Reflexión y autocrítica

14 / 06 / 2011 Alfonso Guerra
  • Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

Tras la derrota del 22 de mayo, el PSOE debe hacer un análisis crítico sobre por qué ha ocurrido, qué se ha hecho mal o qué no se ha sabido comprender.

Las recientes elecciones municipales y autonómicas han dado unos resultados no por esperados menos llamativos. El dato más relevante es la pérdida de un millón y medio de votos del PSOE respecto de las elecciones municipales de cuatro años antes, lo que supone una reducción electoral grave. Por contra, el Partido Popular ha ascendido en medio millón en número de votantes, lo que sin ser un gran incremento en relación con la pérdida de los socialistas, le proporciona una percepción de gran triunfo.

La reacción de los partidos no ha sido muy juiciosa. El PSOE ha insistido en la necesidad de la reflexión a la vista de lo ocurrido; un proceso de reflexión es siempre muy conveniente en este mundo en el que pocos se detienen a pensar, presos de un activismo casi mecánico, pero no parece suficiente después de una derrota. Más valdría comenzar por un análisis crítico de por qué ha sucedido así, qué se ha hecho mal, qué no se ha sabido comprender para que tantos electores abandonen unas siglas con las que se han identificado durante años. Los dirigentes del PP han reaccionado con una soberbia que augura un futuro plagado de consecuencias negativas. Su dirigente máximo ha condescendido a dar una rueda de prensa -¡la primera del año!- en la que ha anunciado que no descarta que algún presidente autonómico recién elegido ocupe una cartera ministerial de su gobierno. ¿Pero de qué gobierno habla? Aún no han digerido que los comicios elegían concejales y diputados autonómicos. Han aprovechado el clima favorable a los conservadores y negativo para los socialistas para lanzar sobre estos toda clase de acusaciones sin pruebas que las fundamenten. Sabíamos que la derecha española aún no había aprendido a perder en las urnas –recuérdese la puesta en crisis de las elecciones de 1989-, ahora constatamos que tampoco sabe ganar.

En todo caso, es al PSOE al que corresponde el análisis autocrítico que pueda ofrecer una explicación lógica de la evolución del voto en las últimas elecciones.

La responsabilidad de la derrota se atribuye a la crisis económica, que hace que los votantes castiguen a los gobiernos por su malestar ante las políticas de austeridad presupuestarias que, de una forma u otra, acaban afectando al bienestar de las personas. No parece baladí la respuesta, pero no es suficiente. Alguna relación tendrá con la manera en que se ha administrado una crisis que sin duda llegó de fuera pero que una vez presentada contó con una gestión interior que parece no haber gustado a los electores socialistas. Y es que una cosa es verse obligado a realizar algunos recortes ante el anuncio de postergación de nuestra economía por el ataque de los llamados mercados, y otra muy diferente es exponer los recortes como una política propia del socialismo.

una de las más graves consecuencias del pensamiento posmoderno que da cabida a todo es que las ideologías históricas se han lanzado a proclamar como señas propias de identidad cualquier eslogan que el marketing extienda, un día “bajar impuestos es de izquierdas”, otro “los recortes es la mejor política socialista”, y así hasta crear una confusión en el electorado progresista que acaba por dejar de prestar su apoyo, pasando a formar parte de los numerosos abstencionistas o dando el “impensable” paso de cambiar la orientación del voto hacia la derecha española, aún no liberada de sus fantasmas históricos.

Parece difícil rebatir que el clima general creado por la gestión gubernamental de la crisis ha tenido un efecto demoledor sobre los responsables socialistas municipales y autonómicos, en algunos casos con una brillante gestión que exhibir, pero que no les ha valido ante el rechazo de algunas políticas poco vinculadas a lo realizado por los gestores municipales y autonómicos.

Algunos argumentarán que sus obras no han podido traspasar el muro mediático siempre favorable a la derecha. Ello es cierto, pero no lo explica todo. Es verdad que algunos candidatos del Partido Popular han contado con vehículos de propaganda continua; en algún caso testado, un candidato municipal contó con un reportaje diario durante cuatro años en un periódico local, 1.460 reportajes favorables en la legislatura, acompañados de 1.460 críticas al alcalde socialista. Sin duda la lluvia fina (o gruesa) cala.

Hay quien podrá objetar que sacar a colación algunos medios como favorecedores de la derrota es como querer matar al mensajero. Este es un viejo talismán que usan en todas las circunstancias los malos periodistas que no aceptan críticas a su gestión, porque a veces el problema está en que en algunos casos el que mata es el mensajero, cuando mata la verdad. Para hacerme entender, un reciente ejemplo: en Alemania la ministra de Hamburgo acusa a las hortalizas españolas de ser causantes de la muerte de varias personas por la bacteria E. coli. Más tarde, las autoridades alemanas rectifican. Tres periódicos, tres, ABC, El Mundo y La Razón, editorializan culpando de la crisis creada ¡al Gobierno de España! y a su vicepresidente (¿por ser el candidato en las próximas elecciones?). ¿Criticar esos editoriales es matar al mensajero? No, es procesar a los que matan la verdad.

Pero recuperemos el asunto. Precisamente el argumento fuerte es que no se puede culpar al sectarismo de algunos medios de la caída electoral, aunque algún efecto sí que ha tenido.

La izquierda debe asumir que en su combate con la derecha algunas ventajas tiene esta, y debe organizar su campaña con el conocimiento y la asunción de la realidad, guste o no, sea justo o no.

la aparición de algún caso de aprovechamiento de un cargo público para su enriquecimiento personal, en algún dirigente de la izquierda, cuenta con un castigo de su electorado sin remisión. Es lo justo. Pero no sucede lo mismo en el tratamiento que el electorado conservador dispensa a los que se corrompen en el ejercicio de sus funciones cuando estos pertenecen a organizaciones de derecha. Los ejemplos de Baleares y la Comunidad Valenciana son especialmente llamativos. En Baleares, del anterior Gobierno casi no queda consejero por procesar por corrupción. Han pasado por la cárcel o el juzgado nueve consejeros y el presidente Jaume Matas. Podría hacer pensar esta circunstancia que, por salubridad moral, su electorado les castigaría. Pues no, aumenta el número de los que “confían” en un partido que se ha mostrado como una asociación de hampones. Lo mismo podría decirse de los dirigentes valencianos del Partido Popular.

La lección que debe extraer la izquierda es que tan injusto y poco ético comportamiento electoral no puede servir de excusa ante el abandono de los electores de la opción progresista. Los ciudadanos votan libremente y pueden hacerlo a quien gestiona mejor y a quien no lo hace así. Corresponde a cada partido político encontrar y desarrollar una estrategia política que provoque empatía entre sus posibles votantes. La derecha sabe darle a su electorado lo que este le pide, aunque a veces niegue su propia condición democrática, como cuando apoya una política xenófoba, en esta ocasión en Cataluña.

La izquierda, por el contrario, no atiende con la fuerza necesaria lo que está pidiendo su electorado y se enreda, en ocasiones, en argumentos más propios de otras fuentes ideológicas.

Una de las conclusiones que se pueden obtener es que la izquierda debe mantener una coherencia respecto de sus políticas sin dejarse llevar por los empujones ideológicos que de aquí y de allá pretenden que el pensamiento progresista sea sustituido por la capacidad gerencial de un capitalismo que cada día se interesa menos por la solución de los problemas de las personas, embriagados sus dirigentes en una escalada de beneficios financieros que pueden llegar a poner en peligro el sistema democrático universal.

COMENTARIOS

No hay comentarios

ENVIA TU COMENTARIO

  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Grupo Zeta Nexica