Dativo

24 / 01 / 2012 Alfonso Ussía
  • Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

El duque se lanzó al mar y ahí se encontró a Dativo a bordo de un pequeño piraucho de goma, que hacía de bote salvavidas.

Woodehouse calificaría a dativo como “náufrago con escaso sentido feudal”. Dativo era el mayordomo del padre de un gran amigo mío, ilustre abogado y, al final de su vida, duque consorte. Viene a cuento lo que escribo por el naufragio del Costa Concordia, aunque el de mi relato sea un naufragio divertido, y no trágico.

Navegaban en el barco, desde Mallorca a Ibiza, el duque consorte, la duquesa y Dativo, que hacía las veces de marinero cuando la necesidad se terciaba.

En el tramo final de la travesía, con Ibiza a cinco millas, el barco se incendió. En tres minutos ardió por completo y se hundió. El duque buscó afanosamente a su mujer para salvarla, pero no pudo hallarla. Se lanzó al mar y ahí se encontró a Dativo a bordo de un pequeño piraucho de goma, que hacía de bote salvavidas. El duque en el agua y Dativo, sentado y muy digno, en el piraucho.

El duque era hombre impaciente, y su edad no le permitía excesivas angustias. Al apercibirse, después de diez minutos en el agua, con los primeros síntomas de congelación, de que Dativo no tenía intención alguna de cederle el espacio salvador del piraucho, adoptó la decisión de ordenarle el desalojo del botecillo salvavidas con el fin de ocupar su sitio. “Dativo”; “Dígame, señor duque”; “Tírese al agua y déjeme su lugar en el piraucho”; “Me niego en redondo, señor duque”; “¿Qué es eso de que se niega en redondo?”; “Es que me niego en redondo. En un naufragio, ni duque ni leches”.

Tres horas más tarde, Dativo a bordo del piraucho y el duque agotado agarrado a su popa, alcanzaron la costa de Ibiza. Dativo llegó como una rosa y el duque ingresó en la UVI de un hospital. Ahí permaneció más de diez días, reponiéndose del frío y la angustia. La duquesa, a la que se daba por muerta, alcanzó la costa nadando con toda agilidad. No le había contado al duque que, de joven, fue una gran nadadora de fondo.

Eso sí, y hay que comprenderlo, Dativo perdió la confianza de su patrón y fue generosamente indemnizado a cambio de su dimisión irrevocable. Aquel “en un naufragio, ni duque ni leches” fue el motivo del despido. Dativo, el mayordomo con escaso espíritu feudal.

COMENTARIOS

No hay comentarios

ENVIA TU COMENTARIO

  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Grupo Zeta Nexica