¿Peligra Europa?
De no aplicar alguna alternativa que anime la economía y dé empleo a las jóvenes generaciones, el proyecto europeo puede estar en peligro de fracasar.
la grave crisis financiera y económica que sufre Europa está llevando a muchos a preguntarse si el proyecto europeo puede mantenerse, si no llevarían razón los euroescépticos a la vista del desastre económico que se vive y de que sigan en la oscuridad las alternativas para superar la crisis.
Un historiador inglés progresista, Taylor, se sorprendía de la profunda preocupación ante una crisis bastante semejante a la actual, la de los primeros años de la década de los 70: “He esperado el colapso del capitalismo durante toda mi vida. Pero ahora que llega me siento bastante molesto. No hay futuro para este país. Es imposible pensar lo cerca que estamos de la catástrofe”.
Esta es la sensación que viven las personas de izquierda hoy en Europa. La buena noticia es que, 40 años después, su país, como los demás, no se ha derruido, aunque sigue con las mismas incertidumbres de futuro.
La pregunta que se hacen algunos, aprovechando las enormes dificultades que aparecen, es si merece la pena continuar con el proyecto de la Unión Europea. Unos, del norte de Europa, porque consideran que no tienen por qué pagar la factura de las políticas poco serias de otros países; otros, de los países periféricos de Europa, porque, visto el resultado de una severa crisis que les reduce su bienestar, piensan que tal vez la entrada en el euro les ha perjudicado gravemente.
A mi modesto entender ambas posiciones son equivocadas. La unión monetaria ha producido grandes beneficios a los países exportadores del centro y norte de Europa; y los países periféricos se han beneficiado de grandes sumas de recursos para transformarse con los fondos estructurales y de cohesión. Entonces, ¿cuál es el problema? El problema es que se ha aplicado en los últimos años una política equivocada, tanto por las autoridades europeas como por los Gobiernos de los Estados que la componen.
Cuando poco después de finalizar la Segunda Guerra Mundial Robert Schuman anunciaba la creación de una Comunidad Europea (del Carbón y el Acero) entre Francia y Alemania, los eternos enemigos cuyos enfrentamientos habían provocado setenta millones de muertos en la primera mitad del siglo XX, estaba dando a conocer un proyecto que cambiaría la historia de Europa y el mundo.
Se trataba de un cambio profundo y transcendental, se pasaba del lenguaje de los cañones al diálogo de precios y cantidades de producción y comercio. Estaban transformando el mundo europeo, pero no podían soñar que 50 años después 27 Estados conformarían la Unión Europea, que habría un espacio de moneda única y que no habría fronteras que separasen a los ciudadanos de los países de Europa.
la unión europea es, por lo tanto, una historia de éxito y de progreso. Pero justamente medio siglo después de aquellos comienzos, Europa, sus instituciones comunitarias y los gobernantes de sus países procedieron a tomar decisiones equivocadas, o más bien a no tomar decisiones ante los graves problemas que se presentaban. Los jefes de Estado y de Gobierno tenían ante sí dos estrategias posibles: profundizar en la unión política con los países miembros o extender la Unión a cuantos países expresaran su deseo de ser miembros. Tomaron las dos a un tiempo, lo que ha provocado bastantes problemas.
La profundización supuso la creación del euro, moneda única para un grupo de países, y el acuerdo del espacio Schengen, con la desaparición de fronteras. El Tratado de Maas-tricht fue un gran paso adelante en la unidad de Europa, pero todos eran conscientes de que conseguir la unidad monetaria sin armonización fiscal provocaría disfunciones graves.
La extensión o ampliación alcanzó hasta 27 países, incluyendo algunos de la vieja Europa del Este que salían de la pesadilla comunista y pugnaban por la prosperidad y el consumismo.
Cuando parecía que Europa tomaba la senda histórica de la unidad política estalló la crisis financiera en los Estados Unidos de Norteamérica, sus consecuencias rebotaron en Europa desvelando algunas verdades ocultas o no suficientemente conocidas: la inconsistencia de las economías de algunos países (Grecia, Irlanda, Portugal); la debilidad de muchos bancos europeos, carentes de capital e inundados de deudas; y la parálisis de Europa por los interminables procedimientos para atajar los problemas. A día de hoy aún no se ha ejecutado el acuerdo tomado por los jefes de Estado y de Gobierno el 21 de julio para detener la situación de emergencia de Grecia.
la crisis ha generado un freno al crecimiento económico y un incremento importante del desempleo. A esta grave situación responden las autoridades comunitarias, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo con una estrategia de austeridad, reducción de gastos y control del déficit. Casi todos los que conocen la ciencia (¿económica?) afirman que este es el camino para salir de la crisis, para lograr el crecimiento de la economía y la reducción el paro.
Pero el sentido común apunta a otra alternativa, que es apoyada por algunos, pocos, expertos: lo que se necesita es ayudar a la economía con un impulso de gasto gubernamental en todos los países. A esta estrategia responde el plan de empleo del presidente Obama, aunque no tenga fácil su aplicación por la obstrucción de los republicanos.
¿Quiere esto decir que las políticas aplicadas en la Unión Europea están equivocadas? Me temo que, más allá de la humildad con que debe expresarse quien no tiene conocimientos técnicos en la materia, la dirección no es la correcta. Se repite insistentemente que de la crisis hay que salir fortalecido para asegurar el futuro. Y para ello se procede a la reducción de los profesores, responsables de la educación, es decir, del futuro.
Los expertos económicos, todo mi respeto para sus conocimientos, tal vez deberían desviar su mirada de las hojas excel de sus computadoras y acercarse a la ventana, y observar lo que está pasando en las calles, y plantearse un cambio de orientación. Porque de no aplicar alguna alternativa que anime la economía y dé empleo a las jóvenes generaciones, el proyecto europeo puede estar en peligro de fracasar.


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