo, tuvo que inventar, siguiendo los consejos de su padre, la monarquía de todos. Fueron tiempos duros, contra viento y marea, salvando muchos recelos y ganándose la complicidad de los españoles y el prestigio de la Corona. Aquella página en blanco ha sido escrita con cautela y lucidez a lo largo de más de casi cuatro décadas, y el heredero, cuando llegue la hora del relevo, se encontrará con una España muy distinta a la que salía de la dictadura.
Don Felipe de Borbón es un español con una excelente formación académica, conocedor de la realidad social, económica y cultural del mundo en el que vive y que ha aprendido a escuchar y a interesarse por problemas muy variados. Su agenda se ha ido intensificando gradualmente, y ha experimentado un acelerón en los últimos meses.
Los viajes al extranjero, y especialmente a Iberoamérica, representando a la Corona en la toma de posesión de numerosos dirigentes o acudiendo a distintos foros y conmemoraciones, han ido más allá de lo estrictamente protocolario, y cada visita es una oportunidad para profundizar en la realidad de los países hermanos.
Cada día es más notable la complicidad entre el hijo y el padre, y don Juan Carlos está propiciando que la sucesión sea algo natural y fluido, sin traumas ni incertidumbres. Está abierto el debate sobre si los españoles son más juancarlistas que monárquicos, y es algo que Don Felipe debe resolver ganándose a pulso ante la sociedad lo que la Historia le propicia.


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