Un extraño debate

08 / 07 / 2011 Alfonso Guerra
  • Valoración
  • Actualmente 3.5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 3.5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

Nunca fue tan claro el triunfo de Zapatero sobre Rajoy como en el Debate sobre el estado de la nación a pesar de que los sondeos posteriores digan lo contrario.

Hace solo unos días, en el Congreso de los Diputados, se substanció el debate acerca de la situación del país (Debate del estado de la nación se le denomina). Dado que el actual presidente del Gobierno había anunciado con anterioridad que no sería candidato en las elecciones próximas, todos eran conscientes de que se trataba del último Debate del estado de la nación que protagonizaría RodríguezZapatero. Estas circunstancias le daban al debate un carácter de despedida que el presidente no solo no eludió sino que lo enfatizó en sus intervenciones. Por otra parte, la consideración de la gestión que tiene hoy la opinión pública acerca del presidente del Gobierno, la pérdida de confianza que ha sufrido, sobre todo a partir de la agudización española de la crisis económica internacional, podría hacer pensar que esta sería la gran ocasión para que el aspirante señor Rajoy pudiese lucir sus habilidades parlamentarias y sobre todo para que expusiera su programa de actuación para el caso de que tuviera responsabilidad de gobierno en el futuro, que atrajera la atención primero y los apoyos necesarios después.

El presidente del Gobierno hizo una fría exposición de la situación económica enumerando y valorando las diversas decisiones adoptadas por el Gobierno para resolver o paliar la crisis. Llegó el turno del aspirante a un futuro gobierno. No cubrió ni mínimamente las expectativas. Con su tradicional estilo faltón y despreciativo repitió las acusaciones habituales rematándolas insistentemente con una petición o exigencia de elecciones anticipadas. Todo el proyecto que ofrecía era la necesidad –según su criterio- de elecciones ya.

En la réplica del presidente bastó una sencilla pregunta para que el aspirante quedase visiblemente desarbolado: “Usted pide elecciones, vale, y además, ¿qué? ¿Qué otra cosa les va a decir a los españoles?”. Nada, no hubo forma de que el señor Rajoy saliera de su inane actitud de no sabe, no contesta.

En las mismas fechas una delegación del Fondo Monetario Internacional (FMI) visitaba España. Tuvieron algunos encuentros con los responsables económicos del Gobierno para aquilatar la viabilidad de las reformas emprendidas con el objetivo de combatir y resolver la crisis económica. Terminadas las sesiones quisieron conocer también la posición del primer partido de la oposición, aspirante a gobernar. Se entrevistaron con el responsable económico del Partido Popular. Los representantes del FMI le demandaron acerca de la posición que mantendrían respecto de las reformas y la crisis si tuvieran ocasión de gobernar.

La respuesta del portavoz del PP les dejó atónitos. El político conservador les espetó: “No se lo voy a decir”. Tras la sorpresa, los del FMI quisieron conocer la razón por la que les negaba la información sobre sus posiciones. El interlocutor, con una sonrisa vacía, les dijo: “Les hemos dado una paliza sin enseñar nuestras cartas, no las vamos a mostrar ahora que se avecinan las elecciones fundamentales”. Aún les durará la sorpresa; sería jocoso –y trágico- conocer cómo han informado a sus superiores sobre la fiabilidad de los conservadores que pretenden gobernar en España.

Volvamos al debate del estado de la nación. El vacío político e intelectual del señor Rajoy fue tan patente que RodríguezZapatero –habiendo llegado al debate muy erosionado- le ganó el debate con claridad, lo que da idea de la cualificación del aspirante Rajoy. Luego volveré a comentar la percepción que tienen los encuestados acerca de quién merece la mejor consideración en el debate.

Hubo en el debate otras dos intervenciones que merecen algún comentario. La del portavoz de Convergencia i Unió, Duran iLleida, ácida, amarga, cargada de un incomprensible resentimiento y plagada de guiños cómplices al PP, como preparando un entendimiento futuro.

La segunda intervención que merece ser destacada fue la del nacionalista Erkoreka, del Partido Nacionalista Vasco. Con sencillez y sinceridad expuso la realidad política creada por la crisis económica en los países europeos. Advirtió sobre la estrategia del Partido Popular que él alineó con la derecha portuguesa: niega el apoyo a las medidas restrictivas del Gobierno socialista para, en el caso de que gobierne (en Portugal ya es una realidad), aplicar las mismas medidas aún algo más restrictivas. Conclusión meridiana que hizo el orador: “Ustedes no están interesados en la crisis, solo en el asalto al poder”.

En el debate unos se posicionaron a favor de las limitaciones económicas y otros en contra. Pero se orilló el asunto capital: la organización actual del capitalismo (neoliberalismo, globalización, financiarización) ha desencadenado una guerra cruenta, no de unos pueblos contra otros, sino de la economía contra los pueblos. Los grandes grupos financieros han organizado la economía del mundo en su propio beneficio sin tomar en consideración los intereses y las necesidades de los pueblos. Los Estados se ven presionados por unas agencias de calificación que pueden arruinar un país mientras ellas mismas invierten en él obteniendo grandes fortunas a costa de la pérdida de bienestar de millones de personas. Este capitalismo debe morir antes de que mate a la mayoría de los pueblos del mundo, acosados por la codicia de unos pocos.

“Creo que las instituciones financieras son más peligrosas para nuestras libertades que los ejércitos preparados para el combate”. Estas duras palabras resumen con precisión la evolución del capitalismo en nuestro siglo. No pertenecen a un radical contrario al sistema democrático occidental. Fueron pronunciadas por ThomasJefferson, tercer presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. Su lucidez alcanza a nuestro tiempo.

Retomando el análisis del Debate del estado de la nación, sorprende el resultado de los sondeos publicados en los que se pregunta quién fue el vencedor del debate. Sabemos que algunos maquillan los resultados de las encuestas, incluso que las inventan, pero no todos actúan tan indecorosamente, sino que encargan a institutos solventes su realización. Parece que estos sondeos dan la victoria en el debate al señor Rajoy. Cualquier observador imparcial que estuviese presente sabe que las cosas sucedieron de otro modo. ¿Cómo explicar un resultado tan sorprendente de los sondeos? Con bastante probabilidad los encuestados han respondido con el prejuicio muy extendido en este momento de que quien tiene más posibilidades de triunfar en las elecciones es el PP y han querido situarse en la ola del caballo ganador. Es decir, que la opinión pública creada con anterioridad y al margen del debate ha funcionado como una pregunta con respuesta inducida. Es la explicación posible a una contradicción tan evidente y palmaria. Nunca fue tan claro el triunfo de RodríguezZapatero sobre un Rajoy escondido tras la concha de un apuntador mudo. Un avance de la frustración que se adivina ante la eventualidad de una responsabilidad presidencial en el aspirante a gobernar. Una razón más, y esta suficientemente valiosa, para ganar las elecciones próximas a los conservadores.

COMENTARIOS

No hay comentarios

ENVIA TU COMENTARIO

  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Grupo Zeta Nexica