La mona azul
Procedente del Gabón, se trataba de una hembra, tesoro del zoo, en alborotado celo. A un tal Demetrio, conocido por su ardor viril y volcánico y casado con mujer seca, se le propuso cubrirla.
lo cuentan por ahí. En un precioso parque zoológico vivía un magnífico ejemplar de mono azul del Gabón, en trance de extinción. Se trataba de una hembra. La característica más acusada de las monas azules del Gabón es su necesidad de ser cubiertas cuando les alcanza el celo, lo que sucede con frecuencia, porque son monas ardientes y amorosas. Pero en el parque no había macho de la especie, y ante la realidad del celo de la hembra, tesoro del zoo, hubo que adoptar medidas improvisadas. Se dice que una mona azul del Gabón no sobrevive a tres noches de celo si no es amada convenientemente.
El delegado del Gobierno, informado por la Guardia Civil, adoptó una decisión arriesgada. No lejos del zoo, vivía Demetrio Fangás, ganadero de vacas de leche, varón volcánico y marido de una mujer de crecientes sequedades. El delegado citó a don Demetrio en su despacho y se lo planteó con sincera contundencia.
“Don Demetrio, conocemos su ardor viril. Y le felicitamos por ello. Lo hemos elegido para prestar un gran servicio a la sociedad. Como usted sabe, tenemos en el parque una mona azul del Gabón que necesita ser cubierta inmediatamente. Son 4.000 euros. Si usted está dispuesto a hacerlo, haganoslo saber de inmediato, porque no se puede esperar más”.
Don Demetrio reflexionó durante unos instantes y puso sus condiciones:
“Señor delegado. Acepto con tres condiciones. La primera, que se me garantice que no estoy obligado a besar a la mona. La segunda, que nadie, absolutamente nadie, excepto usted y yo, se entere de mi colaboración masculina con la mona azul del Gabón. Y la tercera, que me permita pagar esos 4.000 euros en cómodos plazos, porque ahora estoy fatal de liquidez”.
Así me lo contaron. Cosas más raras suceden y nadie les pone peros ni tiquismiquis.


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