Carga y descarga
La justicia es igual para todos, nos recordó el suegro desde su posición inviolable. Y lleva razón, Consejo de Ministros mediante.
La Justicia es igual, oímos, y un corifeo desplegable alabó que reconociera que los yernos rubios pueden ser condenados y expulsados del paraíso y transportados al infierno, si lugar hubiera. Cazada la piel del duque por tan real rifle todo es ya una orgía de dar por hecho y solo nos falta la sentencia popular para ponerle una pulsera de vigilancia a la Monarquía.
Pero si la Justicia es igual, lo es en su vertiente de carga, esa que todos entendimos, pero también en la de descarga. Las mismas obligaciones -aún si llevas en brazos a los tataranietos de un Alfonso- pero también los mismos derechos de defensa, de presunción de inocencia y a obtener la tutela judicial efectiva, incluyendo que no se conozcan los datos de un sumario declarado secreto. La sangre azul no sustrae de la acción del Derecho Penal pero en esta España ser noble o ministro o tal vez muy rico, está empezando a ser sinónimo de ser de peor condición y ya ni siquiera se espolvorean unos presuntos aquí y allí cuando se informa o se pregona o se mercadea con los casos.
Eso lo hacen los mismos a los que a veces se les ha llegado a leer “presunto cadáver” en un caso de asesinato vulgarmente mediatizado, por reducción al absurdo, para evitar una querella. Y la Justicia es igual también para jueces y fiscales. Esos que saben que mientras hacen de procesalistas e instruyen en secreto a voces y a portadas están causando indefensión a las personas a las que aún no han imputado. Los que ni siquiera investigan las filtraciones de esos documentos que han debido salir de algún sitio y de alguna persona con responsabilidad penal por ello. Denme Justicia para todos y luego déjenla que actúe.


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